Charla y debate con Gabriel Merino organizado con la participación de Omar Gejo, Martín Martinelli y Gustavo Keegan realizada el 26 de mayo 2021.
Pintura: Tomado de Contretemps
Organizan: Observatorio Geohistórico Universidad Nacional de Luján (UNLu), Grupos GE “Palestina y América Latina” y GT “China y el mapa de poder mundial” del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO)
14 de octubre 2023.
Presentamos a continuación la charla debate realizada con Gabriel Merino, realizada el 26 de mayo 2021 que fue organizada por Observatorio Geo histórico Universidad Nacional de Luján (UNLu), Grupos GE “Palestina y América Latina” y GT “China y el mapa de poder mundial” del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) y enviada por nuestro camarada y amigo de esta pagina web Martín Martinelli. Esta charla la consideramos muy importante por los elementos que presenta acerca del análisis geopolítico y por su utilidad para la formación militante de los cuadros revolucionarios. La puedes escuchar completa en el video disponible https://clacso.tv/pelicula/gabriel-merino-geopolitica-charla-debate-observatorio-geohistorico/
Observatorio de Trabajador@s en Lucha
Exposición de Gabriel Merino
En las teorías del sistema mundo, particularmente a Arrighi, comparto ciertas cuestiones. Entre ellas observar, en el orden capitalista moderno, ciclos de hegemonía donde hay una fase de expansión material, no sólo de riqueza y fuerza productiva sino también de poder político y militar que está centrado en un Estado hegemónico y un conjunto de alianzas. A esta fase le sigue una ‘B’ que es de crisis de hegemonía para pasar a una fase ‘C’ de desorden global y guerras de transición.
Devenimos de una situación de crisis de hegemonía a uno de desorden mundial y caos sistémico donde se agudizan todas las contradicciones del sistema y se generalizan las guerras. La transición anterior fue entre 1914 y 1945, de hecho, yo la extiendo hasta 1953 con la Guerra de Corea que es la primera fase de la Guerra Fría. En esas grandes transiciones también se da la Revolución China en 1949. En un proceso que arranca en 1912 con la República, en 1927 empieza un proceso de guerra civil y el desarrollo de fuerzas lideradas por el Partido Comunista Chino (PCCh) que se agudiza en los años ’30 y en la Segunda Guerra Mundial. Pero también en 1947 tenemos la independencia de India y el surgimiento de los nacionalismos populares en América Latina.
Estas grandes transiciones históricas contuvieron varias guerras, entre ellas las dos Guerras Mundiales, que son también momentos propicios para procesos de revolución y contrarrevolución en las periferias, en el sur global. Es clave identificar esto porque son momentos de crisis económica, transición geopolítica, constitución de nuevas hegemonías.
La otra gran crisis es la de los ’70 que también es de hegemonía, aunque no tenga la magnitud de la anterior. Ahí China aparece como actor central para destrabar esa situación de crisis de acumulación en la reconfiguración del capitalismo global, una nueva división del trabajo caracterizada como ‘pos-fordista,’ en el que se relocalizan procesos industriales menos complejos del norte global. China también entra en esa fase y permite quebrar el bloque comunista con la Unión Soviética y entra con un proceso propio, producto de su propia revolución y con muchas particularidades en cuanto a su modelo de desarrollo que combina diferentes modos de producción.
Existe una diferencia fundamental de la actual transición con las anteriores, también marcadas por la teoría del sistema mundo. Una es que la actual transición rompe con quinientos años de ascenso y consolidación de la hegemonía de Occidente; es un cambio espacial clave. Ese ascenso que va desde el siglo XV al siglo XVIII donde vemos la hegemonía británica y la colonización, o neocolonización, de la India y China y desde los últimos años vemos un quiebre de esa tendencia y un proceso contrario.
En ese sentido se habla de ‘trampa de Tucídides’ pero nosotros no tenemos que ver cómo lo ve la geopolítica tradicional que desconecta los procesos. Estas teorías refieren sólo a cuestiones estatales desconectadas de los procesos del capitalismo global, que dejan de estar insertos en la economía del mundo como si sólo fueran luchas entre actores estatales sin clases, sin movimientos y sin estructura económica mundial. Esto es clave para entender las nuevas formas del enfrentamiento. Estamos en una ‘trampa de Tucídides’ que es cuando una potencia emerge y desafía a la dominante, lleva a un choque. En la actualidad, ese choque, que también se expresa por la Guerra Fría, no se da entre dos bloques separados. China, por el contrario, es un actor central del capitalismo mundial y lo está impregnando.
No se puede plantear una guerra en términos de dos bloques porque el problema de la destrucción mutua está claro por el arsenal armamentístico. Una guerra entre Rusia, Estados Unidos y China significaría el fin de la humanidad. Pero también hay que agregar, y por eso no es ‘guerra fría’, que es una guerra mundial híbrida, a lo que se suma una completa interconexión donde, aparte, el rival desafiante les conquistó el capitalismo mundial, el mercado mundial en el que sus empresas estratégicas estatales son un actor fundamental superando a Estados Unidos en el panel de las 500 empresas principales por ingreso donde hay 124 chinas y 121 estadounidenses.
Obviamente, en esta transición uno puede identificar que hay una disputa por seis dimensiones fundamentales del poder. En todos hay un frente de guerra. Disputa en la dimensión tecnológica-productiva. En la guerra comercial declarada por Trump está la intención de impedir a toda costa el plan “Made in China 2025” que implica terminar con los monopolios tecnológicos del norte global. Hay una disputa fuerte en lo tecnológico-productivo, lo que conocemos como cuarta revolución industrial.
Otra es la dimensión económica-monetaria a la que se suma la de control y administración soberana de los recursos naturales que llevó a guerras como las de Medio Oriente. Vinculado a esto, la disputa en torno a los medios masivos de comunicación y las plataformas de información donde cada vez más vemos la batalla de información. Por último, la dimensión de armas de destrucción masivas y complejos militares y otros matices ideológicos.
