HAMÁS GANA LA BATALLA POR GAZA. Scott Ritter.

Scott Ritter.

Imagen: Combatientes de las Brigadas Ezzedin al-Qassam, el brazo militar de Hamás de una foto de EFE/Mohammed Saber; OTL

23 de noviembre 2023.

El alto el fuego anunciado recientemente es una bendición tanto para palestinos como para israelíes: una oportunidad para que se intercambien prisioneros, se distribuya ayuda humanitaria a los necesitados y se calmen las emociones de ambas partes del conflicto.


Aunque el alto el fuego, negociado entre Israel y Hamás por Qatar, fue acordado mutuamente entre ambas partes, que nadie se engañe pensando que esto fue algo menos que una victoria para Hamás. Israel había adoptado una postura muy agresiva en el sentido de que, dado su objetivo declarado de destruir a Hamás como organización, no aceptaría un alto el fuego bajo ninguna condición.

Hamás, por otra parte, había hecho de la liberación de los prisioneros palestinos, y en particular de las mujeres y los niños, retenidos por Israel, uno de sus objetivos primordiales al iniciar la actual ronda de enfrentamientos con Israel. Visto así, el alto el fuego representa una importante victoria para Hamás y una humillante derrota para Israel.

Una de las razones por las que Israel evitó un alto el fuego fue que confiaba en que la operación ofensiva que había lanzado en el norte de Gaza iba a neutralizar a Hamás como amenaza militar, y que cualquier alto el fuego, independientemente de la justificación humanitaria, sólo compraría tiempo para que un enemigo con Hamás, derrotado descansara, se reabasteciera y se reagrupara. Que Israel haya firmado un alto el fuego es la señal más segura hasta ahora de que no todo va bien en la ofensiva israelí contra Hamás.

Este resultado no debería haber sorprendido a nadie. Cuando Hamás lanzó su ataque del 7 de octubre contra Israel, puso en marcha un plan que llevaba años gestándose. La meticulosa atención al detalle que se puso de manifiesto en la operación de Hamás subrayó la realidad de que Hamás había estado estudiando a las fuerzas de inteligencia y militares israelíes desplegadas contra ella, descubriendo puntos débiles que posteriormente fueron explotados. La acción de Hamás representó algo más que una sólida planificación y ejecución táctica y operativa: fue también una obra maestra de conceptualización estratégica.

Una de las principales razones de la derrota israelí del 7 de octubre fue el hecho de que el gobierno israelí estaba convencido de que Hamás nunca atacaría, independientemente de lo que dijeran los analistas de inteligencia encargados de vigilar la actividad de Hamás en Gaza. Este fracaso de la imaginación se debió a que Hamás había identificado las metas y objetivos políticos de Israel (la anulación de Hamás como organización de resistencia emprendiendo una política basada en «comprar» a Hamás mediante un programa ampliado de permisos de trabajo concedidos por Israel a los palestinos que vivían en Gaza). Al seguirle el juego al programa de permisos de trabajo, Hamás adormeció a los dirigentes israelíes, permitiendo que los preparativos de Hamás para su atentado se llevaran a cabo a plena vista.

El atentado del 7 de octubre de Hamás no fue una operación aislada, sino parte de un plan estratégico que tenía tres objetivos principales: volver a situar la cuestión del Estado palestino en el primer plano del discurso internacional, liberar a los miles de prisioneros palestinos retenidos por Israel y obligar a Israel a cesar y desistir en su profanación de la mezquita de Al Aqsa, el tercer lugar más sagrado del Islam.

El ataque del 7 de octubre, por sí solo, no podía lograr estos resultados. Más bien, el atentado del 7 de octubre se diseñó para desencadenar una respuesta israelí que creara las condiciones necesarias para que fructificaran los objetivos de Hamás.

El ataque del 7 de octubre se diseñó para humillar a Israel hasta la irracionalidad, para garantizar que cualquier respuesta israelí se rigiera por la necesidad emocional de venganza, frente a una respuesta racional diseñada para anular los objetivos de Hamás. En este caso, Hamás se guio por la doctrina israelí establecida del castigo colectivo (conocida como la Doctrina Dahiya, llamada así por el suburbio de Beirut occidental que fue bombardeado intensamente por Israel en 2006 como forma de castigar al pueblo libanés por el fracaso de Israel en derrotar a Hezbolá en combate). Al infligir una humillante derrota a Israel que hizo añicos tanto el mito de la invencibilidad israelí (en lo que respecta a las Fuerzas de Defensa de Israel) como el de la infalibilidad (en lo que respecta a la inteligencia israelí), y al tomar como rehenes a cientos de israelíes antes de retirarse a su  guarida subterránea bajo Gaza, Hamás tendió una trampa a Israel en la que, como era de esperar, se precipitó el gobierno del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu.

Hamás ha preparado una red de túneles bajo la Franja de Gaza que, en total, se extienden a lo largo de más de 500 kilómetros. Apodados el «Metro de Gaza», estos túneles consisten en búnkeres subterráneos profundos interconectados utilizados para mando y control, apoyo logístico, tratamiento médico y alojamiento, junto con otras redes de túneles dedicadas a operaciones defensivas y ofensivas. Los túneles están enterrados a una profundidad suficiente para evitar su destrucción por la mayoría de las bombas que posee Israel y han sido aprovisionados para resistir un asedio de hasta tres meses (90 días) de duración.

