DESCENSO A LA DEBACLE: VICTORIAS PÍRRICAS, MENTIRAS Y ERRORES DE CÁLCULOS ESTRATÉGICOS. Alastair Crooke.

Alastair Crooke.

Pintura: «La debacle» (2009) de Ivan, Francia.

08 de mayo 2023.

China y Rusia se están uniendo militarmente. Esto presagiará un cambio de paradigma estratégico que puede obligar a Estados Unidos a reconsiderar el camino a seguir.


La sensación de que las cosas van mal, y cada vez peor, es palpable. Hay un innegable tinte escatológico en el zeitgeist actual. Todos los factores geopolíticos en espiral sugieren que se avecinan turbulencias extremas.

Biden y los demócratas descubren, para su sorpresa, que están en un «aprieto»: Tras haber pensado presentarse en 2024 sobre la base del «historial económico de Biden», el equipo de Biden se encuentra con que las perspectivas se disuelven ante la aceleración de los acontecimientos.

Y Ucrania -que iba a ser precursora del derrocamiento de Rusia per se- parece más abocada a la debacle. Con la derrota en dos frentes (la «guerra» financiera y la diplomática) ya establecida, y con la entidad ucraniana ahora atrofiándose paulatinamente  bajo el desgaste militar ruso en otro frente más, Washington se debate entre llevar a cabo o no una ofensiva ucraniana, temiendo que pueda sellar una catástrofe ucraniana.

Kiev escucha los equívocos de Washington sobre el probable resultado de la ofensiva ucraniana; Kiev comprende también que esto podría significar «el telón» para el «proyecto» Zelensky, si Biden decidiera que ha llegado el momento de trazar una línea y de completar el pivote hacia China. Significaría literalmente «el fin» para la mayoría de los dirigentes de Kiev.

El cambio de estrategia ya es evidente: John Kirby (portavoz de Sullivan) ha estado blandiendo pérdidas rusas muy exageradas en Bajmut/Artyomovsk. Al mismo tiempo que sugiere que, aunque de alguna manera pueda parecer que Rusia está «ganando», en realidad ha sido derrotada. Blinken continuó con este tema al día siguiente con «Rusia ha fracasado en su objetivo de borrar Ucrania«, y por lo tanto, ha «perdido«, al no haber logrado sus objetivos.

Claramente, el Equipo Biden está volviendo a caer en una «narrativa» de victoria pírrica para Rusia, con la supervivencia de Ucrania lanzada como «misión cumplida».

La consecuencia era previsible: con una «salida» estadounidense aparentemente en ciernes, era de esperar alguna provocación importante (por ejemplo, el ataque con drones contra el Kremlin). «Alguien» está claramente desesperado por desencadenar una reacción exagerada rusa que, a su vez, obligaría a Occidente a pasar a la guerra total contra Rusia.

En el momento de escribir estas líneas, se desconocen los detalles de quién podría ser el responsable del ataque al Kremlin. Sin embargo, existe una ira profunda y apasionada en Rusia. El Kremlin debe reconocer este sentimiento público. Y habrá una respuesta; pero al mismo tiempo Moscú no querrá hacer el juego a los provocadores. (El 9 de mayo marca la victoria rusa en la guerra contra la Alemania nazi. No querrán que se interrumpa ese día).

Enfrentado a un posible embrollo ucraniano; con la inflación disparada; una recesión en ciernes; una corrida contra el sistema bancario; y bajos índices de popularidad en las encuestas, el «Equipo Biden» parece tener un plan. Se trata de la reconversión de Biden en un «presidente de guerra», mediante la movilización de Estados Unidos para derribar a China, mientras el establishment cree que Estados Unidos aún puede tener la ventaja (militar convencional). Según se informa, el «juego de guerra» del Pentágono implica que Estados Unidos tenga una oportunidad antes de que China esté totalmente preparada para la guerra.

