REORDENAMIENTO IDEOLÓGICO, POLÍTICO Y GEOPOLÍTICO EN LATINOAMÉRICA TRAS LA GUERRA FRÍA: ¿guerras proxy a futuro? Jhosman Barbosa.

Jhosman Barbosa.

Ilustración: Utopix

05 de enero 2023.

Es clave prestar atención a la fuerza mayor o menor que tome el aspecto ideológico y político en la región, que se puede exhibir como el detonante o excusa de guerras proxy.


La tercera y última ponencia que completará las reflexiones en torno a la doctrina Monroe deriva de la presentación realizada en Caracas, Venezuela, del día 30 de noviembre en el marco del Foro Internacional Antiimperialista: Bolivarianismo vs Monroísmo, titulada, Reordenamiento ideológico, político y geopolítico en Latinoamérica tras la guerra fría: ¿guerras proxy a futuro?

Tras el fin de la Guerra Fría, América Latina y el Caribe han atravesado un periodo de privatización agresiva con la transmutación del liberalismo económico en neoliberalismo -que no eximió a las vertientes políticas conservadoras – desde inicios de los años 90 y dos oleadas progresistas entre 1998 y el presente. Esta última a contra pelo de la tendencia neoliberal ha implicado triunfos reflejados en la recuperación del papel del Estado frente al mercado y la generación de nuevas organizaciones regionales que se esmeran en desmarcarse de la tutela occidental y estadounidense, particularmente.

En la actual reconfiguración global la región que nunca ha tenido una guerra de escalas como las sufridas en África, Asia, Oriente o Europa del Este, se enfrenta por primera vez al hecho de tener una significativa presencia de China y Rusia, en el marco de la disputa global de éstas con el viejo orden occidental.

Sin embargo, la soberanía política e ideológica no es sólida en la subregión y cada vez es más frecuente la alternancia del poder entre progresistas y neoliberales; lo que se expresa en una política exterior no estatal sino partidista, léase de clase y élite en el poder. La una arruinando lo hecho por quien le precedió. Sin ir más lejos, nótese la facilidad con la que Milei en Argentina negó a su país la entrada a BRICS+ tendiendo, como lo anunció en campaña, a dirigirse a la tutela estadounidense. De esta forma es imposible tener soberanía militar sin doctrina diplomática estatal y por ende acuerdos militares sólidos e independientes; más bien, todos articulados desde los tutelajes externos donde domina el estadounidense y su Complejo Militar Industrial, CMI, al menos desde los años 50’s. En tal sentido, el Lobbie del CMI que controla a las fuerzas políticas estadounidenses puede verse atraído a emprender guerras de alta rentabilidad posibles debido al talante de los oponentes. Es decir, las industrias militares o técnico científicas rusas y chinas, con presencia en los ejércitos latinoamericanos y caribeños.

Podría preguntarse a un gran consorcio como Raytheon o Northrop Grumman, de qué le sirve a su industria armamentista vender sus stocks obsoletos cada tanto tiempo como obligación de la actualización o rearme de cada ejército en la subregión latinoamericana, donde quizá el mejor de los casos fue o es el colombiano, por una guerra de baja intensidad y prolongada que movió en 2016 más de 3 mil millones de dólares. En términos de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia y los balances y metas de crecimiento corporativo, el rearme de estos Estados no es sino apenas rentable. Es posible que el lugar más crítico de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia como síntoma del agotamiento del capitalismo tal cual lo conocemos, se esté dando de manera crónica en el CMI. Pero si además de vender armas a América Latina se incitaran guerras, las ganancias se multiplicarían. La paz no es un negocio de ningún CMI. A ello se suma un apalancamiento complementario entre: destrucción creativa (guerra más reconstrucción) y el imperativo geopolítico excepcionalista recuperando o afirmándose en el único lugar que le es para sí ‘propio’: América Latina y el Caribe. O lo que es su regreso al origen, el emblema de la doctrina Monroe: América para ‘los estadounidenses’. Todo esto no es posible con luchas contra insurgencias pequeñas, grupos criminales o facciones urbanas, es posible en la dimensión de ejércitos nacionales y bien armados como pretexto de más inversión; es lo que Harvey llama producción de espacios y espacios para la producción; lo cual complementa a Schumpeter y su tesis de la ‘destrucción creativa’.