Hamás sabe que no puede enfrentarse a Israel en un encuentro clásico de fuerza contra fuerza. En lugar de ello, el objetivo era atraer a las fuerzas israelíes a Gaza, y luego someter a estas fuerzas a una serie interminable de ataques y fuga por parte de pequeños equipos de combatientes de Hamás que saldrían de sus guaridas subterráneas, atacarían a una fuerza israelí vulnerable y luego desaparecerían de nuevo bajo tierra. En resumen, someter al ejército israelí a lo que equivale a una muerte por mil cortes.

Y funcionó. Aunque las fuerzas israelíes han podido penetrar en las zonas menos urbanizadas del norte de la franja de Gaza, aprovechando la movilidad y la potencia de fuego de sus tropas blindadas, el progreso es ilusorio, ya que las fuerzas de Hamás hostigan continuamente a los israelíes, utilizando mortíferos cohetes con cabezas en tándem para inutilizar o destruir vehículos israelíes, matando a decenas de soldados israelíes e hiriendo a cientos más. Aunque Israel se ha mostrado reticente a revelar las cifras de vehículos blindados perdidos de esta forma, Hamás afirma que se cuentan por centenares.

Las afirmaciones de Hamás se ven reforzadas por el hecho de que Israel ha interrumpido la venta de tanques Merkava 3 más antiguos y, en su lugar, ha organizado su inventario de estos vehículos en nuevos batallones blindados de reserva para compensar las graves pérdidas sufridas tanto en Gaza como a lo largo de la frontera septentrional con Líbano, donde las fuerzas de Hezbolá libran una mortífera guerra de desgaste con Israel en operaciones destinadas a apoyar a Hamás en Gaza.

Pero la principal razón de la derrota de Israel hasta la fecha es el propio Israel. Tras morder el anzuelo y caer en la trampa de Hamás, Israel pasó a ejecutar su Doctrina Dahiya contra la población palestina de Gaza, llevando a cabo ataques indiscriminados contra objetivos civiles en flagrante desprecio del derecho de la guerra. Se calcula que unos 13.000 civiles palestinos han muerto a causa de estos ataques, entre ellos más de 5.000 niños. Muchos miles de víctimas más permanecen enterrados bajo los escombros de sus viviendas destruidas.

Aunque Israel pudo haber conseguido el apoyo de la comunidad internacional tras el atentado del 7 de octubre perpetrado por Hamás, su flagrante reacción exagerada ha vuelto a la opinión pública mundial en su contra, algo con lo que Hamás contaba. En la actualidad, Israel está cada vez más aislado, perdiendo apoyo no sólo en el llamado Sur Global, sino también en bastiones tradicionales del sentimiento proisraelí en Estados Unidos, Reino Unido y Europa.

Este aislamiento, combinado con el tipo de presión política que Israel no está acostumbrado a recibir, contribuyó a la aquiescencia del gobierno de Netanyahu respecto al alto el fuego y el posterior intercambio de prisioneros.

Queda por ver si el alto el fuego se mantendrá o no. También sigue abierta la cuestión de convertir el alto el fuego en un cese duradero de las hostilidades. Pero una cosa es cierta: al haber declarado que la victoria se define por la derrota total de Hamás, los israelíes han preparado el terreno para una victoria de Hamás, algo que Hamás consigue simplemente sobreviviendo.

Pero Hamás está haciendo algo más que sobrevivir: está ganando. Tras haber luchado contra las Fuerzas de Defensa de Israel hasta la paralización en el campo de batalla, Hamás ha visto fructificar cada uno de sus objetivos estratégicos en este conflicto. El mundo está articulando activamente la necesidad absoluta de una solución de dos Estados como requisito previo para una paz duradera en la región.

Los palestinos prisioneros de Israel están siendo canjeados por los israelíes que Hamás tomó como rehenes. Y el mundo islámico está unido en la condena de la profanación por Israel de la mezquita de Al Aqsa.

Ninguna de estas cuestiones estaba sobre la mesa el 6 de octubre. Que se aborden ahora es testimonio del éxito que tuvo Hamás el 7 de octubre, y en los días y semanas siguientes, cuando las fuerzas israelíes fueron derrotadas por una combinación de la tenacidad de Hamás y su propia predilección por la violencia indiscriminada contra los civiles.

Lejos de haber sido eliminada como fuerza militar y política, Hamás se ha erigido en la voz y la autoridad quizá más relevantes cuando se trata de defender los intereses del pueblo palestino.

Traducción nuestra.


*Scott Ritter es un antiguo oficial de inteligencia del Cuerpo de Marines de EEUU que sirvió en la antigua Unión Soviética aplicando tratados de control de armas, en el Golfo Pérsico durante la Operación Tormenta del Desierto y en Irak supervisando el desarme de armas de destrucción masiva. Su libro más reciente es Disarmament in the Time of Perestroika, publicado por Clarity Press.

Fuente original: Sputnik International

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