¿Le parece extraño? Bueno, los otros «frentes» (la inflación, la burbuja financiera, la recesión, los medicamentos y la educación inasequibles) simplemente NO tienen solución. Son problemas estructurales profundos. Estados Unidos es hoy un lugar donde casi todo el mundo reconoce los problemas, pero donde el poder de veto, los intereses atrincherados y el dominio del ‘Unipartido’ en el Congreso impiden cualquier intento de reforma. Trump intentó romper el inmovilismo, pero fracasó. Biden también fracasaría si lo intentara. Así que, si resolver los problemas de Estados Unidos es ‘el problema’, entonces convertirse en un ‘Presidente de Guerra’ podría concebirse como la ‘solución’.

Por supuesto, dado que las sociedades occidentales actuales no pueden mirar a los ojos a la verdad, Occidente debe emerger como la «víctima» de los acontecimientos, y no como el autor de su difícil situación; allanando así la justificación para la guerra. Y para asegurarse de que esta narrativa se mantiene en el dominio público, se han lanzado disparos preparatorios de advertencia a los medios de comunicación para que «permanezcan en el equipo«.

La rivalidad entre grandes potencias y la competencia por unos recursos cada vez más escasos no son sino viejas realidades que renacen, advierte Robert Kaplan. Su regreso es el resucitado de la historia que ahora define un presente de creciente peligro e incertidumbre.

La situación mundial es similar a la del periodo previo a 1914. Las nuevas tecnologías no han superado la rivalidad por los escasos recursos naturales, sólo han desplazado su foco,  escribe el filósofo John Gray.

Está en marcha una nueva versión del Gran Juego de finales del siglo XIX. Las dos guerras mundiales estuvieron en parte impulsadas por la necesidad de petróleo. La creencia de las sociedades occidentales de que las opciones siempre pueden ampliarse mediante la acción humana ha sido una característica central del proyecto político occidental, y también del liberalismo progresista, escribe la profesora Helen Thompson.

Continúa diciendo que

… falta el hecho de que la tecnología no puede crear energía [al menos del tipo que necesita la sociedad moderna]. Esta convicción de la agencia humana ha demostrado ser demasiado optimista durante mucho tiempo. Aquellos que suponen que el mundo político puede reconstruirse mediante los esfuerzos de la voluntad humana, nunca antes habían tenido que apostar tan fuerte por la tecnología, por encima de la energía [fósil], como motor de nuestro avance material.

Aahh – La profesora Thompson suelta el gato por liebre. Esta «apuesta bélica» enormemente arriesgada -es decir, que nuestras complejas sociedades puedan funcionar cada vez más con tecnología verde, en lugar de con los «recursos naturales del siglo XIX«- es una apuesta, provocada, sugiere Thompson, «por un estado de ánimo subyacente de pavor existencial, una persistente sospecha de que nuestra civilización puede autodestruirse, como tantas otras lo han hecho en el pasado«. (De ahí el impulso de reafirmar la dominación, incluso al precio de acelerar un posible autosuicidio occidental).

Su punto es que el zeitgeist cultural general tiende hacia lo desesperanzado y nihilista. Sí, pero ¿quién fue el responsable de que Occidente necesitara apostar por su futuro a la tecnología en lugar de la energía? Europa disponía de un suministro de energía barato y fiable hasta que tiró la toalla con los planes de los neoconservadores estadounidenses y europeos.

La «edad de oro» occidental estuvo ligada a los tipos de interés cero y a la inflación cero. Hubo décadas de inflación casi nula precisamente gracias a las manufacturas baratas procedentes de China y a la energía barata de Rusia. Ahora Occidente se enfrenta al demonio de la inflación y a unos tipos de interés más altos que asolan su sistema financiero. Fue su elección.

Ah, sí; la «narrativa», como explica Robert Kaplan, es que

el destino está en última instancia en manos de la agencia humana. Pero la agencia humana no tiene por qué tener resultados positivos. Individuos como Putin y Xi son agentes humanos, que han provocado una vasta y sangrienta guerra en Ucrania – y están conduciendo a Asia hacia un conflicto militar de alto nivel por Taiwán.

Ah, ¿entonces Ucrania y Taiwán no tienen nada que ver con el proyecto neocon de extender la hegemonía estadounidense a una nueva era?

