Corresponsal The Cradle en el Líbano.
Imagen: The Cradle
09 de enero 2024.
El cuerpo político israelí está acosado por diferencias políticas y de seguridad exacerbadas por los costes mortales de su guerra de Gaza. Ahora se debaten sobre si investigar su serie de fracasos, antes o después de lanzar otra guerra contra Líbano.
Transcurridos tres meses de la guerra no convencional más larga y costosa de Israel, las fuerzas armadas del país se han convertido en una importante fuente indirecta de presión sobre el gobierno extremista del primer ministro Benjamin Netanyahu.
Esta evolución se produce en un momento crucial, tanto desde el punto de vista político como de la seguridad, para Tel Aviv. En medio de las continuas diferencias internas sobre las estrategias posteriores a la guerra de Gaza y las propuestas de resolución para las demandas de intercambio de prisioneros de Hamás, el cambio negativo de la opinión pública internacional y regional sobre el asalto israelí a Gaza, que duró 13 semanas, ha generado nuevos factores de tensión.
Al mismo tiempo, la escalada de la situación en el frente norte con Hezbolá ha obligado al ejército israelí a crear un comité para investigar las deficiencias políticas, de seguridad y militares que condujeron a la Operación Diluvio de Al-Aqsa del 7 de octubre.
Esta decisión del ejército israelí ha desencadenado un revuelo político, particularmente entre una facción que no está segura de cómo lidiar con la intensificación de las actividades de resistencia palestina provocadas por la formación del gobierno de coalición de Netanyahu, que está marcado por el extremismo y decisiones controvertidas, incluso para los estándares israelíes.
Durante una reciente reunión del gabinete, ministros sionistas nacionalistas y de extrema derecha criticaron la decisión del jefe del Estado Mayor del ejército, Herzi Halevi, de investigar los fallos operativos y de inteligencia que condujeron a la operación de resistencia del 7 de octubre, alegando que formar una comisión de investigación durante la actual guerra de Gaza daña la moral del ejército y de los soldados.
Algunos miembros del gabinete se movilizaron para echar por tierra la selección del ex ministro de Defensa Shaul Mofaz como jefe de la comisión de investigación, en gran parte debido a su papel en el plan de retirada unilateral de Gaza por parte de Israel en 2005.
Grietas en la coalición
La oportunidad de la formación de la comisión investigadora se ve subrayada por la enérgica defensa de la decisión de Halevi por parte del ministro de Defensa, Yoav Galant, y del miembro del gabinete de emergencia, Benny Gantz. Destacan su importancia para aprender de los errores del pasado, abordar las lagunas de seguridad y prepararse para posibles conflictos más amplios, en particular con Hezbolá en el Líbano.
Menos clara, sin embargo, es la postura de Netanyahu al respecto, a pesar de que programó la sesión que, en principio, iba a tratar sobre los planes de posguerra, un tema que el primer ministro parece reacio a abordar dados los riesgos potenciales para su futuro político y personal.
Los miembros derechistas del gabinete de Netanyahu ven la investigación como una herramienta para socavar aún más un gobierno ya precario. Reconocen que las conclusiones de la comisión podrían ser especialmente condenatorias para su coalición de gobierno, que, desde su formación, ha aplicado un programa centrado en la opresión de los palestinos que viven bajo la ocupación y en la estrangulación de sus aspiraciones nacionales.
Es una agenda que los expertos en seguridad y militares de Israel han advertido sistemáticamente que podría exacerbar gravemente el nivel de violencia de represalia contra los colonos e inflamar la situación de seguridad, tanto en la Franja de Gaza como en Cisjordania y Jerusalén ocupadas.
Por ello, estos elementos están intentando, a instancias de Netanyahu, aplazar todos los debates e investigaciones sobre los fallos y causas que provocaron el diluvio de Al-Aqsa y sus secuelas, ya que esperan que las indagaciones les supongan un coste político considerable.