El arribo de China y la Federación de Rusia dentro de la actual transición a una multipolaridad policéntrica con sus capacidades militares jugando en acuerdos de cooperación técnico militar con Latinoamérica, particularmente con Cuba, Nicaragua y Venezuela, afirman la verosimilitud de esta argumentación. Entonces, dependiendo de: a) los rumbos ideológicos de los próximos gobiernos de la región donde hay partidos y no Estados expresando una política exterior alquilada del norte o frágil o maniatada en su ánimo soberanista como el caso colombiano o mexicano, b) el debilitamiento de la hegemonía estadounidense, de acuerdo al ciclo centenario o dos ciclos Kondrátiev marcado para 2040, como fecha que evoca lo cien años de Bretton Woods, c) el auge, decadencia, caída, fortalecimiento y/o nacimiento de organismos regionales y d) la mayor penetración chino-rusa (BRICS+), en las próximas dos décadas se puede desarrollar una guerra o guerras proxy como último bastión de defensa de la línea “natural” de injerencia estadounidense apalancada por el Complejo Militar Industrial. En tal sentido, la explotación de conflictos inter estatales “paz negativa” pueden darse; particularmente el colombo – venezolano, por sus contrapesos actuales de potencia militar, la una bajo tutela y línea estadounidense y la otra bajo tutela y doctrina rusa y quizá china.

En tal sentido, se sugiere la necesidad para la región de un deslinde paulatino pero decisivo de la línea del Consejo de Seguridad Hemisférica de la OEA, así como una revaloración de la “Declaración de Seguridad en las Américas”, que exprese la realidad geopolítica y multilateral actual, con una contención activa del TIAR, CONDECA, OTAN y Comando Sur. Todo ello sólo sería posible desde la formación de doctrinas diplomáticas estatales que obligasen a los partidos a una disciplina en las acciones internacionales.

En tal orden de ideas, se apreciarán a continuación de manera sucinta tres ejes de argumentación: formas de paz y rearme o carrera armamentista; la OTAN en Colombia y Rusia en Venezuela y finalmente las proyecciones que hace Rand Corporation.

  • Formas de paz y rearme o carrera armamentista. Se aprecian formas de comprender la seguridad. Según, (Battaglino: 2008): En la paz positiva se enfatizan las causas estructurales de la violencia interestatal. Desde ese punto de vista, la paz no es lo contrario de la guerra, sino la ausencia de las condiciones que la favorecen. La paz negativa puede dividirse en tres subtipos. En los dos primeros –paz frágil y paz inestable– el uso de la fuerza es una opción inmediata y latente, a tal punto que condiciona las acciones políticas y las preferencias sociales de los países. El alistamiento y la preparación militar son importantes y las Fuerzas Armadas se encuentran en permanente estado de alerta. La paz fría es limítrofe con el de paz estable. Pero, aunque la frontera es tenue, no anula la característica esencial que permite incluirla dentro del grupo de paz negativa: el uso de la fuerza no ha sido descartado. Este tipo de paz final es el que ostentan, Chile vs Bolivia, Chile vs Perú, Chile vs Argentina y Venezuela vs Colombia. Esto es importante para comprender más adelante cómo se explotan estas líneas de paz que se encuentran ancladas a animadversiones históricas de las naciones, a veces desde las propias independencias del siglo XIX. Por otra parte, se hace clave distinguir entre rearme y carrera armamentista; que si bien en algunos momentos se ha producido en la subregión no llegan a ser en sí significativos, pero se avistan como vigilancia entre los Estados aun viviendo en situaciones de paz fría o estable. Por ejemplo, ante el conflicto colombiano los países vecinos han comprendido o soportado por presión estadounidense el desbordado número de efectivos y bases militares, pues en términos de gasto militar el país andino tuvo en 2022 solo siete mil millones de dólares menos que Brasil, quien le quintuplica demográficamente. Entonces. Colombia está siempre en pleno rearme o está ahora en carrera con gobiernos que ideológicamente no le son afines. Colombia es considerado un portaviones estadounidense en la subregión y eso no lo cambia el tener un gobierno progresista por ahora, si se revisa la tesis ya planteada de la alternancia ideológico política de la zona.

