DESACTIVACIÓN DE LAS BASES MILITARES ESTADOUNIDENSES EN EL GOLFO PÉRSICO. Suat Delgen.

Suat Delgen.

Ilustración: The Cradle

27 de febrero 2024.

Las armas estadounidenses están cayendo sobre Gaza, Líbano, Irak, Siria y Yemen, por lo que algunos de los principales Estados árabes que albergan bases militares estadounidenses están diciendo ahora a Washington: «No pueden lanzarlos desde aquí».


En Asia Occidental, los cimientos de la proyección de poder estadounidense residen en sus bases militares estratégicamente situadas en el Golfo Pérsico. Sin embargo, el futuro de estas instalaciones vitales parece cada vez más incierto a medida que las alianzas geopolíticas se desplazan hacia la multipolaridad, acelerada por la guerra de múltiples frentes que se desarrolla en la región.

Las consecuencias del brutal asalto militar israelí a Gaza y el apoyo incondicional de EEUU al mismo están acelerando estos cambios. Aliados tradicionales como Arabia Saudí y los EAU -anteriormente firmes en su asociación con Washington- están trazando ahora rumbos más independientes, evitando cautelosamente enredos que podrían desembocar en conflictos más amplios, en particular con Irán y sus aliados del Eje de la Resistencia.

De hecho, esta recalibración, unida a los esfuerzos concertados de los Estados del Golfo Pérsico hacia la diversificación económica más allá del petróleo, está erosionando gradualmente los sólidos cimientos de asociaciones de larga data.

La cuestión ahora es cómo afectarán estos cambios a la presencia militar estadounidense en la región y a la capacidad de los estadounidenses para operar desde sus bases establecidas.

Alcance estratégico de EEUU

En el centro de la posición del ejército estadounidense en el Golfo Pérsico se encuentra una red de Acuerdos de Cooperación en Defensa (ACD) estratégicos firmados con cada país anfitrión. Estos acuerdos delinean los términos de la colaboración militar, clasificando a los Estados en dos grupos distintos: los designados como principales aliados no pertenecientes a la OTAN (MNNA) y los que no lo son.

Esta clasificación determina la profundidad y el alcance de la cooperación militar, incluidas las ventajas y obligaciones estratégicas. Según el Departamento de Estado de EEUU, 18 países de todo el mundo están reconocidos como MNNA: Argentina, Australia, Bahréin, Brasil, Colombia, Egipto, Israel, Japón, Jordania, Kuwait, Marruecos, Nueva Zelanda, Pakistán, Filipinas, Qatar, Corea del Sur, Tailandia y Túnez.

Alcanzar el estatus de MNNA según la legislación estadounidense representa un reconocimiento significativo de la asociación estratégica de un país con Washington, que ofrece un espectro de beneficios en el comercio de defensa y la cooperación en materia de seguridad.

Esta prestigiosa designación no es una mera muestra de la mejora de las interacciones militares y económicas, sino que simboliza el profundo respeto y reconocimiento de las arraigadas relaciones que EEUU mantiene con estos países. Pero a pesar de los privilegios que otorga el estatus de MNNA, es crucial señalar que esta clasificación no implica ningún compromiso automático de seguridad por parte de Washington.

Estos privilegios incluyen la elegibilidad para préstamos de materiales con fines de investigación y desarrollo, la colocación de Existencias de Reserva de Guerra de propiedad estadounidense en el territorio del aliado y la posibilidad de acuerdos recíprocos de entrenamiento.

Además, los países MNNA tienen prioridad para recibir Exceso de Artículos de Defensa y pueden ser tenidos en cuenta para comprar munición de uranio empobrecido. Estos estados pueden participar en proyectos cooperativos de investigación y desarrollo de defensa con EEUU, lo que permite a sus empresas competir por contratos del Departamento de Defensa para servicios de mantenimiento y revisión fuera de EEUU.

Esto abarca también el apoyo a la adquisición de dispositivos de detección de explosivos y la participación en iniciativas antiterroristas en el marco del Grupo de Trabajo de Apoyo Técnico del Departamento de Estado.

Retroceso en el Golfo Pérsico

Entre los Estados del Golfo Pérsico, Kuwait, Bahréin y Qatar han sido distinguidos con el estatus de MNNA, mientras que Arabia Saudí, EAU y Omán no lo son. La presencia estratégica del ejercito estadounidense en la región se ajusta a estas categorizaciones.

Los atentados del 7 de octubre dirigidos por Hamás, la Inundación de Al-Aqsa y los acontecimientos posteriores en Asia Occidental han llevado a Arabia Saudí y a los EAU a adoptar posturas distintas de las de otros Estados del Golfo Pérsico en lo que respecta al apoyo a las operaciones militares estadounidenses en la región.

La posibilidad de que EEUU desplace parte de sus fuerzas militares a la región Asia-Pacífico para contrarrestar el creciente poder mundial de China ha  obligado a Arabia Saudí y a los EAU -países muy dependientes de EEUU para su seguridad- a explorar acuerdos de seguridad alternativos.

La transición de un sistema global unipolar a otro multipolar, junto con el creciente interés de Rusia y China en el Golfo Pérsico, se alinea con la búsqueda de nuevas soluciones de seguridad por parte de estas potencias, alterando significativamente la dinámica política y económica de la región.