Todo esto hace a las densidades estatales y es central en las pujas geopolíticas actuales. A esto se cruzan los umbrales estatales. Es decir, ¿qué escala de estados tenemos? Claramente, son centrales los que tienen capacidad de disputar en función de la escala continental de poder mundial y riqueza mundial. Entonces, hay que cruzar esta densidad que se desarrolla a partir de estas capacidades estatales y el umbral o la escala en la que se desarrolla ese poder. El polo anglo- estadounidense intentó desarrollar esto a una escala global, incluso superior a la escala continental.
Esto es clave para entender la periferialización en el sur que implica la pérdida de capacidad en estas seis dimensiones. El neoliberalismo periférico guarda relación con el dicho proceso, como se desencadenaron en los ’80 y ’90 en América Latina, que justamente van a acompañar la pérdida de esa capacidad. Por el contrario, la ruptura de ese proceso de periferialización implica insubordinarse, bajo formas burguesas o no, a esa pérdida de poder en dimensiones fundamentales.
La otra cuestión central a analizar es que el inicio de la transición geopolítica lo tenemos que ubicar a partir de 1999- 2001. Mi propuesta también es una periodización de ese proceso. Entiendo que con la crisis de los ’70 se constituye el capitalismo global, el unipolarismo que tiene su apogeo en los ’90, pero la reacción que empieza a haber sobre ese mundo, sobre el Consenso de Washington y el capitalismo financiero neoliberal, es el momento del inicio de la transición.
En 1999 China recupera Macao luego de hacerlo con Hong Kong, pero también había iniciado la Organización para la Cooperación de Shanghái (OCS) con Rusia y los países de Asia Central que implicó una organización de seguridad para que Occidente y la OTAN no se metan ahí. Esto quiebra la dinámica post ’70 que era de enfrentamiento China- Rusia y empieza a generarse un acercamiento que se institucionaliza con esta entidad y tres meses después Estados Unidos lanza la guerra en Afganistán con los aliados y la OTAN.
El lanzamiento del Euro como moneda propia para avanzar en la centralización del poder europeo también se da en este contexto. En 1999 empieza a correr como unidad de cuenta y en el 2002 como plata en la calle. Pero también marca algunas diferencias con Estados Unidos y Londres que se van a ver en la Guerra de Irak. En estos años arranca toda la ola anti-neoliberal en América Latina con el zapatismo en 1994. A partir de 1999 empieza una crisis en la que sectores burgueses o más débiles de las clases dominantes, como por ejemplo acá en Argentina donde el grupo productivo comienza a romper con los modelos neoliberales y a desarrollar un modelo neo-desarrollista, o el caso de Brasil donde comienza a haber cambios impulsados también por la burguesía. También en 2000 tenemos la Guerra del Agua en Bolivia que forma parte de esta crisis neoliberal en la región.
Este proceso se caracteriza por estar en contra del mundo unipolar, el Consenso de Washington y el neoliberalismo periférico. Se ven un conjunto de movimientos, organizaciones y distintas expresiones de clases, incluso de sectores de la burguesía que reaccionan y empiezan a desarrollar otros modelos de mayor o menor disputa, porque en algunos hay mayor negociación con el capitalismo global y en otros hay rupturas más profundas.
Podemos ver seis tendencias claves de esta transición. Primera tendencia: un nuevo mapa del poder mundial donde la tendencia clave estructural es el ascenso de Asia Pacífico y el declive relativo de Occidente, donde China y también Vietnam expresan ese ascenso junto con los ‘tigres asiáticos’.
Una segunda tendencia en la agudización de las contradicciones político-estratégicas sistémicas. No son contradicciones políticas coyunturales, sino que expresan cuestiones estructurales que no se resuelven con acuerdos y negociados. Puede haber treguas parciales o momentos de exacerbación de tensiones políticas, pero hay una contradicción sistémica y cuando China rompe los monopolios tecnológicos de Occidente y debilita la capacidad de acumular al norte global, se da una fractura estructural que conduce a un choque sistémico incluso entre polos de poder centrales. Esto se ve, por ejemplo, entre Alemania y el ‘Nord Stream’ con Rusia para obtener gas barato y Estados Unidos e Inglaterra lo rompieron. Este es un caso de contradicción centro- centro. Lo mismo sucede con el hecho de que China se convirtió en el principal socio comercial de la Unión Europea que es un aliado clave de Estados Unidos.
Una contradicción central que viene desde el 2008 se agudiza entre los polos de poderes emergentes y re-emergentes, y los polos de poder centrales que dan lugar a muchos enfrentamientos. A medida que se agudiza la crisis capitalista, la financiarización y su modo de funcionamiento, produce cada vez más desigualdad no sólo entre norte y sur sino dentro del propio norte, lo cual genera diferentes tipos de estallidos. Estas también son contradicciones sistémicas.
Una tercera tendencia es la de las instituciones multilaterales y la legitimidad del orden mundial porque emergen nuevas instituciones frente a las del mundo unipolar. Primero emerge una contradicción interna a través de fuerzas nacionalistas conservadoras ligadas a fracciones de capital no globalista, burocracias civiles y militares antiglobalistas que ven en la globalización una pérdida de la soberanía. Todo eso se expresa en Trump, en el Brexit, en algunos movimientos en Europa que son sectores de nacionalismos ultraconservadores. Todos estos son los primeros que impugnan las instituciones multilaterales creadas por la hegemonía anglo- estadounidense. Estas instituciones son, por ejemplo, el FMI, el Banco Mundial, etc.
Estas instituciones reciben la presión de los procesos emergentes para que se democratice y se equipare la riqueza. Por otro lado, también emergen otras instituciones propias del mundo multipolar como los BRICS+ o el Banco Asiático de Inversión de Infraestructura (BAII), la OCS. Un conjunto de instituciones multilaterales de un mundo multipolar que pone en crisis a las instituciones del orden anterior, a lo que se le agrega una crisis de los partidos políticos en Occidente y América Latina.
