VENEZUELA. EL SALARIO ES LA CLAVE: TODAVÍA ESTAMOS A TIEMPO (Parte I y II). Antonio Boza León.

Antonio Boza León.

Ilustración: Diego Astarita, Argentina.

28 de julio 2022.


Esta es la primera y segunda de tres entregas escritas por el economista y diputado de la Asamblea Nacional Tony Boza. Una Importante contribución al debate económico actual y a la disputa por las condiciones salariales de las y los trabajadores en Venezuela. Observatorio de Trabajador@s en Lucha recomienda su lectura para el debate y la acción revolucionaria acerca de un tema tan sensible e importante para las trabajadores y trabajadores y la Revolucion Bolivariana.

Observatorio de Trabajador@s en Lucha


PARTE I

El proceso en tensión

En la actual coyuntura el tema económico, como ningún otro, está poniendo en tensión la relación de los partidos de la revolución y su dirección con la más amplia base social que históricamente abrazó la causa de Chávez. La cuestión salarial es la más sensible de todas, porque está enlazada directamente con la subsistencia humana, pero esto apenas representa la punta del iceberg de un cuadro de mayores complejidades, que implican la visión total del hecho económico y social, la caracterización de las fuerzas en pugna, dicho en otros términos, el carácter y las formas como se manifiesta actualmente la lucha de clases.

No se trata sólo de recuperar el impulso económico, indiscutiblemente necesario, sino, y principalmente, que ese impulso sirva para profundizar la revolución y no, por el contrario, cancelarla. De allí la importancia urgente de hacer un ejercicio responsable de la “crítica revolucionaria”, es decir, aquella que se hace de forma oportuna y respetuosa, la que señala el problema y al mismo tiempo plantea la posible solución, dentro de un debate fraternal, exhaustivo y riguroso, para fortalecer la causa popular que está en juego. Pretender, como intentan algunos, criminalizar las manifestaciones públicas de diferencias de visión en este y otros temas, diferencias que son naturales en todos los procesos, señalando de contrarrevolucionarios a quienes ejercen ese derecho, además de significar un simplismo realmente decepcionante, es castrador del único espacio donde la revolución puede crecer: la crítica.

Transcurridas más de dos décadas de la permanencia de la revolución bolivariana en el ejercicio del poder, urge un balance sobre las cuestiones estructurales que han marcado a la sociedad venezolana en este tiempo. Cobran especial relevancia aquellas cuestiones relacionadas con las formas de propiedad, las relaciones de producción, el trabajo liberador, la generación de riqueza, los mecanismos de apropiación, distribución y redistribución del producto generado socialmente, el papel jugado por el Estado, por el movimiento de comuneras y comuneros, el papel de la banca, partidos y movimientos sociales en relación al hecho económico, la renta petrolera, las diversas concepciones de abordarla y sus implicancias. Tarea densa y compleja que amerita un debate profundo, cuestión que, lo advertimos de entrada, no podremos desplegar en este breve espacio, por tanto, nos limitaremos a intentar caracterizar la coyuntura mostrando algunos elementos y tendencias que la definen, con la deuda pendiente de abordar, seguramente con el esfuerzo de un gran colectivo, cuestiones más de fondo que definen la naturaleza profunda del movimiento como un todo.

El modelo económico

Tras varios años de guerra económica, medidas coercitivas unilaterales, secuestro de bienes nacionales y bloqueo, que han significado una verdadera destrucción del aparato productivo nacional, incluyendo la principal industria generadora de divisas del país, nuestra industria petrolera, PDVSA; lo que implicó la pérdida del 99% de los ingresos petroleros, mermando sustancialmente la capacidad financiera y presupuestaria del Estado; la dirección política de la revolución bolivariana se ha planteado en lo económico, un esquema de apertura al gran capital nacional e internacional. El plan apunta también al restablecimiento integral de los servicios públicos, necesarios para el relanzamiento y la recuperación económica nacional, con una serie de obras de envergadura, tal como aparecen registradas en la Ley de Presupuesto 2022.