Lo más importante, sin embargo, y en el contexto de la guerra de Gaza y sus repercusiones regionales, es que Riad y Abu Dhabi parecen más preocupados por la posibilidad de que las operaciones militares estadounidenses en Asia Occidental desemboquen en un conflicto militar a gran escala en el que participe Irán.

La principal ilustración de este ejemplo concreto es la no participación de facto de Arabia Saudí y los EAU en la Operation Prosperity Guardian (OPG), la coalición naval dirigida por Estados Unidos formada en diciembre de 2023 para responder a los ataques yemeníes contra la navegación vinculada a Israel en el Mar Rojo, y la negativa de Riad y Abu Dhabi a permitir el uso de bases estadounidenses en sus territorios para la Operación Poseidon Archer, un esfuerzo militar conjunto de Estados Unidos y el Reino Unido dirigido contra territorios yemeníes bajo la administración del gobierno alineado con Ansarallah.

“No desde nuestras bases”

Politico informa de que los EAU han impuesto restricciones a la capacidad del Pentágono para llevar a cabo ataques aéreos de represalia contra los aliados regionales de Irán. Estados Unidos se abstiene de utilizar aviones de combate de estas bases para misiones de ataque a fin de evitar una escalada de las tensiones entre los Estados árabes del Golfo Pérsico e Irán.

Más de 2.700 militares y 3.500 fuerzas estadounidenses están desplegados en la Base Aérea Príncipe Sultán de Arabia Saudí y en la Base Aérea Al Dhafra de EAU, respectivamente. Esta última sirve también como Centro de Guerra Aérea del Golfo y alberga un importante contingente de aviones estadounidenses que participan en operaciones regionales. Esto incluye una variedad de aviones de combate y drones de reconocimiento, en particular los MQ-9 Reapers.

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Presencia militar de Estados Unidos en Asia occidental

En las últimas semanas, el presidente estadounidense Joe Biden ha autorizado varios ataques aéreos y con misiles, dirigidos contra entidades de la resistencia apoyadas por Irán en toda Asia Occidental. Las facciones próximas a Irán han lanzado 170 ataques contra las fuerzas estadounidenses destacadas principalmente en Irak y Siria desde octubre pasado, empleando aviones no tripulados, cohetes y misiles en un esfuerzo por expulsar la presencia militar estadounidense de la región.

Hasta la fecha, estos ataques han causado la muerte de tres miembros del ejército estadounidense y han herido a muchos otros. Al mismo tiempo, el ejército yemení apoyado por Ansarallah ha llevado a cabo supuestamente 51 operaciones contra embarcaciones marítimas que navegan por el Mar Rojo y el Golfo de Adén, lo que supone un aumento de los ataques desde que comenzó la operación el 19 de noviembre.

Estrategias insostenibles

Sin embargo, este enfoque militar estadounidense no es sostenible para Washington a largo plazo. Arabia Saudí y los EAU están intentando resolver sus problemas con Yemen tras una guerra de ocho años que mermó considerablemente sus finanzas y provocó disparos de misiles contra sus principales ciudades y contra objetivos de infraestructuras energéticas.

El ministro de Asuntos Exteriores saudí declaró en una entrevista concedida a France 24 el 19 de febrero que «un acuerdo de paz entre el gobierno de Yemen y los Houthis estaba cerca, y que Riad lo apoyaría».

En estas condiciones, es poco probable que EEUU emprenda acciones que puedan reavivar las tensiones entre Riad, Abu Dhabi y Sanaa. No obstante, mantener un grupo constante de portaaviones frente a la costa de Yemen para la Operación Poseidón Archer y los ataques aéreos contra los intereses iraníes será una tarea costosa y difícil para los estadounidenses.

Aunque las bases de Kuwait, Bahréin y Qatar, que tienen estatus de MNNA, siguen siendo cruciales para EEUU, el veto unilateral de Washington a las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU para un alto el fuego en Gaza -y su apoyo militar y político incondicional a Israel, a pesar de las decenas de miles de muertes de mujeres y niños en Gaza- han inflamado el sentimiento antiestadounidense en la calle árabe, que hoy rechaza abrumadoramente los acuerdos de normalización con Tel Aviv.

Por ahora, China observa en silencio la erosión de la estatura de EEUU en Asia Occidental, esperando potencialmente un momento oportuno para -con el apoyo de Moscú- lanzar una iniciativa diplomática para resolver la cuestión israelí-palestina, lejos de la interferencia estadounidense.

No sería la primera vez que las nuevas potencias multipolares robasen el protagonismo de Washington en el Golfo Pérsico: el acercamiento entre Irán y Arabia Saudí mediado por Pekín en marzo de 2023 no sólo cogió a EEUU por sorpresa, sino que demostró a los Estados regionales que era posible llegar a acuerdos sin EEUU.

Los cambios que se están produciendo en el Golfo Pérsico repercutirán, sin duda, en la estrategia militar y diplomática estadounidense. Pero la desactivación de bases estadounidenses durante un conflicto regional activo en el que participan fuerzas estadounidenses es algo totalmente nuevo.

Cuando el polvo se asiente, ¿qué sentido tendrán estas instalaciones militares de miles de millones de dólares si no se pueden lanzar desde ellas aviones de combate o misiles estadounidenses?

Traducción nuestra


*Suat Delgen es un antiguo oficial de guerra naval turco reconvertido en analista de defensa con amplios conocimientos sobre la OTAN, la UE, la seguridad marítima, las tecnologías emergentes y Asia Occidental.

Fuente original: The Cradle

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