La cuarta tendencia es la crisis económica estructural, del capitalismo financiero liberal y de la globalización. Dos datos lo expresan: desde el 2008 hay un estancamiento fuerte del norte global que contrasta con la capacidad y crecimiento de Asia Pacífico pero, además, el PBI nominal de la zona Euro y de Japón el año pasado no llegó a superar al PBI nominal de 2008. Estados Unidos pudo crecer, pero acelerando los procesos de financiarización, emisión y endeudamiento. Hay una crisis de sobreacumulación que no puede ser resuelta porque, por lo general, la salida son las soluciones espaciales que son guerras, por eso esta contradicción desde 2008.
El otro dato es que desde 2008 se detuvo el proceso de globalización que se caracterizaba por la transnacionalización del capital. Por cada punto de crecimiento de la economía, crecía dos puntos el comercio mundial y tres puntos la inversión extranjera directa. Mucha de esa inversión directa iba a comerse a la pequeña, mediana y gran burguesía local a través de los procesos de extranjerización de las estructuras productivas que es, en parte, contra lo que se empieza a reaccionar desde 1999 en adelante.
La cuarta tendencia refiere a la transformación de las formas dominantes de organizar la producción, un nuevo paradigma tecnológico que se conoce como “cuarta revolución industrial”: 5G, robotización, inteligencia artificial y, en particular, se transforman las relaciones de producción y veremos cómo evoluciona porque depende de una batalla que se está librando en China. Es un proceso de hibridación del modo de producción donde se combinan modos de producción que son capitalistas y otros que no lo son a través de la propiedad de los medios de producción estratégicos por parte del Estado y del sector financiero a lo que se suman formas mixtas y colectivas de propiedad.
Entonces en China, funciona la Ley del Valor, pero por otro lado hay un conjunto de procesos cuya ecuación de las inversiones tienen que ver con qué es estratégico, qué desarrollan las fuerzas productivas y, por otro lado, esas formas comunales que presionan por mayor bienestar, otro reparto de la riqueza, cuidado del ambiente y tienen mucha influencia desde el 2008 en adelante, explicando que se haya triplicado el salario en China. Hay cada vez más sectores de izquierda de trabajadores que le dieron otro carácter al proceso pos 2008.
Por último, la tendencia de las dinámicas disruptivas de las periferias y semiperiferias en medio de ascensos y declives. Claramente América Latina desde los ’80 comienza un declive, una periferialización, como producto de la hegemonía de Estados Unidos en la región. Hubo una restauración del modelo primario agroexportador frente a lo que hubo una reacción, en mayor o menor medida y profundidad, a partir de 1999-2001 pero no pudo resolver la tensión. Por momentos pudo detener algunos procesos y recuperar algunas capacidades nacionales y estatales de forma desigual, pero después de 2015 esos procesos de reacción se estancaron por diferentes motivos. Sin embargo, tampoco el giro neoliberal conservador tuvo capacidad de construir hegemonía en América Latina y eso también está en disputa.
La aceleración de estas tendencias implica el pasaje de la crisis de hegemonía al desorden mundial y caos sistémico. A partir de ahí marcaremos son momentos claves en la geopolítica. El primero es entre el 1997 y 2001 se desarrolla el germen de la crisis de desorden mundial y el nacimiento de la multipolaridad relativa en el que se reencuadra la relación entre Estados Unidos y China. A veces pasa inadvertido que ya en 2001, Estados Unidos define a esta relación no como la estrategia del siglo XXI, sino como de competencia estratégica y hoy es de rivalidad. En este marco, se empieza a ver la crisis de los modelos neoliberales en América Latina cuyos ejemplos más relevantes son Argentina y Brasil.
El segundo momento clave es el de la crisis financiera de 2008 con un gran impacto global donde se puede observar lo siguiente. Una es el desarrollo de los BRICS+ con liderazgo de China y Rusia para que la semiperiferia emergente emprenda la discusión del reparto de la riqueza y poder mundiales. Así, los BRICS+ son una paradoja: es un término acuñado por Jim O’Neill que originalmente eran los territorios fundamentales emergentes de la transnacionalización del capital, de la expansión y finalmente, estos países toman ese nombre y lo resignifican como espacio de acumulación de poder para ir a discutir el orden mundial, la división del trabajo, etc.
En el post 2008 también es clave que China salga de la trampa en la que está sometido Japón desde los ’80 y ’90 porque está subordinada estratégicamente a Estados Unidos, pues tiene permitido el desarrollo, pero no el de un complejo militar. ¿En qué medida sale China de esta trampa? China, hasta el 2008 compraba el 47% de los bonos del Tesoro de Estados Unidos; es decir, compra deuda que Estados Unidos necesita tomar para financiar su déficit comercial, comprarle a China y ésta, a su vez, acumulaba reservas. ¿Qué hace China después de la crisis de 2008? Reduce la compra de bonos al 17% y pone el excedente hacia el mercado interno: aumento de salarios, desarrollos tecnológicos, desarrollos comunitarios. Todo esto apuntalado por el propio Estado y no es casualidad que China cuadruplicó el PBI nominal que, si lo pasamos a términos reales es un 130% entre el 2008 y el 2019. En este periodo, mientras tanto, se observa estancamiento en Japón y la Unión Europea, por ejemplo.
El tercer momento clave es 2013-2014 porque se empieza a desarrollar esta guerra híbrida mundial fragmentada que es una multiplicación de conflictos convencionales y no convencionales o una combinación de ambas, pero donde también participan de forma directa las grandes potencias. El momento clave de esto es Ucrania, en Crimea, donde hubo una disputa importante entre, directamente, potencias occidentales contra Rusia en un territorio clave. Se multiplican estos conflictos híbridos: sur de China, América Latina, Oriente Medio y, además, el propio Occidente empieza a hablar de “guerra fría” en aquel caso contra Rusia y ahora contra China.