Ni rebusques ni emprendimiento…

Ni emprendimiento es desprendimiento…[1]

También se ha valorado al movimiento de los nuevos emprendedores, que es un reconocimiento al esfuerzo que hizo el pueblo venezolano para resistir el bloqueo y la guerra económica; sin embargo es importante hacer un debido balance de todas estas experiencias, muchos casos pueden integrarse al movimiento comunal para construir encadenamientos productivos, otras experiencias hay que recanalizarlas hacia actividades realmente productivas y liberadoras; además, se plantea involucrar a los comuneros y comuneras en esta nueva fase. Pero el gran escollo para superar esta coyuntura de manera satisfactoria, tiene que ver con el tratamiento y la resolución de la cuestión salarial, que es mucho más profunda y compleja que el simple hecho reivindicativo y de justicia social, que también lo es indudablemente. Esta cuestión es en sí misma el núcleo del antagonismo capital-trabajo, no es un dato menor o de orden instrumental, está en el centro de las definiciones ideológicas de largo aliento.

La forma de resolver el tema salarial define en gran medida el cariz del movimiento, de la tendencia que pueda permitir desembocar en el fortalecimiento de la clase trabajadora, asalariada, sujeto histórico de la revolución, o en el fortalecimiento del capital, en cualquiera de sus manifestaciones. Dicho de otra forma, desde nuestra perspectiva, lo único que le da sentido a una alianza táctica con el capital es que dicha alianza sirva para el avance del proyecto revolucionario y es lo que pretendemos evaluar a la luz de los datos disponibles, más allá de lo discursivo.

A pesar de no existir suficiente información sobre indicadores de macro agregados y otros datos fundamentales de la economía, ya que no se publican desde hace años, con los pocos datos que publica el BCV y otras instituciones se pueden inferir tendencias claras de hacia dónde se dirige la economía y su posible desenlace.

Dos ideas centrales en discusión

La primera idea matricial, se trata de aquella que coloca como centro de toda la política económica el control de la inflación y el tipo de cambio, con el propósito de alcanzar la estabilidad monetaria y del sistema de precios. En esa tarea se ha puesto especial empeño, por parte de las autoridades monetarias, en la reducción drástica del gasto público y la liquidez monetaria, dentro de la visión que la inflación es la resultante del exceso de demanda por exceso de liquidez.

La otra idea matricial, muy difundida últimamente, es la que sostiene que primero hay que producir para después distribuir la riqueza producida, o, dicho de otra forma, no se puede repartir lo que no se ha producido, idea que por “simple” y aparentemente “obvia” parece indiscutible; pero en el fondo no es más que una idea, que no da cuenta de la forma como se desenvuelve la economía en la vida real. Y en vista de que el sector público hoy tiene grandes limitaciones, cuestión innegable, la lógica que se desprende de esta idea parece indicar que el camino pasa por trasladar el peso de la recuperación económica al mercado, al sector privado. Esto implica darle mayor relevancia al mismo para buscar la optimización en la asignación de recursos en el aparato productivo, un cuadro de incentivos fiscales para la inversión en ciertas áreas, en este punto juega un papel primordial la Ley Orgánica de Zonas Económicas Especiales recién aprobada, y se tomó además la decisión de privatizar parcialmente algunas empresas públicas, entre ellas Movilnet, Cantv, algunas de las empresas básicas, incluyendo del área de minería y petróleo, bajo el mismo enfoque: proveer nuevas inversiones.

Las causas de la inflación

La primera idea, la de centrar la política económica en el control de la inflación y la estabilidad del tipo de cambio, tiene consecuencias importantes, porque coloca todo lo demás (recuperación de los salarios, del presupuesto público, etc.) en un segundo plano o en un segundo momento.  La forma de instrumentar esta primera idea, está determinada por la visión que se tiene sobre las causas que generan la inflación, que es muy sencilla, está en el manual: la causa de la inflación es el exceso de liquidez. Pero resulta que los hechos, la realidad, se empeña en negar esta visión.