También se aprecia que existen tres aliados principales extras-OTAN: Argentina (desde 1998), Brasil (desde 2019) y Colombia (2022 -sujeto a aprobación Congreso EE. UU.) Retomando la composición de los ejércitos regionales, Brasil cuenta con 334.500 militares activos, Colombia con, 200.000 y Argentina con 51.309 (dato a 2018). La OTAN cuenta con 3.5 millones de activos entre personal militar y civil. Tan sólo Brasil y Colombia aportarían más activos que los miembros europeos anexados en la década de los noventa a la OTAN (Macedonia del Norte, Montenegro, Albania, Croacia, Bulgaria, Estonia, Letonia, Lituania, Rumanía, Eslovaquia, Eslovenia, República Checa y Hungría). Las cifras y comparaciones no necesitan explicación. Si a eso le sumamos la entrelazada relación del Comando Sur con el ejército colombiano y las cada vez más frecuentes visitas de Laura Richardson a la subregión, actuando como militar, como diplomática y jefa de negocios o al menos señalando las áreas estratégicas para los mismos, se puede entender que Brasil -sin Lula – y Colombia, sobre todo, son el brazo más fuerte de contención de China y Rusia por parte de Estados Unidos. No hay que olvidar que Colombia da al pacífico, al caribe, al Amazonas, la región andina y el cinturón guyanés; limitando por más de dos mil kilómetros con un país que ha consolidado una complementariedad sólida con Rusia y China: Venezuela. Tal nación cumple con las dos complementariedades sugeridas al inicio del presente artículo: es ideológicamente hostil a EE.UU., por lo que es geopolíticamente clave para ésta y por sus socios adquiridos tras veinte años del chavismo en el poder, ofrece una capacidad militar a la cual anteponer una similar y rentable para el CMI. No hay que olvidar el hecho de que ganar la guerra en este caso es vital y en términos existenciales para EE.UU. Latinoamérica no es Ucrania. De hecho, es clave recabar en que Venezuela y Rusia han sostenido 17 reuniones bilaterales durante 21 años, con un total de 342 instrumentos suscritos en las áreas comercial, técnico-militar, energética, agrícola, alimentaria, transporte, ciencia, tecnología y salud pública. .

  • El documento de la Rand Corporation. Titulado Competencia y conflicto entre grandes potencias en América Latina, (Great-power competition and conflict in Latin America), este documento de 2023 actúa como sentencia anticipada y afirma -desde un Think Tank generalmente enfocado en insinuar las tareas a desarrollar por el Pentágono y el Departamento de Estado estadounidense – que hay antagonismos históricos en la región que son explotables. Señala en su capítulo III, Conflict Scenarios with Great-Power Involvement: Venezuela and Colombia que,Comprobamos que los países en los que el potencial de competencia es mayor son Brasil, Chile, Perú, Colombia, Argentina y Venezuela, algunas de las economías más grandes y los países más poblados de América Latina. A continuación, evaluamos el riesgo de conflicto interno de los países. En este análisis, un conjunto diferente de países encabeza la lista: Colombia, Haití, Venezuela y Bolivia. Nos basamos tanto en el potencial de competencia como en el potencial de conflicto para identificar a continuación los focos regionales de competencia, es decir, los países con mayores posibilidades relativas de tener conflictos que atraigan a grandes potencias competidoras.Mediante nuestro análisis, identificamos un reducido conjunto de focos regionales de competencia que servirán como casos para una investigación más detallada de los posibles escenarios de conflicto: Venezuela, Colombia y Nicaragua. (pág. 39) [1]  Estos potenciales de competencia y conflicto o ‘competition potential and conflict potential’ miden y comparan la influencia de las tres grandes potencias, Rusia, China Estados Unidos, mediante un índice que captura la incidencia de cada país calculando una suma de los índices de búsqueda de influencia para la participación en cada ítem o dominio para cada una de las tres grandes potencias. Por ejemplo, en el Cuadro A.2, (pg. 157) –la búsqueda de influencia diplomática-, los índices de las tres grandes potencias se suman para producir un índice de potencial de competencia de 1,94 que se juega en Brasil y así con cada país. Y aunque el texto se centra en los tres países arriba señalados, es interesante ver el registro que tienen del comportamiento de China y Rusia en la región. En este rubro de competencia diplomática, tanto Colombia como Brasil lideran el índice e igual registro se aprecia en el índice de competencia de influencia militar. Sin embargo, en términos de influencia económica, Brasil sigue en primer lugar y se desplaza Colombia al sexto lugar, mientras en el índice informacional la competencia fuerte está situada en Argentina, quien a la vez era la tercera en términos de competencia económica.

