LA INDECISIÓN PERSIGUE A OCCIDENTE: Los acontecimientos en el frente ucraniano le hacen tambalearse. Alastair Crooke.

Alastair Crooke.

Imagen: English Almayadeen

 08 de julio 2023.

La comunidad de la Inteligencia occidental ya se tambaleaba con los vídeos de los tanques y blindados quemados de Ucrania, suministrados por la OTAN, cuando se produjo la debacle de Prigozhin.


Estamos, por el momento, en el vacío suspendido entre eventos. El caos que los medios de comunicación occidentales esperaban («con excitación libidinosa») que se desatara en Rusia, llegó, excepto que explotó en Francia, donde no se esperaba, y con Macron en apuros, en lugar de Putin en Moscú. De hecho, hay mucho que destilar de esta interesante inversión de expectativas y eventos.

Si el fracaso de Rusia en sumergirse en el caos al estilo francés como resultado de la «rebelión» de Prigozhin representa el primer «extremo» de la actual falta de dirección, el otro extremo es (o se supone que es) la cumbre de la OTAN que comenzará el 11 de julio en Vilna, donde se promulgará oficialmente una nueva «dirección» occidental para el futuro de Ucrania (aunque cualquier consenso sobre el futuro parece muy frágil en este momento).

Los informes sugieren que la Inteligencia occidental se sumió en la confusión cuando la marcha de Prigozhin sobre Moscú se desvaneció en cuestión de horas, para emerger como un acuerdo negociado y (desconcertantemente para los analistas) acallar a toda Rusia. No podían entenderlo: ¿Qué estaba pasando? ¿Era Prigozhin de verdad, o era toda una complicada partida de ajedrez que se desarrollaba ante sus ojos?

Entonces, por ahora (a la espera de una aclaración final en la cumbre de Vilna), los comentaristas estadounidenses (con algunas excepciones honorables) han presionado todos el «botón por defecto»: «Congelar el conflicto tal como está» — así Biden y la doctrina militar de Estados Unidos podrían evitar la humillación. Y, más importante aún, temporalmente evitar la pregunta clave para la OTAN: ¿Está «preparada para su propósito

Está claro que el enfoque doctrinal de la OTAN para el conflicto con cualquier adversario, excepto una insurgencia políglota ligeramente armada, es defectuoso. La OTAN todavía está luchando la Batalla de 73 Easting en el desierto iraquí: una fuerza militar mecanizada con infantería y vehículos blindados que golpeó respaldado por la superioridad aérea, derrotando por completo a la oposición. Pero, como admite el comandante estadounidense de esa batalla (Coronel Macgregor), su resultado fue accidental. No obstante, se convirtió en un mito de la OTAN, con una doctrina general construida en torno a su circunstancia única.

La comunidad de la Inteligencia occidental ya se tambaleaba con los vídeos de los tanques y blindados quemados de Ucrania, suministrados por la OTAN, cuando se produjo la debacle de Prigozhin.

El problema con la «opción por defecto» (conflicto congelado) como «qué hacer a continuación«, es que simplemente que no funcionará. Entre otras cosas, porque Rusia no aceptará un conflicto congelado. El ministro Lavrov lo ha dicho explícitamente.

La razón más fundamental por la que no funcionará es el añadido occidental no declarado de que, mientras esté supuestamente «congelado», Occidente dice que armará a la “Ucrania fragmentada” con las armas y los misiles más modernos; que reforzará un ejército de cuarta generación y le dotará de una Fuerza Aérea. Todo esto, para que Ucrania pueda, como un estudiante de primer año de la Universidad,  «sentirse segura» en su espacio.

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Tanques Leopard alemanes y carros Bradley estadounidenses destruidos en combate en la región de Zaporizhzhia, al sur de Ucrania. EFE

Son tonterías. Esta fórmula simplemente permitiría a la OTAN repetir los acontecimientos de 2014, cuando, tras el golpe de Maidan, la OTAN construyó un ejército formidable para los golpistas, capaz de reprimir la disidencia de las regiones del este, en su mayoría culturalmente rusas (que impugnaron la legitimidad golpista), un ejército destinado también a ser capaz de asestar un golpe de fractura al ejército de Rusia.

Un conflicto congelado también sería insostenible desde la simple perspectiva de que las dos partes no están congeladas en el sentido básico del término: un conflicto en el que ninguna de las partes ha podido imponerse a la otra y están estancadas.

En pocas palabras, mientras que Ucrania está estructuralmente en éxtasis, y el «Estado» se cierne al borde de la implosión, Rusia, por el contrario, es plenamente plenipotente: Tiene fuerzas grandes y frescas. Domina el espacio aéreo y tiene casi dominado el espacio aéreo electromagnético. Sus líneas de suministro «fluyen como un río desbordado».

Pero fundamentalmente, Moscú quiere que desaparezca el actual colectivo de Kiev. Recientemente, el Ministerio de Asuntos Exteriores ruso declaró que el Estado ucraniano carece de personalidad jurídica o legitimidad tras el golpe de Maidan, ya que ni Poroshenko ni Zelensky habían aprobado los instrumentos de reconciliación con Rusia, después de Maidan.

En pocas palabras:  Es una señal de que Moscú no tiene intención de confabularse con Occidente para montar la ficción de que Kiev se enfrentó a Rusia hasta llegar a un punto muerto, en el que ninguna de las partes prevaleció, dando así a Kiev una falsa posición moral, como si, en el ring de boxeo, el árbitro levantara el brazo de ambos boxeadores maltrechos y contendientes y dijera «empate».

El conflicto de Ucrania no es un «empate».

¿Y ahora qué? Kiev está sometido a una inmensa presión occidental para conseguir algún beneficio militar en el campo de batalla, que Occidente pueda señalar como prueba de una capacidad potencial ucraniana para hacer daño a Rusia (por efímera que sea esa capacidad). Puede que Kiev acceda o puede que no. De hecho, no está claro si puede hacerlo.

Hay muchas preguntas y pocas respuestas. La OTAN está dividida y Europa se tambalea por los acontecimientos de Francia, donde también hay muchas preguntas y pocas respuestas.

Traducción nuestra


*Alastair Crooke, es un exdiplomático británico y es el fundador y director del Foro de Conflictos con sede en Beirut, una organización que aboga por el compromiso entre el Islam político y Occidente.

Fuente original: Englidh Almayadeen

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