Un estudio del muy conservador Instituto CATO, a cargo de los economistas Steve Hanke y Nicholas Krus, de fecha 15 de agosto de 2012, denominado “World Hyperinflations” concluye que las 56 grandes hiperinflaciones de la historia conocidas hasta esa fecha, ocurridas en 38 países (en algunos países se repitió el fenómeno), todas ellas se dieron por causa de situaciones de conflicto. Al respecto dice Hanke: “la hiperinflación surge solo en las condiciones más extremas, como la guerra, la mala gestión política o la transición de una economía dirigida a una economía de mercado”. Precisamente, de las 56 hiperinflaciones, la mitad ocurrieron en repúblicas exsoviéticas inmediatamente después de la disolución de la URSS.

Veamos algunos detalles de este estudio, por ejemplo, a principios del siglo XX, 4 países sufrieron hiperinflación: Alemania, Austria, Hungría y Polonia, previa destrucción de sus respectivos aparatos productivos y por las condiciones impuestas como resultado del conflicto bélico, justamente los más afectados por la llamada I Guerra Mundial. A mediados de los años 40 del siglo XX, quedaron secuelas en Hungría, Grecia, después de la II Guerra Mundial, y por el lado de Asia: China, Filipinas y Taiwán, por las mismas razones. En el año 1993 la guerra civil en El Congo desató una hiperinflación, lo mismo aconteció en Angola en el año 1994, previa destrucción de su capacidad productiva.

En América Latina, producto de situaciones conflictivas provocadas principalmente por los EEUU, se desataron hiperinflaciones en Chile (1973), Bolivia (1984), Nicaragua (1986), Perú (1988), y Argentina y Brasil (1989). En África, es relevante el caso de Zimbabue (2007), producto de una reforma agraria mal llevada, que destruyó el 45% de la capacidad productiva del sector agrícola. Sin entrar en detalles, conocidos ya por todos los y las venezolanas, el caso de nuestra patria encaja perfectamente en esta descripción hecha por el Instituto CATO. La hiperinflación ocurrida en nuestro país es el resultado de la guerra económica y el bloqueo. Sin embargo, lo que parece tan obvio, en realidad no lo es, especialmente a los ojos de las autoridades monetarias del BCV, que dan a la inflación el tratamiento generalizado de la visión monetarista, que plantea que siempre y en todo lugar, la inflación es un asunto monetario y el tipo de respuestas y el diseño de la política para combatirla va en esa dirección: principalmente reducción del gasto público, disciplina fiscal y absorción de liquidez.

La inflación en Venezuela

La hiperinflación en Venezuela es producto de la guerra contra nuestra moneda, del bloqueo y la guerra económica, no se trata de un problema de desequilibrios de oferta y demanda del mercado de dinero, no se trata de un exceso de oferta monetaria. De esto no solo dan fe el Instituto CATO, muy del establishment gringo (nadie sospecharía que quieren darnos alegatos), sino también los estudios rigurosos de la profesora Pasqualina Curcio, plasmados en su libro “Teoría General de los Precios, el Salario, la Producción y el Dinero”, donde demuestra con modelos econométricos que la inflación en Venezuela no es por exceso de liquidez, no es una “inflación de demanda”, es, por el contrario, una inflación por el lado de “la oferta”, la cual sucede cuando la estructura de costos se incrementa sustancialmente, que es nuestro caso, producto de la manipulación del tipo de cambio a través de páginas web financiadas por grupos de oposición al gobierno venezolano y con el apoyo de los EEUU, y también por el bloqueo que hace más costosa la adquisición de insumos, de repuestos y eleva los costos de acceso a los recursos financieros. En este caso, como en todos los casos de inflación del lado de la oferta, la inflación va acompañada de una caída de la producción, como efectivamente sucedió en nuestro país. También demuestra Pasqualina Curcio, que en momentos cuando hubo relativamente menos emisión de dinero, se alcanzaron cifras más altas de inflación, contradiciendo la visión monetarista.