    Ahora bien, la forma en que se aprecia el potencial del conflicto entre grandes potencias a través de terceros o guerra proxy, lo cimienta la Rand, además de estos indicadores descritos, en las heridas abiertas propias de los procesos de independencia

    Los destinos de los territorios que constituyen las actuales Venezuela y Colombia han estado estrechamente entrelazados desde que estos territorios se independizaron de España a principios del siglo XIX. En 1819, bajo el liderazgo de Simón Bolívar, los dos territorios se incorporaron a la llamada Gran Colombia, o República de Colombia, que también incluía los territorios que forman los actuales Panamá y Ecuador. Finalmente, Venezuela se separó de la Gran Colombia en 1830. Aunque los lazos culturales y sociales entre Venezuela y Colombia siguen siendo fuertes en la actualidad, ambos países han mantenido una rivalidad política durante la mayor parte de los siglos XX y XXI. Durante todo este tiempo, la frontera entre ellos ha seguido siendo relativamente porosa, y los acontecimientos de un país salpican al otro. Por ejemplo, en 2020, la crisis humanitaria en Venezuela había provocado que más de 1,5 millones de refugiados huyeran a través de la frontera hacia Colombia (pág. 69) [2]

    En términos militares, el panorama que aprecia el informe señala que:

    Brasil, Colombia, Perú, Chile, Venezuela, Argentina, Ecuador y Nicaragua son los países con el potencial de competencia más intenso en el ámbito militar. Curiosamente, con la excepción de Venezuela y Nicaragua, estos son los países de nuestro conjunto de datos con los mayores PIB de América Latina y donde el potencial de competencia económica es más pronunciado, como se expone en la sección siguiente. Venezuela y Nicaragua se encuentran entre los principales países de interés en términos de potencial de competencia militar debido a su importancia geopolítica y estratégica, principalmente para Rusia. (pág. 40)  [3]

    Esto permite apreciar el carácter multi factorial que encierra el potencial de conflictos que podría explotar EE.UU. en la región; aunque en Suramérica es más probable un conflicto como, Conflict Scenarios with Great-Power Involvement: Venezuela and Colombia:

    La situación actual en Venezuela, en combinación con varios otros factores geopolíticos y económicos expuestos en este capítulo, convierte al país en un contendiente plausible para un conflicto en el que Estados Unidos apoyaría a un bando y China y Rusia al otro. (pg. 63) […] Los intereses y objetivos de Estados Unidos en Venezuela se dividen en cuatro categorías: geopolíticos, de seguridad y estabilidad, económicos e ideológicos. Desde un punto de vista geopolítico, las actividades de Rusia y, en menor medida, de China en la crisis de Venezuela han suscitado preocupación por las posturas más asertivas de ambas potencias hacia América Latina. Según la declaración de postura 2021 del SOUTHCOM, además de suscitar preocupación por los refugiados y emigrantes desplazados durante la crisis, el país representa el principal punto de apoyo y acceso en la región para China, Rusia e Irán; es un facilitador clave para las actividades de las organizaciones criminales transnacionales; y proporciona un refugio seguro para los grupos terroristas regionales. (pág. 69) [4]

