Enrico Tomaselli.
Imagen: OTL
23 de diciembre 2023.
Se está librando una gran guerra mundial que enfrenta al imperio occidental dirigido por EEUU con los países que desafían su dominio. Tarde o temprano, todas las pequeñas guerras que están teniendo lugar en el mundo, sean cuales sean sus desencadenantes, acabarán desembocando en esta guerra, y existe un gran riesgo de que acaben fusionándose en una guerra abierta. Ahora mismo, hay dos frentes de guerra que forman parte claramente de este enfrentamiento: el ucraniano y el palestino. Ambos nos muestran el factor decisivo sobre el que se decide el destino. El imperio tiene prisa, porque teme que sus enemigos se hagan demasiado fuertes y disminuya su capacidad de disuasión. El resto del mundo es paciente y quiere desgastar al imperio hasta que se derrumbe. La gran guerra mundial es una guerra con el tiempo.

Aunque es una de las cosas que ocurren con más frecuencia, nunca hay que olvidar la lección de von Clausewitz, la guerra como continuación de la política por otros medios. Por tanto, no sólo la guerra -toda guerra- es un acto político en sí mismo, sino que sus objetivos, aunque se intente alcanzarlos mediante el instrumento militar, son y siguen siendo de naturaleza política.
Por tanto, una guerra que fracasa en sus objetivos políticos es una guerra perdida, aunque haya prevalecido en todas las batallas.
La guerra ucraniana, por ejemplo, comenzó con objetivos políticos evidentemente diferentes, para un bando y para el otro; pero, sobre todo, en un momento dado vio cómo Rusia modificaba los suyos propios, o mejor aún, vio cómo modificaba la estrategia militar para alcanzarlos.
Entre estos objetivos, las conquistas territoriales siempre han sido secundarias, mientras que el objetivo principal siempre ha sido la desmilitarización de Ucrania (y su desnazificación). Un objetivo que Moscú tuvo que perseguir finalmente por la vía más radical, a saber, la destrucción material de las fuerzas armadas ucranianas.
Un objetivo ya casi completamente alcanzado, y obtenido mediante la aplicación de una táctica y una estrategia basadas en el desgaste masivo del enemigo. No una guerra relámpago, ni una campaña destructiva devastadora, seguida de una acción concluyente de tropas terrestres. Ambas vías, al margen de cualquier otra consideración, no habrían asestado realmente el golpe duradero que era necesario infligir.
Por lo tanto, por mucho más costoso que fuera este procedimiento, se optó por una vía basada en el factor tiempo. Más tiempo, más desgaste de la fuerza enemiga, mayores resultados y, sobre todo, más duraderos. Moscú apostó una vez más por su capacidad para explotar este factor mejor que nadie, y ganó la apuesta.
Mirándolo bien, lo que está ocurriendo en Palestina es muy parecido. Aunque el equilibrio de poder parece estar invertido, en comparación con el frente ucraniano, la estrategia aplicada por el Frente de Resistencia (en sentido amplio, no sólo el palestino) se parece en cierto modo a la adoptada por los rusos en Ucrania.
Las fuerzas de la Resistencia saben que el enemigo necesita concluir rápidamente, por una serie de razones que van desde los aspectos económicos hasta los equilibrios internos e internacionales. Para ello, el eje EEUU-Israel está realizando esfuerzos considerables, buscando al menos victorias tácticas que le permitan acelerar la conclusión del conflicto, o al menos congelarlo temporalmente para recuperar el aliento.
Obviamente, el gigantesco problema al que se enfrentan los israelíes-estadounidenses, incluso antes de la resistencia armada, es la falta de objetivos políticos reales y, por tanto, de una estrategia elaborada con éstos en mente. Y por reales queremos decir perseguibles de forma realista, por tanto, políticos en el sentido propio, y desde luego no los sueños mesiánicos con los que los están sustituyendo. Por no mencionar el hecho de que los dos polos del eje tienen intereses y objetivos que no se solapan, aunque coincidan en muchos aspectos.
Hay que tener en cuenta que el funcionamiento de la Resistencia es mucho más amplio de lo que parece. No sólo existe una coordinación total entre las formaciones político-militares de la Resistencia palestina, que disponen de una Sala de Operaciones Conjuntas (centro de mando y coordinación de las distintas brigadas) que opera en Gaza. Desde hace algún tiempo, existe otro centro de coordinación en Líbano, en el que están representadas algunas de las milicias iraquíes y sirias, además de las formaciones palestinas y, obviamente, Hezbolá. No hay noticias seguras sobre la presencia también de Ansarullah (Yemen).
De este modo, todas las fuerzas de la Resistencia pueden coordinar sus acciones a nivel estratégico, calibrando la presión sobre Israel y EEUU, y alternándola entre los diversos frentes abiertos: Gaza, la frontera israelo-libanesa, el Mar Rojo…
La intención es mantener a las fuerzas israelíes inmersas en una guerra de desgaste, cuyo nivel de intensidad varía en el tiempo, para ser tácticamente impredecible, y en el espacio; puede intensificarse en Shuja’iya como en Jan Yunis, en Metula o en Eilat, en los Altos del Golán o en Kiryat Shmona.
Todas las formaciones que conforman parte del Frente de Resistencia son capaces de desarrollar un ataque mucho más intenso y masivo contra el territorio israelí, pero ésta no es la intención -ya que cualquier aceleración produciría una reacción igualmente intensa y masiva-; en lugar de ello, el objetivo es economizar al máximo sus fuerzas y centrarse en desgastar a Tsahal a medio y largo plazo.
