Vijay Prashad.
Pintura: Malak Mattar (Palestina), Last Painting Before the 2021 War [La última pintura antes de la guerra de 2021], 2021.
19 de octubre 2023.
Es cierto que la máquina de matar israelí sigue cobrando vidas, pero creemos que esto no hará sino reforzar nuestra determinación de seguir resistiendo. Permítanme concluir con una cita del poeta comunista palestino Muin Bseiso: “Sí, podemos morir, pero arrancaremos la muerte de nuestra tierra”.
Esta semana, del 14 al 18 de octubre, la conferencia Dilemas de la Humanidad reunió a líderes políticos, activistas e intelectuales orgánicos de todo el mundo para debatir los problemas centrales que enfrenta hoy la humanidad y fortalecer las propuestas para abordarlos. Reunidos en Johannesburgo (Sudáfrica), las y los participantes contemplaron horrorizados cómo Israel intensificaba su guerra genocida contra el pueblo palestino. El 17 de octubre, undécimo día consecutivo de bombardeos, Israel conmocionó al mundo bombardeando el hospital árabe de al-Ahli, en la ciudad de Gaza, donde miles de civiles recibían tratamiento médico y buscaban refugio de los ataques. Según la estimación inicial del Ministerio de Sanidad de Gaza, más de 500 personas fueron asesinadas, aunque es seguro que esa cifra aumentará en los próximos días. Un día antes de la masacre, el Consejo de Seguridad de la ONU tuvo la oportunidad de aprobar una resolución que pedía un alto el fuego en Gaza, lo que podría haber evitado el bombardeo del hospital. Sin embargo, esta resolución fue bloqueada por Estados Unidos, Reino Unido, Francia y Japón.
Durante la sesión inaugural de la conferencia Dilemas de la Humanidad, en medio de lo que muchos han denominado una segunda Nakba, la militante del Partido Popular Palestino Arwa Abu Hashhash pronunció un apasionado discurso sobre el ataque a su país. El boletín de esta semana contiene su discurso, con las cifras y fuentes actualizadas al 18 de octubre.

El genocidio del pueblo palestino cuenta hoy con el apoyo inequívoco de las potencias imperialistas del mundo, principalmente Estados Unidos y algunos países occidentales aliados. Estos países están haciendo un terrible pero inútil intento de redefinir la esencia del conflicto palestino-israelí como una cuestión de terrorismo, comparando al pueblo palestino y su resistencia con ISIS, y poniendo a Hamás y al pueblo palestino en el mismo saco dentro de lo que ellos llaman la “Guerra contra el terror”. En su esfuerzo deliberado por establecer esta narrativa, estas potencias pretenden en primer lugar legitimar las matanzas y los crímenes cotidianos cometidos por Israel. Pretenden cegar al mundo ante la verdad que se esconde tras el actual conflicto y siguen ignorando y eludiendo la realidad de que la causa palestina es una cuestión de liberación nacional.

Israel, que no existía hace 75 años, se estableció mediante uno de los actos de limpieza étnica más violentos de la historia moderna con el apoyo inquebrantable del imperialismo británico de la época y, más tarde, del imperialismo estadounidense junto con el francés y otras fuerzas europeas. Cuando estas potencias imperialistas trataron de apoderarse de los recursos de nuestra región y explotar sus riquezas, sus intereses convergieron con los del movimiento sionista, que se propuso resolver los problemas del pueblo judío en Europa estableciendo el Estado de Israel y colonizando tierras palestinas, desplazando a su población.

Israel, tras apoderarse de la mayor parte de Palestina en 1948 y desplazar a casi 800.000 personas —la inmensa mayoría de la población en aquel momento— [en un acto de limpieza étnica conocido como Nakba] reocupó lo que quedaba de la Palestina histórica al apoderarse de Cisjordania y la Franja de Gaza en 1967. Desde entonces, Israel ha violado persistentemente todos los acuerdos internacionales construyendo más de 200 asentamientos ilegales, cada uno de ellos con miles de viviendas en las que ahora residen más de 700.000 colonos. La construcción de estos asentamientos implica no solo la confiscación de miles de hectáreas de tierra palestina, privando a muchas personas de sus tierras y medios de subsistencia básicos, sino también la separación de ciudades y pueblos palestinos entre sí, dificultando la circulación y movilidad de la población palestina y socavando la posibilidad de establecer un Estado contiguo, incluso en las zonas que todo el mundo reconoce como territorio palestino.
Además, Israel sigue reteniendo a más de 5.000 palestinos, entre ellos 1.264 “detenidos administrativos” recluidos sin cargos ni juicio —práctica prohibida por el derecho internacional—, así como a 170 menores de 16 años y 30 mujeres. Más de 1.000 de estos presos padecen diversos problemas de salud, 200 de ellos enfermedades crónicas, y se enfrentan a una negligencia médica deliberada por parte de las autoridades penitenciarias israelíes. Esto incluye no proporcionar los medicamentos necesarios, negar procedimientos quirúrgicos esenciales y mantener a los detenidos enfermos en confinamiento en lugar de proporcionarles atención médica en clínicas u hospitales.