Además, empieza a desarrollarse la guerra de información, la ciberguerra, la guerra económica que Trump multiplica con la guerra comercial y empieza una disputa fuerte por Eurasia. Eso coincide con el lanzamiento chino de la Nueva Ruta de la Seda que contesta, además, al plan de Hillary Clinton y de las fuerzas globalistas de Occidente de desarrollar desde Afganistán una Ruta de la Seda, que no funcionó y debieron retirarse al no poder imponerse. Entonces, este lanzamiento geoeconómico de China también implica enfrentarse a esa estrategia de contención que avanzaba por el lado de Oriente con el Tratado Transpacífico (TPP) y por el lado occidental con el Tratado Transatlántico (TTIP) extendiendo a la OTAN hasta la frontera con Rusia. Ese movimiento de pinza geoestratégico y geoeconómico es contestado con un movimiento de construcción de poder en Eurasia.
Un cuarto momento es el Brexit y el ascenso de Trump porque rompe dentro de las potencias centrales, de los principales polos de poder, aunque ya no sean hegemónicos. En este contexto emergen nacionalismos: americanismos contra el globalismo, se caen el TTP y el TTIP, que eran las estrategias para contener a China y a Rusia, porque es el propio Trump quien considera que no van más. Junto a él, hay fracciones de capital industrial norteamericano que no quieren competir de igual a igual ni con Japón ni con Alemania sino que esos países sean subordinados económicos como lo son estratégicamente. Esta diferenciación entre fracciones atrasadas y avanzadas es clave y también lo vemos en disputas dentro de las fuerzas armadas entre quienes entienden que tienen que ir hacia una espacialidad superior, como la OTAN, para construir un umbral de poder más amplio y quienes no quieren conceder soberanía para seguir manteniendo la primacía desde Estados Unidos. Estas fracturas son claves que se dan, incluso, entre el multiculturalismo globalista y el anglosajonismo identitario nativista.
Por último, en 2020, se aceleran todas las tendencias de la transición y creo que estamos en el declive de Occidente, el ascenso de China, la crisis económica que llegó a una recesión y la multiplicación de los conflictos y tensiones en los países centrales. En este contexto, China ocupa un liderazgo más marcado e incluso ya no acepta imposiciones ni siquiera diplomáticas por parte de Occidente. Esto se observa hasta en el caso del conflicto de Palestina e Israel donde empezó a jugar un rol mucho más fuerte al denunciar el obstruccionismo de Estados Unidos y ofreciéndose como mediación en el conflicto diciendo que Estados Unidos está en contra de toda noción de justicia transnacional. Se está parando de otra manera y aceleró su ascenso con el de Asia pacífico.
¿Cómo se traduce esto en números? China es la única economía que crece y los demás pasan del estancamiento a un crecimiento más leve como el caso de Estados Unidos o recesión en el resto de los países. Otro dato que es clave es que China tiene un PIB industrial que es igual a la suma del de Japón, Estados Unidos y Alemania. No es meramente industria de una semiperiferia dependiente, sino que además está desarrollando diseño, construcción, tecnología, conocimiento estratégico en administración. Todo de manera autónoma. Obviamente, esto contrasta con el discurso neoliberal que decía que la industria no tenía sentido porque, según ellos, no conlleva al desarrollo.
Otra cuestión interesante para ver algo que dijo Qiao Liang, un militar famoso de China, en 1999 al dar una entrevista donde tira varias bombas, entre ellas dice: “Estados Unidos ha abandonado su industria manufacturera de gama baja y se ha transformado gradualmente en un país de industrias fantasmas. Si el mundo está en paz y todo el mundo está en paz con los demás entonces no hay problema, Estados Unidos imprime dólares para comprar su producto y todo el mundo trabaja para ellos. Todo eso está muy bien, pero en caso de epidemia o guerra, ¿puede un país sin industria manufacturera ser considerado un país poderoso?’ Metió el dedo en la llaga.
De aquí a prestar atención a la evolución en el índice de las 500 empresas principales por ingresos del mundo. En el 2000 había 10 chinas y la mayoría eran estadounidenses. Si no entendemos la Revolución del ’49 y cómo China afronta los cambios del ’70 y ’80 y compramos el discurso del neoliberalismo, cuando es lo antagónico a un proyecto neoliberal periférico, no entendemos cómo se da la evolución. Lo que primero se constituye es una relación de fuerza en un contexto geopolítico determinado que después redunda en ciertas situaciones de las fuerzas productivas y en capacidades mundiales.
Otro dato proviene de un informe de Estados Unidos que a veces exageran para levantar al monstruo y al enemigo para justificar mayores presupuestos militares. De todos modos, dice que el poder naval de China es superior al de Estados Unidos, que tiene más barcos. Esto es relativo porque en realidad si uno mira cualitativamente en el poder naval sigue siendo muy superior el de Estados Unidos, pero lo que sí es acertado en ese informe es que sí Estados Unidos perdió la primacía en el Pacífico Occidental. Es donde China constituyó la mayor área de libre comercio del mundo y donde, además, vive la mitad de la humanidad si incluimos el Índico. Por lo tanto, es el área más dinámica del mundo. Si a eso le sumamos lo que últimamente agregó China en capacidad misilística, es una preocupación para Estados Unidos.
La capacidad militar, de todos modos, no se mide sólo con el gasto militar porque el mismo dólar en Estados Unidos rinde menos que ese mismo dólar puesto en China y en Rusia donde los salarios de las fuerzas armadas son mucho más bajos. Además, Rusia tiene mucha capacidad de exportación, entonces financia gran parte de su complejo militar exportando armas. Pero, sobre todo, después hay que ganar las guerras y, en ese sentido, Estados Unidos no pudo traducir el gasto militar en triunfos militares contundentes. Sí, obviamente, en capacidad de invadir territorios, desarrollar un arsenal en diferentes sentidos, pero lo que se ve es cómo se achicó esta distancia porque hoy China representa el 14% del gasto militar cuando en los ’90 era el 1%.