    El informe piensa en primera instancia en un derrocamiento del gobierno venezolano desde adentro, desestabilización y descontento, pero entiende que Colombia es un pivote para la consolidación de cualquier evento de cambio de régimen. Sin embargo, la hipótesis que en estas líneas se maneja es que toda este análisis y literatura no sólo respalda intensiones de orden geopolítico sino complementarias entre aquella y las necesidades del CMI. Es de anotar que el lector del informe podrá encontrar frecuentes referencias a intensiones e iniciativas rusas desde el espectro militar y no tanto en términos económicos, culturales o de otra índole.

    Respecto a Colombia, luego de hacer una sucinta descripción histórica que implica el eterno conflicto armado -del que los estadounidenses son actores claves – con guerrillas pro soviéticas y comunistas, así como paramilitarismo, aprovecha para resaltar la calidad colombiana de ‘socio de seguridad en la región de larga data’ y pasa a declarar sus intereses en el país:

    Estados Unidos tiene otros objetivos en Colombia que apoyan sus objetivos estratégicos generales en el hemisferio occidental. Son los siguientes

    1. Mantener a Colombia como el «aliado más dispuesto y capaz de Estados Unidos en América Latina» para apoyar los objetivos de seguridad y estabilidad regionales de Estados Unidos. Esto incluye el papel de Colombia como socio de Estados Unidos en foros regionales, como la Organización de Estados Americanos, y en asuntos relacionados con la situación interna de Venezuela.
    2. Mantener a Colombia estable y en paz, mediante medidas que fortalezcan la gobernanza y el Estado de derecho en el país, para que pueda seguir siendo un socio fuerte de Estados Unidos en Sudamérica.
    3. Contener la amenaza que los grupos armados no estatales (es decir, organizaciones terroristas, insurgentes y criminales transnacionales) suponen para la seguridad nacional de Estados Unidos.[5]

    Aunque no es materia de estas reflexiones, revisar el grado de descaro con el cual hablan del apoyo a Colombia: deseo o fomento de crecimiento de la clase media, paz, estabilidad, socio seguro y prosperidad para el país suramericano, etc., todo esto refleja un paternalismo muy conveniente y la consolidación de aquella ‘fruta madura’ que no fue Cuba, pero sí lo es Colombia. Esto afirma la certeza de que el actual gobierno de Gustavo Petro tiene muy pocos márgenes de maniobra y una agenda ceñida y revisada al ojo monroísta del Big Brother estadounidense. Volviendo al asunto, el informe señala que no es del interés estadounidense ni está dentro de sus capacidades desarrollar un conflicto entre potencias y le interesa que su zona sea de paz y:

    Además, como el gobierno estadounidense no espera que Latinoamérica sea escenario de ningún conflicto militar importante, el Comando Sur es uno de los comandos combatientes geográficos con menos recursos. La falta de recursos adecuados a nivel de mando combatiente significa que el personal del Comando Sur existente en la región no sólo está sobrecargado de trabajo y de trabajo, sino que además es poco probable que disponga de los recursos necesarios para seguir el ritmo de los avances de China y Rusia en la región, especialmente de China. En un conflicto en el que se vean implicadas potencias rivales, es probable que esta falta de recursos adecuados afecte a la medida en que las capacidades ISR estarán disponibles para apoyar a las fuerzas sobre el terreno, y lo mismo cabe decir de la disponibilidad de personal y material. Además, el ejército estadounidense no ha participado en un conflicto militar indirecto o convencional en América Latina desde hace varias décadas… (pág. 107) [6]

    Lo anterior se contradice o es ambivalente pues indica más adelante que debido a la presencia de China y Rusia desarrollando además actividades criminales, podrían apoyar la desestabilización del país mediante grupos armados y esto le permite reflexionar a los investigadores de Rand sobre lo clave que sería acercarse más a Colombia y mantener las operaciones anti narcóticos pero fortaleciendo la negación del país como susceptible de ser penetrado por China o Rusia.