La situación para las fuerzas israelíes, a pesar del bombardeo genocida de la Franja de Gaza que actúa como cortina de humo, es cada vez más difícil. Las pérdidas, en hombres y medios, empiezan a ser significativas y, sobre todo, la dificultad -por parte de las FDI- para gestionar tácticamente la confrontación es cada vez mayor. En el frente libanés, se ven obligadas a mantener ocupada una parte importante de sus fuerzas terrestres y aéreas; y a pesar de haber desplegado hasta 8 de las 12 baterías de la Cúpula de Hierro (dos de las cuales ciertamente ya han sido destruidas o dañadas), la amenaza de los misiles de Hezbolá es tan importante que gran parte de los asentamientos y ciudades próximos a la frontera han sido evacuados, con el consiguiente perjuicio para la economía y el aumento de las tensiones internas.
El bloqueo del estrecho de Bab el-Mandeeb para los barcos con destino a Israel, así como los ataques a Eilat y a los asentamientos vecinos, son prácticamente indefendibles, y es poco probable que la operación naval Guardian de la Prosperidad los resuelva, salvo a costa de poner en grave peligro a las flotas de la OTAN, y de arriesgarse a un bloqueo total también en el estrecho de Ormuz -un desastre para las economías occidentales.

Desde luego, la situación no es mejor en la Franja de Gaza, donde las tropas israelíes se enfrentan a un enemigo escurridizo, cuyas medidas son incapaces de tomar, y cuya capacidad no sólo de resistir los intentos de penetración sino también de desarrollar ofensivas tácticas permanece intacta. Los periódicos lanzamientos de misiles hacia Ashkelon o Tel Aviv, las sangrientas emboscadas contra unidades de las FDI, los continuos martillazos -a corta distancia- contra vehículos blindados israelíes, dan testimonio de la persistencia de una importante potencia de fuego y, sobre todo, de una coordinación táctica inalterada.
Fuentes de información israelíes atestiguan que el número de muertos y heridos se mantiene en secreto y sólo se comunica parcialmente. La retirada de la Brigada Golani, tal vez la mejor unidad de las FDI, debido a las pérdidas sufridas, así como el fracaso en la consecución de los objetivos tácticos que continuamente se dan por alcanzados (la red de túneles subterráneos sigue siendo claramente plenamente operativa, no se ha descubierto ni un solo centro de mando, ni un solo depósito de armas, ni una sola de las fábricas que producen los misiles…), no son sino los signos más evidentes de esta dificultad.
A más de dos meses del inicio de los combates, no solo el IDF aún no ha penetrado en todas las áreas urbanas de la Franja de Gaza, sino que sigue involucrado en enfrentamientos incluso donde se ha producido tal penetración. Ningún prisionero ha sido liberado por la fuerza: los dos únicos intentos han fallado trágicamente y el único caso en el que podrían haberse jactado ha sido anulado por una aplicación insensible de las reglas de combate.
Desde hace al menos un par de semanas se ha informado que la muerte de Yahya Sinwar es inminente, pero sigue escapando. A pesar de toda la potencia de la que dispone (aviación, tanques y vehículos blindados, artillería, inteligencia electrónica …), Tsahal no logra prevalecer.
Incluso en la guerra de comunicación, las fuerzas de la Resistencia tienen una clara ventaja, documentando inequívocamente en vídeo los ataques que han llevado a cabo contra las fuerzas israelíes, mientras que éstas hacen una barbaridad tras otra, mostrando imágenes de propaganda que además están mal construidas sobre sets reales.
Exactamente igual que en Ucrania, por tanto, también en Palestina las fuerzas que luchan contra el imperialismo de EEUU y la OTAN despliegan una estrategia de desgaste de las fuerzas contrarias, y en ambos casos se apoyan en el factor tiempo para poner al enemigo en una posición difícil. Quien, además, se encuentra ahora comprometido en dos frentes, con las dificultades de uno repercutiendo en el otro, mientras sus adversarios actúan por separado.
Prueba de que la geografía es ineludible, y de que la política no puede prescindir de ella. Y hoy la situación global es que las herramientas tradicionales del dominio imperial angloamericano, el poder talasocrático y la proyección a larga distancia, han tenido su momento y son inadecuadas.
El imperio se ve obligado a librar guerras muy problemáticas y exigentes, en distintos frentes; y tanto el poder naval como el derivado de la red de bases militares más extensa de la historia, corren el riesgo de convertirse en un problema más que en una ventaja. Por la sencilla razón de que los enemigos ya no son tan débiles como para ser aplastados rápidamente (sino que pueden contraatacar), y de que saben elegir las estrategias y tácticas más eficaces para contraatacar.
El imperio ha perdido su arma más poderosa, la capacidad de disuasión. Y, obligado a utilizar la fuerza en tiempos y formas que no le son afines, se retira.
Sus enemigos, en cambio, lo desafían, ya no retroceden ante la amenaza. Entablan combate, imponen sus tiempos y modos. Y para ganar, les basta con resistir un minuto más.
Traducción nuestra.
*Enrico Tomaselli es Director de arte del festival Magmart, diseñador gráfico y web, desarrollador web, director de video, experto en nuevos medios, experto en comunicación, políticas culturales, y autor de artículos sobre arte y cultura.
Nota Nuestra
(1) La catábasis o katabasis (del griego κατὰ, ‘abajo’ βαίνω ‘avance’) es un descenso de algún tipo, como bajar una ladera, el sol al atardecer, una retirada en una campaña militar, una expedición a los infiernos o un viaje desde el interior hacia la costa. Como imagen retórica refiere a un descenso a los propios horrores a fin de enfrentarlos, verlos, volverlos conscientes y luego ascender purificado por el horror y la conmiseración.
Fuente original: Giubbe Rosse News
