Vijay Prashad.
Obra: Askhat Akhmedyarov (Kazajstán), Autumn Purge [Purga de otoño], 2012.
02 de mayo 2024.
Desde las universidades hasta los movimientos de base de todo el mundo, la juventud está luchando contra la complicidad en el genocidio del pueblo palestino por parte de Israel, levantando campamentos y enfrentándose a la represión con entereza. Esta resistencia hunde sus raíces en una larga tradición, desde el movimiento contra el apartheid en Sudáfrica hasta el Movimiento del 4 de Mayo en China.
Era inevitable que el apoyo a ultranza de los gobiernos del Norte Global al genocidio de Israel contra el pueblo palestino diera lugar a furiosas reacciones por parte de su ciudadanía. Que esta respuesta comenzara en Estados Unidos tampoco es una sorpresa, dado el ciclo continuo de protestas que, desde octubre de 2023, han impugnado el cheque en blanco del gobierno estadounidense al gobierno israelí. La financiación estadounidense de la campaña de exterminio de Israel contra el pueblo palestino incluye más de cien envíos de armas a Israel desde el 7 de octubre y miles de millones de dólares de ayuda.
Desde hace mucho tiempo, la juventud de Estados Unidos —como la de otros países del Norte Global— siente la decadencia de las promesas de su sociedad. Les espera un trabajo precario y permanente, incluso a quienes poseen títulos superiores, y se ha desarrollado en ellos un aprecio cada vez mayor por la moral debido a sus propios experimentos para convertirse en mejores seres humanos en el mundo. Las crueldades de la austeridad y de las normas patriarcales les han obligado a volverse contra sus clases dirigentes. Quieren algo mejor. La agresión contra el pueblo palestino ha provocado una ruptura. Aún está por ver hasta dónde llegará esta juventud.

La democracia se corroe cuando acciones civiles básicas como esta se enfrentan a toda la fuerza del aparato represivo del Estado. Los administradores de las universidades y las autoridades urbanas locales han enviado fuerzas policiales fuertemente armadas para utilizar todos los medios necesarios para desalojar los campamentos, reforzados por la colocación de francotiradores en los tejados de los campus de varias universidades. Las escenas de estudiantes y profesores conscientes, arrancados de sus campus, atacados con pistolas eléctricas, maltratados y detenidos por la policía antidisturbios se extienden por las redes sociales. Pero en lugar de desmoralizar a los jóvenes, estas medidas violentas no han hecho más que provocar la creación de nuevos campamentos en universidades no solo de EE. UU., sino de países tan lejanos como Australia, Canadá, Francia, Italia y el Reino Unido. Excusas como que las carpas son un peligro de incendio pueden endurecer la resolución de los administradores, pero no tienen sentido para los estudiantes, los miembros del profesorado que salieron a defenderlos, o las personas involucradas en todo el mundo. Las imágenes de esta violencia recuerdan a las fotografías de las masacres contra los estudiantes estadounidenses que protestaban contra la guerra de Vietnam y a las de cuando soltaron perros policía contra los niños negros durante el movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos.

No es la primera vez que la juventud, sobre todo la universitaria, intenta imponer claridad en un mundo plagado de concesiones. En Estados Unidos, generaciones anteriores lucharon para que sus universidades dejaran de invertir en el apartheid sudafricano y en las horribles guerras impulsadas por EE. UU. en el sudeste asiático y Centroamérica. En 1968, jóvenes de Francia a la India, de EE. UU. a Japón, estallaron en cólera contra las guerras imperialistas en Argelia, Palestina y Vietnam, con los ojos firmemente puestos en París, Tel Aviv y Washington por su cultura asesina. Su actitud fue captada por el poeta pakistaní Habib Jalib, que cantó en la Puerta Mochi de Lahore kyun darate ho zindan ki divar se [¿por qué me asustas con la puerta de la prisión?], y luego zulm ki baat ko jahl ki raat ko, main nahin manta main nahin jaanta [palabras de opresión, noche de ignorancia, me niego a reconocerlas, me niego a aceptarlas].
Ya que estamos a principios de mayo, puede ser útil recordar a los valientes jóvenes chinos que salieron a la calle el 4 de mayo de 1919 para condenar las humillaciones a las que fue sometido el pueblo chino durante la Conferencia de Paz de París (que desembocó en el Tratado de Versalles). Durante la conferencia, las potencias imperialistas decidieron entregar a Japón una gran parte de la provincia de Shandong, que Alemania había arrebatado a China en 1898. En este traspaso de poder, la juventud china vio la debilidad de la República de China, instaurada en 1911. Más de 4.000 estudiantes de 13 universidades de Pekín salieron a la calle bajo una pancarta que decía “Luchar por la soberanía en el exterior, eliminar a los traidores nacionales en el interior”. Estaban enfadados tanto con las potencias imperialistas como con su propia delegación de 60 miembros en la conferencia de París, encabezada por el ministro de Relaciones Exteriores Lu Zhengxiang. Liang Qichao, miembro de la delegación, estaba tan frustrado con el tratado que el 2 de mayo envió un boletín a China, que fue publicado y animó a los estudiantes chinos. Las protestas estudiantiles presionaron al gobierno chino para que destituyera a funcionarios pro japoneses como Cao Rulin, Zhang Zongxiang y Lu Zongyu. El 28 de junio, la delegación china en París se negó a firmar el tratado.