    Un cambio en el enfoque estratégico de Estados Unidos hacia Colombia -que se aleje del anterior enfoque centrado en las misiones antinarcóticos y las operaciones de contrainsurgencia y se convierta en un socio de seguridad en el contexto de la competencia con China y Rusia en el hemisferio occidental- probablemente facilitaría que Estados Unidos respondiera con rapidez a un escenario de conflicto en Colombia. (pág. 109)  [7]

    En síntesis. En esta somera revisión es importante tener presente que hay una complementariedad al menos hasta ahora no abandonada entre intereses geopolíticos e intereses del CMI. Lo que implica que los escenarios de cambio de régimen en Venezuela desde adentro son sólo uno de los que han contemplado en aras de la recuperación de élites abyectas que garanticen el flujo de caja y recursos naturales hacia EE.UU. Pero el hecho de que estén revisando a América Latina y el Caribe como escenarios de conflicto entre potencias, podría considerarse casi inédito en su forma y meticulosidad, pero no en su fondo intervencionista y tutelar de la doctrina Monroe.

    Los Estados Unidos se encuentran en un punto de inflexión que les insta a revisar dónde más pueden generar guerras rentables; lo que implica la reestructuración de su complejo industrial para ampliar la capacidad fabril y volver sobre una vanguardia técnico-militar que le re acredite su prestigio -ya que es complicado vender armas que pierden – y adquirir contratos jugosos pero que demandan entregas que superan los tiempos de fabricación. Tal cual como ha sucedido en el conflicto en Ucrania. A esto se suma que poco a poco va siendo expulsada de zonas a extramuros de sus océanos. La multipolaridad policéntrica implica un ascenso de naciones al escenario que ostentan ejércitos disciplinados y no fácilmente soslayados, como es el caso de Hamás, en Palestina. Así, la subregión latinoamericana le da una oportunidad de ganar dinero para el CMI y ejercer dominio en la defensa de su último rescoldo geopolítico.

    Esto coloca el tema de cierre del presente artículo: la fluctuación en la subregión latinoamericana y caribeña de gobiernos en el poder pro mercado vs pro Estado. Si se revisa el cambio en la composición político ideológica durante veinte años, se avista una suerte de semáforo de tendencias que han estado en disputa y que no han logrado, – ni les interesa, ni son capaces – concretar una política exterior clara. Quizá la CELAC exprese un acierto de soberanía en tanto voz regional y tuvo sus logros, por ejemplo, al jalar a Cuba del olvido diplomático regional de la OEA. Este factor de soberanía y doctrinas diplomáticas choca y se determina por el fuerte dominio de EE.UU. que entiende -así como Rusia lo comprende con Georgia o Ucrania o China con Taiwán – que Latinoamérica es de carácter ‘existencial’. Y al estilo americano, si puede ser redituable, mucho mejor.

    Colombia es sin duda el bastión estadounidense y Venezuela tiene una fuerte complementariedad y dependencia con China y particularmente con Rusia. No se pueden subestimar todas las características estructurales que se han ido acuñando y que dejan ahora quizá por primera vez, latente el riesgo de que en la subregión acabe la paz entre naciones en las próximas dos décadas. Es clave prestar atención a la fuerza mayor o menor que tome el aspecto ideológico y político en la región, que se puede exhibir como el detonante o excusa de guerras proxy. Los libretos, ya están inventados.


    Las partes de la [1] a la [7] fueron traducidas del ingles al español por Observatorio de Trabajador@s en Lucha.

    *Jhosman Gerliud Barbosa Domínguez es investigador colombiano. Historiador (UNAL, Colombia), magíster en estudios latinoamericanos (UNAM-México), PhD. en economía política del desarrollo (CEDES-Puebla, México) Organizador del Seminario Internacional de análisis de la doctrina Monroe, 2023. Miembro de la Asociación Colombiana de Historiadores.

    Fuente en español: Strategic Culture Foundation

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