Otra cuestión es ver cómo esta Nueva Ruta de la Seda rompe y bloquea atrás de los corredores de la unidad de Eurasia. Con esto rompe los estrangulamientos que daban ventaja al poder de mar, a las fuerzas anglo-estadounidenses en el sentido de que rompe, por ejemplo, el nudo en el Estrecho de Malaca a través de los corredores y sale directamente al Índico a través de Birmania- Myanmar como a través de Pakistán e Irán. Además de proveerse de hidrocarburos que van directamente por tierra de forma mucho más segura hasta China a través de gasoductos y oleoductos. Lo mismo que haría con Rusia y todo el desarrollo a través de este corredor de la Siberia Oriental.
Además de esto, rompe el famoso cordón umbilical que viene desde el imperio británico que separa a Europa y Asia en un eje que va desde Yemen hasta Finlandia con una serie de Estados tapón. Por eso también acá se reproduce un conjunto de disputas geopolíticas. De hecho, China con las últimas iniciativas, tanto de la Ruta de la Seda como de esta gran zona de libre comercio, rompió la geoestrategia muy bien desarrollada y explicitada por Brzezinski en su libro ‘El gran tablero de ajedrez mundial’. Allí habla de que para mantener la primacía, Estados Unidos debe mantenerse en Eurasia y, para esto, debe controlar estas dos periferias e impedir que cualquier poder continental traspase estos límites. Por eso ahí se articula tanto una alianza de defensa, en este caso la OTAN, y la famosa “OTAN del Pacífico” que se desarrolla con los QUAD formada por India, Japón, Australia y Estados Unidos. Además, lo que les mencionaba: el TPP como una institución abierta, una nueva estatalidad que se les impone a los estados nacionales.
En conclusión, ¿esto implica que hay una hegemonía china ahora? No. Lo que se ve es una crisis de hegemonía que deviene en caos sistémico y un enorme proceso de disputa. Ese es el momento en que se abrió la transición y que la pandemia aceleró catalizando un conjunto de tendencias y acelerando ese proceso. Hubo un cambio profundo del mapa del poder mundial y eso se puede ver en diferentes situaciones en Eurasia y en América Latina.
En estos procesos de transición, en el sur hay grandes movimientos, revoluciones y contrarrevoluciones, con represiones. Son momentos en que, como en las transiciones anteriores, se dan estas situaciones entre procesos de periferialización y los de desarrollo de poder nacional en las clases populares para enfrentarlo y eso genera estallidos y contradicción. En esas etapas se entienden mejor la disputa entre potencias por la influencia en América Latina y también cómo esa disputa de fuerzas está derivando también en una situación de levantamientos, estallidos, derrotas de los giros neoliberales conservadores. Son procesos en incertidumbre porque todavía se están escribiendo.
Martín Martinelli: ¿Qué reglas de juego con una marca propia puede imponer China en el plano geopolítico? ¿Qué procesos se propone controlar? Pusiste como punto de quiebre al período 1997- 2001, ¿cómo analizas el período inmediatamente posterior a la caída de la Unión Soviética?
Gabriel Merino
Con respecto a la primera pregunta, yo he planteado esta cuestión de las reglas de juego que impuso Obama con el Tratado del Transpacífico (TTP), por ejemplo. Es toda una nueva institucionalidad, nueva estatalidad, en el sentido que se impone como normas con capacidad de coerción y consenso al interior de los estados nacionales. Esto en función de institucionalizar este capitalismo globalizado y en función de las reglas del juego de las grandes transnacionales. En estas reglas de juego entra, por ejemplo, el tema de la propiedad intelectual y patentes del que son muy celosos para que ese monopolio de las grandes transnacionales del norte global, que tienen las patentes y propiedad intelectual, mantengan ese monopolio e impidan los procesos de acortamiento de esas distancias de desarrollo tecnológico de países semiperiféricos.
Otra de las reglas de juego que imponía Obama era que todo lo que sean demandas entre estados naciones y transnacionales, como pasa acá con el tema de la deuda en algunos tramos, la jurisdicción, por si hay conflictos, debían ser tribunales internacionales. Obviamente era en detrimento de China porque tienen mayoría de las viejas potencias del G7. Así, sucesivamente.
Lo que hace China, Rusia y otros emergentes es, primero, bloquear esos procesos de imposición de normas, de reglas de juego y, por otro lado, promueve otras. Pero esas otras son especies de grandes postulados y no tanto “reglas de juego”. China no se mueve por imposición de reglas de juego sino que siempre juega a que, en todo caso, no haya otra posibilidad de movimiento que jugar con ella.
Fíjense lo que pasó en Afganistán: no fue invadida por China para plantarse abiertamente a Estados Unidos pero lo que sí hizo fue empezar a invertir en infraestructura para la explotación mineral desde 2012-2013. Ahí empezó a generar grandes pasos económicos, un “ganar-ganar” donde se lleva los minerales a cambio de lo que corresponde. A esto se suma que China empieza a rodear creando la OCS a la que a partir de 2014 se suman India y Pakistán. Por último, se observa una alianza china-iraní que completa el cercamiento terrestre a Afganistán mostrando que la estrategia china es diferente.
Otro ejemplo para entender el juego es el caso brasilero. Bolsonaro asumió que era el soldado de Trump, anti-China, con un canciller que tiene un nivel de cipayismo que da vergüenza ajena, pues compara a Trump con una especie de nuevo mesías, salvador de Occidente. Ahora bien, cuando quisieron ir contra China, los que se pararon de manos fueron los agro-negocios de Brasil que viven gracias a China. La ministra de Bolsonaro salió a aclarar que con China se llevaban bien y el vicepresidente, que es el poder real de las fuerzas armadas dentro del bolsonarismo, fue a China y declaró que tenían un “matrimonio natural”.