Las acciones de las y los estudiantes chinos fueron poderosas y de gran alcance, y su Movimiento del Cuatro de Mayo no sólo protestó contra el Tratado de Versalles, sino que desplegó una crítica más amplia a la decadencia de la cultura republicana de élite de China. Los estudiantes querían más, y su patriotismo encontró cobijo en corrientes de pensamiento de izquierda como el anarquismo, pero más profundamente en el marxismo. Solo dos años después, varios de los importantes jóvenes intelectuales que se formaron gracias a este levantamiento, como Li Dazhao, Chen Duxiu y Mao Zedong, fundaron el Partido Comunista de China en 1921. Las mujeres líderes fundaron organizaciones que incorporaron a millones de mujeres a la vida política e intelectual, convirtiéndose más tarde en elementos centrales del Partido Comunista. Por ejemplo, Cheng Junying fundó la Federación Académica de Mujeres de Pekín; Xu Zonghan estableció la Federación de Mujeres de Shanghai; Guo Longzhen, Liu Qingyang, Deng Yingchao y Zhang Ruoming crearon la Asociación de Mujeres Camaradas Patrióticas de Tianjin; y Ding Ling se convirtió en una de las principales narradoras de la zona rural china. Treinta años después del Movimiento del Cuatro de Mayo, muchos de estos hombres y mujeres consiguieron desplazar el podrido sistema político y establecer la República Popular China.
Quién sabe adónde llegarán las manifestaciones de las y los estudiantes del Norte Global de hoy. La negativa a reconocer las excusas de su clase dirigente y a aceptar sus políticas está más arraigada en su suelo que sus carpas. La policía puede detenerlos, golpearlos brutalmente y desplazar sus campamentos, pero esto solo hará que la radicalización sea más difícil de desbaratar.

En medio de la luz candente del Movimiento del Cuatro de Mayo, el poeta Zhu Ziqing (1898-1948) escribió “Luminosidad”. Sus palabras viajan desde 1919 hasta nuestros días, de una generación de estudiantes a otra:
Una noche tormentosa y lúgubre
delante hay un páramo desolado.
Caminando a través del páramo,
se encuentra el camino de la gente.
En la oscuridad, mil caminos se bifurcan,
¿cómo elijo el correcto?
“¡Dios mío, dame algo de luz rápidamente,
para que pueda seguir adelante!”
Dios responde apurado: “¿Luz?
¡No tengo dónde encontrarla para ti!
Si quieres luz,
¡tendrás que crearla por ti mismo!”
Eso es lo que está haciendo la juventud: está creando esta luz y, aunque muchos de sus mayores intenten atenuarla, el brillo de sus almas sigue iluminando la miseria de nuestro sistema —en el fondo el horror de la guerra de Israel— y la promesa de la humanidad.
*Vijay Prashad es un historiador, editor y periodista indio. Es miembro de la redacción y corresponsal en jefe de Globetrotter. Es editor en jefe de LeftWord Books y director del Instituto Tricontinental de Investigación Social. También es miembro senior no-residente del Instituto Chongyang de Estudios Financieros de la Universidad Renmin de China. Ha escrito más de 20 libros, entre ellos The Darker Nations y The Poorer Nations. Sus últimos libros son Struggle Makes Us Human: Learning from Movements for Socialism y The Withdrawal: Iraq, Libya, Afghanistan, and the Fragility of U.S. Power (con Noam Chomsky).