Incapaz de abordar las cuestiones con honestidad, este colectivo de intelectuales occidentales basa la justificación de una futura guerra contra China en la premisa de que Putin, sin causa justificada, simplemente eligió invadir Ucrania el 24 de febrero de 2022, y que Xi es culpable de la intención de invadir Taiwán, por lo que Occidente debe responder adecuadamente almacenando «al máximo» armas en Taiwán.

Esta justificación es tan falsa como lo fue la justificación de la guerra de Irak.

Los preparativos para esta guerra se están intensificando: Más armamento en Taiwán; las fuerzas especiales estadounidenses realizan ejercicios para su infiltración en Taiwán en caso de que China tome el poder (presumiblemente para lanzar una insurgencia guerrillera). Y como relata Andrew Korybko, Estados Unidos está reuniendo aliados en Asia-Pacífico: Corea del Sur ha autorizado a submarinos estadounidenses con armamento nuclear a atracar en sus puertos; AUKUS se está reforzando; Japón está extraoficialmente a bordo; e Indonesia y Filipinas están bajo la presión de Estados Unidos para que pongan de su parte.

En contraposición al habitual libro de jugadas de reunir a los aliados ante un posible conflicto, el Alto Representante de la UE, Josep Borrell, propone que las armadas del bloque de la UE patrullen el estrecho de Taiwán. Esto se produce apenas unas semanas después de que el Secretario General de la OTAN, Stoltenberg, declarara que «ahora estamos intensificando nuestra cooperación con nuestros socios del Indo-Pacífico»: Japón, Corea del Sur, Nueva Zelanda y Australia«.

La tendencia indiscutible es que los socios europeos de Estados Unidos están dispuestos a desempeñar un papel militar más importante en la región, incluso provocador si acaban patrullando el estrecho de Taiwán, escribe Korybko.

Von der Leyen, de la UE, también está implicada: su nombre se mencionó tres veces en el     discurso de Jake Sullivan sobre el “Nuevo Consenso de Washington” , en el que se prevé invertir toda la tendencia de la política, desde los años de Reagan, desde la vuelta al proteccionismo; a la intervención del gobierno central en apoyo de la política industrial; a una audaz inversión en la creación de capacidades; a la «resiliencia» y a la reapropiación de las cadenas de suministro internas.

Sin embargo, no se trata de un verdadero plan para reformar la economía estadounidense, aunque se presente como tal. Una verdadera reforma requeriría un enorme cambio estructural. Se trata de reorientar la economía para una posible guerra convencional con China. (Una lección del conflicto de Ucrania ha sido que la capacidad industrial importa). También es probable que sea un pretexto para aumentar el gasto fiscal (impresión de dinero) de cara a las elecciones de 2024.

Inevitablemente, los aliados de los «Verdes» alemanes y de Von der Leyen en la UE están en éxtasis. Funcionarios de Bruselas hablaban del «ticket Biden-Von der Leyen» (¡como si ella fuera una candidata a la vicepresidencia de EE.UU. en el ‘ticket’ demócrata! ),¡y hablaban efusivamente de una alianza de poder entre EE.UU. y la UE que se extendería hasta 2028!

¿Qué pensar de estos cambios? Repito: Biden está en un «aprieto» y su equipo se tambalea. Es enormemente prematuro que la Casa Blanca dé por «misión cumplida» en Ucrania, pero ¿qué otra cosa puede hacer? La guerra con China no será sólo con China, sino que probablemente será también con Rusia. Esta fue seguramente la esencia de la visita de cuatro días del ministro de Defensa chino a Moscú (incluida una sesión personal con Putin). El mensaje era bastante claro: China y Rusia están «uniendo sus manos militarmente». Esto presagiará un cambio de paradigma estratégico que bien podría obligar a Estados Unidos a reconsiderar el camino a seguir… o no.

Traducción nuestra


*Alastair Crooke, es un exdiplomático británico y es el fundador y director del Foro de Conflictos con sede en Beirut, una organización que aboga por el compromiso entre el Islam político y Occidente.

Fuente original: Strategic Culture Foundation

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