Ahí se ven las realidades. Más que ponerte las reglas de juego, China impone condiciones materiales y lo hace a través de su enorme influencia, capacidad de negocio e inversiones. El que quiera hacer negocio, lo hace: el que no quiere, no lo hace pero su realidad material se termina imponiendo. En este sentido, lo que es bueno de China y Rusia, mirado desde el Sur, es que rompe estructuras que nos benefician. Por ejemplo, si nosotros hubiéramos entrado a la Alianza del Pacífico nuestra industria farmacéutica se hubiera visto dañada porque, por el tema de las patentes, muchos medicamentos no se podrían fabricar o habría que comprarlo en laboratorios estadounidenses. Entonces, la discusión sobre las reglas de juego mundial viene bien y nos generan espacios para poder poner en cuestión esas reglas de juego. Estamos en un mundo donde ya no hay hegemonía ni reglas de juego porque ya no hay árbitro.
Respecto de la pregunta de Rusia, arranco planteando el por qué marco el periodo 1997- 2001. Uno, empieza más tibiamente, y por problemas de límites territoriales, el acercamiento con China para solucionar conflictos, pero también es el momento en que Estados Unidos empieza a poner el foco, con la expansión de la OTAN para desafiar el espacio postsoviético a Rusia, en Asia Central y en Europa del Este. De hecho, hay jugadores claves: Azerbaiyán rompe el monopolio del control de los recursos naturales e hidrocarburos instalando un ducto hasta el Mediterráneo por Turquía. Uzbekistán también le da un rol predominante a Turquía.
Sobre esto, Brzezinski en 1997 habla de “Balcanes euroasiáticos” y “agujeros en Asia Central”. Es que después de la caída de la Unión Soviética, Rusia transita un declive tremendo y una periferialización acelerada con una pérdida de la capacidad de nación. Pero a partir de 1997 empieza a haber un movimiento nacionalista dentro de las fuerzas armadas, servicio de inteligencia y fuerzas políticas que después encarnó Putin. Con el proceso en marcha, deshacen la división entre China y Rusia, y le pueden empezar a poner freno a Occidente y a Estados Unidos que es lo primero que pudieron lograr.
En ese mismo año 1997, China recuperó Hong Kong y en Rusia se empieza a ver cierto proceso para frenar el declive, empezar a asegurar fronteras, dejar de perder territorio e influencias en el espacio postsoviético para abrir el camino inverso. Por supuesto, esto no es lineal porque hay avances y retrocesos. Lo que sí sucede es que el plan que significaba reducir a Rusia a su mínima expresión e incorporarlo a la Unión Europea sacándola como potencia euroasiática para incluirlo en un equilibrio de poder pro- occidental, se ve obstaculizado.
Uzbekistán firmó el Tratado de Cooperación de Shanghái rompiendo con la apuesta de Estados Unidos de hacer lo mismo que con Azerbaiyán. La incorporación de Uzbekistán es un indicador de que Occidente no pudo traccionar, no tuvieron capacidad. Eso después deriva en que este surgimiento del nacionalismo ruso va a la reconstrucción de las fuerzas armadas y también a la nacionalización de los hidrocarburos, su control por encima de los oligarcas.
Omar Gejo: Me gustaría colocar sobre la mesa un tema que, para mí, es muy importante y dentro de nuestro Proyecto de Investigación tiene una dimensión clara que es el papel que cumplió históricamente Medio Oriente como periferia estratégica en todos los procesos de cambios geopolíticos.
Me remonto, en términos históricos, a la ofensiva tardía británica que es el acuerdo Sykes-Picot que termina por redefinir el papel que jugaría la periferia del Imperio Otomano tras la Primer Guerra Mundial. De allí saltamos a la creación del Estado de Israel y luego tenemos el Canal de Suez en el ’56 donde creo que Estados Unidos le marca la cancha definitivamente a las viejas potencias europeas para colocarle bandera negra y el paso a boxes. A esto le sigue la guerra de octubre del ’73 que como continuación de lo que sabemos fue un acuerdo secreto entre Estados Unidos y Arabia Saudita para colocar el nuevo Bretton Woods bajo regencia de petróleo.
Lo anterior se puede completar con la Guerra de Irak en 1991 y todo lo que conocemos recordando que esa primera Guerra del Golfo, la del ’91, que sigue dos años después al final de la larga guerra entre Irán e Irak entre ’80 y ’88; va a seguirle el proceso de desintegración balcánica, las guerras en Yugoslavia y que concluirán con el intento de irrupción en el Cáucaso que son las guerras de Chechenia para terminar llegar al 2001 en Afganistán y el regreso definitivo a Irak.
Nosotros sostenemos que Medio Oriente es una región estratégica, porque cuando se mueve las cosas ahí, es porque algo está ocurriendo en lugares determinantes para el orden mundial. Estamos viendo, o ya hemos visto, la marcha de lo que ellos han denominado el “proyecto de reordenamiento estratégico de Medio Oriente” y 2001 fue el punto de partida más visible de eso que también tiene que ver, en parte, con el trabajo de Brzezinski, que fue uno de los mejores lectores geopolíticos que tuvo Estados Unidos. Ese proyecto, para mí, es una especie de puente para la acción directa que es el cerco de China, pero implicó desembarazarse del nudo de problemas en Medio Oriente. Para así liberar el campo y dejar fundamentalmente en manos de Arabia Saudita y su vieja alianza con Israel, para que ejercieran el patrón de seguridad en la región frente al único Estado que dejaron en pie con posibilidad de plantarles cara que es Irán. Por lo tanto, me parece que debemos estudiar Medio Oriente en este proceso de reconfiguración porque cada tanto se presentan nuevos capítulos y el que se abrió en los últimos días, que es el levantamiento palestino, que están ocurriendo y seguirán sucediendo cosas importantes.