Gaza, a la que Israel somete hoy al genocidio más brutal utilizando cantidades descomunales de explosivos pesados y armas prohibidas internacionalmente, lleva más de dieciséis años sometida a un asedio asfixiante. Durante este asedio y bloqueo, Israel ha emprendido más de seis guerras sangrientas, que han causado miles de muertes, decenas de miles de personas heridas, muchas de las cuales sufrieron discapacidades permanentes, y el desplazamiento de tantas familias. Gaza se ha convertido en una prisión al aire libre para dos millones de palestinos y palestinas. Cientos de hogares, escuelas, universidades, lugares de culto y centros de salud han sido bombardeados y destruidos, lo que ha provocado una persistente crisis de desplazamiento para la población palestina, que en su mayoría ya eran refugiados expulsados de sus tierras durante la Nakba de 1948. En la actualidad, existe un intento explícito por parte de Israel de desplazar por la fuerza a quienes residen en Gaza, intento que no ocultan sino que expresan abiertamente en diversas emisiones de televisión.
Ante las consecuencias de la brutal colonización que el pueblo palestino ha soportado durante más de 75 años, las potencias imperialistas y sionistas occidentales han propagado un sinfín de falsedades para justificar su inquebrantable apoyo [a Israel]. Esto va desde describir la tierra palestina como “una tierra sin pueblo”, intentar describir el conflicto entre palestinos y colonos israelíes como una lucha religiosa y, más recientemente, enmarcar el conflicto como una guerra contra el terrorismo.
Hoy tenemos la tarea fundamental de desmantelar esta narrativa imperialista occidental y sustituirla por la verdadera historia del pueblo palestino, su lucha legítima y su resistencia por su liberación y sus derechos.
Hoy también estamos librando otra batalla, la batalla de las emociones, en la que siempre hemos hecho hincapié en nuestro trabajo en la Asamblea Internacional de los Pueblos (AIP). En esta batalla, las fuerzas imperialistas tratan de despojar a la humanidad, incluido el pueblo palestino, de su creencia en la viabilidad y el potencial de la resistencia y, en su lugar, difunden un discurso basado en la frustración y la derrota. Lo que ocurrió el 7 de octubre es parte integral de la lucha del pueblo palestino durante los últimos 75 años. La resistencia contra el colonialismo y la ocupación es un derecho humano justo, protegido por todas las leyes internacionales. Cualquier intento de presentar lo ocurrido como un «ataque» o «terrorismo» es encubrir el terrorismo del Estado ocupante y un intento de legitimarlo.

Permítanme dar las gracias a todos los movimientos sociales que actúan en solidaridad con el pueblo palestino y hacer extensivo mi agradecimiento a la AIP, que siempre ha abrazado la causa de Palestina. Es cierto que la máquina de matar israelí sigue cobrando vidas, pero creemos que esto no hará sino reforzar nuestra determinación de seguir resistiendo. Permítanme concluir con una cita del poeta comunista palestino Muin Bseiso: “Sí, podemos morir, pero arrancaremos la muerte de nuestra tierra”.
¡Victoria para la resistencia! ¡Libertad para Palestina!

*Vijay Prashad es un historiador, editor y periodista indio. Es miembro de la redacción y corresponsal en jefe de Globetrotter. Es editor en jefe de LeftWord Books y director del Instituto Tricontinental de Investigación Social. También es miembro senior no-residente del Instituto Chongyang de Estudios Financieros de la Universidad Renmin de China. Ha escrito más de 20 libros, entre ellos The Darker Nations y The Poorer Nations. Sus últimos libros son Struggle Makes Us Human: Learning from Movements for Socialism y The Withdrawal: Iraq, Libya, Afghanistan, and the Fragility of U.S. Power (con Noam Chomsky).