Sus oponentes en estos asuntos son figuras favorecidas por Washington, como Halevi, Gallant y Gantz. Este último, por ejemplo, sin duda apoyado por EEUU, aspira a asumir el liderazgo en el próximo ciclo político de Israel, animado por las encuestas de opinión favorables y la popularidad personal frente a su principal rival, Netanyahu.
También persisten las tensiones desde antes del 7 de octubre entre las dos figuras israelíes claves -Netanyahu y Gantz-, exacerbadas por disputas sobre diferencias políticas y sus muy distintas relaciones con EEUU.
Tras la formación de la coalición extremista de Netanyahu, la Casa Blanca le evitó como a la peste, durante una época en la que Gallant era bienvenido en Washington. Enfadado por los desaires, el primer ministro israelí trató de impedir que su entonces ministro de Defensa visitara EEUU para celebrar reuniones de seguridad.
La disputa se reavivó recientemente por la supuesta prohibición de Netanyahu de que Gallant mantuviera reuniones individuales con los jefes del Mossad y el Shin Bet. Esa decisión salpicó a la esfera pública, y el ministro de Defensa israelí acusó al primer ministro del país de «perjudicar la seguridad del Estado».
En cuanto al jefe del Estado Mayor del ejército, Halevi, mantiene una coordinación continua y firme con la administración estadounidense, y trata de evitar que se le utilice como chivo expiatorio de los fracasos políticos que han provocado estallidos masivos en zonas palestinas: masacres en Nablús y Huwara el pasado febrero, incursiones provocadoras israelíes en la mezquita de Al-Aqsa, ataques violentos de colonos… los horrores que condujeron esencialmente a la operación Diluvio de Al-Aqsa de la resistencia palestina.
Ojo en el Norte
Tan importante como las dimensiones políticas de la próxima investigación es la preparación de Israel para un posible conflicto con Hezbolá a lo largo de la frontera norte de la Palestina ocupada. A pesar de las gestiones diplomáticas de la administración Biden para abordar la crisis de los colonos israelíes «displazados« que han abandonado sus hogares para huir de los enfrentamientos fronterizos, en esta coyuntura de intensificación del conflicto, la repatriación de los colonos es imposible.
Pero la presión política de las muchas decenas de miles de israelíes sin hogar no cesa y, al igual que sus homólogos del sur desplazados por los sucesos del 7 de octubre, cuestionan todos los aspectos de la competencia de su ejército.
Por tanto, la pérdida de confianza en la capacidad de disuasión de Israel plantea un desafío que el ejército está abordando, promoviendo nuevos planes de defensa e incurriendo en gastos sustanciales para fortificar los asentamientos.
Simultáneamente, los esfuerzos estadounidenses encabezados por el enviado especial Amos Hochstein, realizados a través de los canales franceses, pretenden persuadir a Hezbolá para que se retire unos kilómetros de la frontera. Esta propuesta forma parte de un conjunto más amplio de soluciones que incluye resolver la disputa del Líbano con Israel sobre 13 puntos fronterizos.
Un creciente coro israelí que aboga por la reocupación del sur del Líbano hasta la frontera del Litani, como única solución que garantizaría la seguridad de los asentamientos israelíes, socava estos esfuerzos a cada paso.
Recientemente, el líder de Yisrael Beiteinu, Avigdor Lieberman, propuso la ocupación del sur del Líbano, poniendo la zona entre el río Litani y la frontera con la Palestina ocupada bajo control israelí con supervisión de la ONU.
Reconociendo las posibles consecuencias catastróficas de un enfrentamiento a gran escala con Hezbolá, que dispone de formidables -y desconocidas- capacidades ofensivas, de armamento y de inteligencia, el ejército israelí está dispuesto a abordar las causas profundas de sus recientes fracasos antes de emprender nuevas batallas.
Por su parte, Hezbolá condiciona cualquier discusión sobre acciones militares con Israel al cese de la guerra genocida contra Gaza. La resistencia libanesa insiste en que las acciones colaterales destinadas a atraer a Hezbolá a la guerra, como atacar dirigentes de Hamás en Líbano, no forman parte del debate.
Traducción nuestra
Fuente original: The Cradle