Gabriel Merino
Primero, suscribo a las palabras de Omar y sí, Medio Oriente condensa todas las tensiones mundiales. Fíjense que la ubicación de Eurasia: está en el medio de todos los grandes jugadores, es una zona donde sigue estando la reserva mundial de petróleo que es lo que mueve al planeta, aunque estemos en una transición energética.
China y Rusia no sólo tuvieron capacidad de ir frenando muchos procesos en Asia Central desde 2001, y además se fueron formando como productores tecnológicos. Esto avanzó mucho en Medio Oriente. Dábamos los ejemplos de Siria e Irak, donde Estados Unidos no pudo tener victorias claras, sino que también se vieron fortalecidos los grupos contrarios y eso se expresó en diferentes situaciones gubernamentales. Entonces, hay una franja que va desde Irán a Irak, Siria y el Líbano que es una salida directa al Mediterráneo desde Asia Central, y hoy está bajo otra ecuación de poder que rompe el eje creado con los Estados tapón. Lo mismo hace Rusia en el vínculo directo con Alemania porque rompe los estados tapones, el “cinturón sanitario”.
Acá se inserta el conflicto Palestina-Israel con el agregado de que se juega una interna clave en Estados Unidos y Occidente entre globalistas y nacionalistas. El americanismo va con la ecuación del Gran Israel, fortalecerlo y, desde ahí, ir contra Irán para controlar el Golfo Pérsico eliminando resistencias y fortaleciendo la alianza con Arabia Saudita. Obviamente, el globalismo quiere ir hacia un equilibrio de poder en Medio Oriente donde juegan cinco potencias: Irán, Turquía, Israel, Egipto y Arabia Saudita. El punto de los globalistas es acercarse a Irán y alejarla de una alianza con Rusia y China y concentrarse en el Pacífico. No quiere decir que no sea una periferia estratégica, como dice Omar, sino que es otro diseño geoestratégico. Ellos plantean que si se empantanan en Medio Oriente se desequilibra el resto; por eso el giro al Pacífico. De hecho, ven a la Guerra de Irak como un gran error estratégico porque, encima, significó pelear con alemanes y franceses.
Antes de la asunción presidencial de Obama en 2008 se lanza también una ofensiva de Israel porque al caer Bush caía el apoyo a la política ultrasionista. En 2014 se reinserta esa tensión que se recrudecen los ataques bélicos israelíes y en este 2023, un nuevo momento geopolítico clave. Creo que la tensión al interior de Washington es muy importante para entender lo que pasa en Medio Oriente, así como también tener en cuenta la amenaza del Líbano abriéndose un frente en el norte. Y el rol de China que expone a Estados Unidos acusándolos de obstruir el funcionamiento del Consejo de Seguridad y que está del lado opuesto de toda justicia internacional legitimando la posición de Palestina y de denuncia de la masacre sobre Gaza.
Los tres momentos claves de la transición que marqué: 2008- 2009; 2014 y 2020-2021 se recrudeció el conflicto palestino, porque es un tablero fundamental, no sólo en relación al cambio de gobierno en Estados Unidos sino en el tablero mundial. Hay que estudiar mucho más esto.
Martín Martinelli: El desplazamiento político, la asiatización a nivel económico, plantea una disputa que no es menor y en el que entran los medios de comunicación. Esto es muy notorio en Argentina: cada vez que se intensifica la escalada de violencia en la región, se ve una manipulación mediática de lo que pasa en Medio Oriente y ayuda a confundir a los que no conocen mucho del tema tratando de equiparar a dos contendientes que no son iguales.
Volviendo a las preguntas de los alumnos, hay muchas orientadas hacia la situación de América Latina y de Argentina en este escenario.
Gabriel Merino
En relación a América Latina, podemos advertir que entre 1999 y 2001 se da ese proceso de resistencias a los ajustes del FMI que se expresan de diferentes formas con gobiernos neodesarrollistas o de anclaje más popular y radicalidad o, simplemente, países que recién ahora están viviendo esos proceso de forma más aguda como Chile, Colombia o Perú.
Desde ahí, uno puede decir que eso que avanzaba en clave de ganar autonomía como con el ParlaSur, con políticas desarrollistas, en términos mediáticos vimos el nacimiento de TeleSur que podía parecer un proceso de nacionalización económica en el caso de hidrocarburos. En este marco vemos nacionalizaciones parciales como YPF en Argentina, la de Petrobras en Brasil que cambia el componente accionario pasando a pesar más el Estado o las nacionalizaciones más fuertes como el caso boliviano. También vemos cierto desarrollo tenue de capacidades tecnológicas.
Todo esto se traduce, muchas veces, en forma contradictoria porque en muchos gobiernos conviven lógicas neoliberales, neodesarrollistas y de proyectos sociales populares. De hecho, lo veo bastante y de acuerdo a la correlación de fuerzas entre esas tres grandes líneas, hay expresiones en los gobiernos que, como todo gobierno en transiciones, contienen contradicciones.
La máxima acumulación de poder de estos proyectos de carácter autonomista y latinoamericanista se dio hasta 2010-2011 con la constitución de la CELAC. La UnaSur, el rechazo del ALCA en 2005. James Clapper, que fue parte del gobierno de Trump y que escribía los informes de Seguridad Nacional de Estados Unidos, dijo claramente que estos procesos autonomistas de la región eran una amenaza para la seguridad del país, como lo es también el liderazgo de Brasil.
A partir de ahí hay una contraofensiva en la región desde 2010, que se combina con la contraofensiva global que se ve en Siria, en Libia, en el Mar de China, en las fronteras de Corea. América Latina siempre fue el eslabón débil de las fuerzas multipolares, porque sus procesos son más contradictorios por la mayor influencia norteamericana. Además, tiene debilidades estructurales porque no avanzó hacia la conformación de un estado continental, sino que tienen procesos de integración más tenues y mantuvo estructuras económicas extranjerizadas y concentradas, aunque hubo procesos en contra.
En esta región afectó el boom de los commodities, hay un estancamiento. Después de 2015 hay un giro liberal conservador que se ve en los gobiernos de Argentina, Brasil pero que tampoco pudo construir hegemonía. Y ahora se está revirtiendo. Tal es así que México, que depende un 80% de las exportaciones que van a Estados Unidos, no se alineó respecto del golpe de Bolivia o a las intervenciones en Venezuela.
Creo que la región está en un momento donde este mundo multipolar, este ascenso de potencias como Rusia y China, les brinda una oportunidad estratégica porque debilita a Estados Unidos y los hace jugar en dos frentes. Además, lo que distingue a China es que geoeconómicamente es la potencia en Sudamérica. Hay que dividir comercialmente a América Latina para entender esto: América Central está más alineada a Estados Unidos y Europa mientras Sudamérica está más vinculada a China. No hay homogeneidad en la región. Por ejemplo, el comercio entre Estados Unidos y América Latina es tres veces el comercio entre China y América Latina pero, en realidad, 2/3 de ese comercio es sólo con México.
América Latina está con un dilema. Si queda como periferia de un Occidente en declive en un capitalismo global en crisis que ya ni siquiera garantiza el desarrollo del subdesarrollo. Termina como lo que le pasó al gobierno de Macri que lo único que obtuvo fue más acumulación por depresión; es decir, más transferencia de excedentes del trabajo hacia el capital concentrado financiero transnacional. Así, agudizó y aceleró la pérdida de capacidades nacionales de esas esferas. También pasó en Brasil.
Si la periferialización no es acompañada de bienestar económico, como pasó en los ’90, aunque sea de desarrollo del subdesarrollo y aumenta la pobreza después se desarrollan luchas populares muy fuertes de sectores trabajadores. Por eso no hay forma de que eso construya hegemonía pero sí hay expresión de descomposición social. Ese es un camino y un problema porque la región viene en picada desde los ’80 gracias a la recuperación de la hegemonía estadounidense que implicó ese declive estratégico.
Ahora todo eso implica mayor periferialización y eso es lo que está estallando. El modelo ya no va: Chile, Colombia, Perú. El otro camino es una neodependencia con China. Incluso si la relación sigue los parámetros tradicionales dependientes, va a haber desarrollo y subdesarrollo, aunque no es como el modelo británico porque China no es una potencia imperialista. No quiere decir que sea mejor o peor sino que es un proceso que expresa tendencias diferentes.
Otra opción es que, en este escenario estratégico, se aproveche la oportunidad que da cuando se abren estos procesos. Es un escenario de cuestionamiento al capitalismo, de pérdida de legitimidad del discurso dominante que hasta el propio Estados Unidos y las élites financieras están diciendo que el neoliberalismo no va más. Porque no sólo que no se acumula, sino que además genera estallido social. Se puede aprovechar este nuevo mapa del poder mundial para desarrollar proyectos propios, acumular capacidades, crear estatalidad continental para estrategias comunes como en el caso del BRICS+.
Gracias a la colaboración de Martín Martinelli para Observatorio de Trabajador@s en Lucha.
Gabriel Merino Dr. en Ciencias Sociales y Lic. en Sociología. Investigador Adjunto del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET-Argentina), en el Instituto de Investigación en Humanidades y Ciencias Sociales (IdIHCS) de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP). Profesor Adjunto de la UNLP y de posgrado y de grado en la Universidad Nacional de Mar del Plata. Miembro del Instituto de Relaciones Internacionales (IRI). Co-coordinador del grupo de trabajo de CLACSO «China y el mapa del poder mundial”. Director del proyecto: “El Atlántico Sur y sus relaciones con otras regiones de interés geopolítico mundial” CIG-IdIHCS-UNLP.
Omar Gejo (Geógrafo. Exdecano Ciencias Sociales UNLu-UBA-Universidad Nacional de Mar del Plata. Creador de los Observatorios Geohistórico, Geoeconómico, Socieconómico y Universitario y del Instituto de Investigaciones Geográficas (INIGEO). Fundador Centro Humboldt (Internacional). Coordinador www.portalcoordenadas.com.ar. Director numerosos Proyectos de Investigación: La nueva geografía del capitalismo.) Autor del libro “La Argentina como geografía: Ciclos económicos y población [1530-1990]”, y varios libros sobre Geografía Económica.
Martinelli, Martín. Doctor en Ciencias Sociales, Historiador. Profesor en la Universidad Nacional de Luján (Argentina). Coordinador del Grupo Especial Revista Al-Zeytun / CLACSO «Palestina y América Latina» (2019-2022) por el Instituto de Estudios de América Latina y el Caribe (Universidad de Buenos Aires), Observatorio Geohistórico (UNLu). Autor del libro “Palestina (e Israel). Entre intifadas, revoluciones y resistencias”. https://www.researchgate.net/profile/Martin-Martinelli martinellima1982@gmail.com
Keegan, Gustavo: Geógrafo, Técnico en Información Ambiental. Investigador y profesor en Universidad Nacional de Luján. Instituto de Investigaciones Geográficas (INIGEO). Comisión Centro Humboldt (Internacional). Observatorio Geohistórico (UNLu). Coordinador adjunto de http://www.portalcoordenadas.com.ar Proyectos de Investigación: La nueva geografía del capitalismo. Organizador de varios Congresos y Jornadas habituales. Escribe en diversas revistas. Mail: gustavokeegan@yahoo.com
Organización: Alan Rebottaro. Geógrafo. Observatorios Geohistórico y Geoeconómico. Instituto de Investigaciones Geográficas (INIGEO). Centro Humboldt. Observatorio Geohistórico (UNLu). Coordinador adjunto www.portalcoordenadas.com.ar.).
Transcripción: Valentina Taberna (Prof. en Historia UNLu. Observatorio Geohistórico).