Otro estudio importante que desacredita la visión monetarista aparece en el sitio web oficial de la Reserva Federal (FED, por sus siglas en inglés), elaborado por David Ratner y Jae Sim, denominado “Who Killed the Phillips Curve? A Murder Mystery”, donde se echan por tierra estas creencias sobre el control de la inflación en los años 80 en los EEUU, demostrando que la superación de la inflación no tuvo mucho que ver con el control de la liquidez a través del alza de las tasas de interés, más bien fue el resultado del deterioro de la capacidad de negociación de la clase trabajadora. Para decirlo en términos coloquiales, los empresarios no necesitaron elevar los precios para conservar sus tasas de ganancias, porque la presión sindical era casi nula como resultado de una política de Estado para debilitar los sindicatos, de tal forma que podían tener buenas ganancias a costa del bajo nivel de los salarios. Por otra parte, a pesar que el costo del dinero se incrementó, por el alza de las tasas de interés y la burguesía debía pagar más por los créditos que les otorgaba la banca, este incremento lo compensaban por el lado de los salarios, ya que éstos permanecían bajos, mientras los precios de los bienes y servicios aumentaban, aunque de forma muy moderada, pero sostenida en el tiempo.

Al respecto comenta Jorge Tamames, investigador del Real Instituto Elcano: “Pero Ratner y Sim van más allá. Sostienen que lo que puso fin a casi el 90% de la inflación en EEUU durante los 80 no fueron las subidas de tipos de interés, sino el debilitamiento sostenido de los sindicatos que llevó a cabo la administración de Ronald Reagan. Es decir, que además de que las políticas de liquidez extraordinaria no generan la inflación que a menudo se asume, las subidas de tipos no son el medio ideal para contenerla, como hasta ahora se presuponía”[2]. Que este estudio aparezca en el sitio oficial de la FED es mucho decir. Quizás este cambio paradigmático tenga mucho que ver con el desplazamiento del eje del poder financiero global desde el Occidente hacia el Este del mundo. Pero da cuenta de la facilidad con que los centros de poder del capitalismo pueden cambiar de teoría como quien cambia de camisa, según sus conveniencias, no son verdades eternas, son instrumentos para la dominación que se aplican mientras son útiles a sus propósitos.

El mercado cambiario en Venezuela: Un caso excéntrico

A pesar del cúmulo de evidencias sobre el tipo de inflación que vivimos en Venezuela, y que demuestran que es la resultante del ataque a nuestra moneda a través de la manipulación cambiaria, las autoridades monetarias insisten en aplicar el tratamiento del “manual”: secar liquidez por medio de las llamadas Operaciones de Mercado Abierto (OMA), así no crece la demanda de bienes y en teoría no debería generarse más inflación. Con estas operaciones también piensan que pueden inhibir la demanda de divisas, porque al no haber suficientes bolívares circulando en la economía, no hay mayor demanda de divisas y no se dispara su precio. En esa lógica, el BCV también ha intervenido el mercado cambiario para influir en la estabilidad del precio de la divisa ofertando importantes montos de ellas. Pero todo indica que el tipo de mercado de divisas que existe en nuestro país no es sensible a este tipo de medidas.

En momentos cuando el Estado inyectó cantidades inmensas de divisas, no funcionaron las denominadas “leyes del mercado”, y la especulación a expensas del diferencial entre el tipo de cambio y la inflación era brutal, porque entre otras cosas, nuestro mercado es sui géneris, no hay un “mercado” como tal, simplemente porque solo hay “un oferente” de divisas: el Estado. No es, por tanto, un mercado donde opere el libre juego de la oferta y la demanda, con muchos oferentes y muchos demandantes, este dato no es ocioso, porque justamente define el tipo de “mercado” que tenemos, o la no existencia como tal del mismo, lo que hay en la realidad es un mecanismo de asignación de divisas, así ha sido por más de 100 años. Si esto se asumiera en los términos reales, tendríamos otro tipo de política cambiaria.

En sintonía con lo dicho, sobre que no tenemos un mercado cambiario en sí, sino un mecanismo de asignación de divisas, es preciso recordar que en el año 2011 el BCV inyectó al mercado cambiario 31.400 millones de dólares a través del SITME (Sistema de Transacciones con Títulos en Moneda Extranjera) y en el año inmediato 2012, le inyectó otros 33.000 millones de dólares, esta vez por CADIVI, para un total de 64.400 millones de dólares en apenas dos años. Para tener una idea del descomunal volumen de divisas entregadas al sector privado, podemos constatar que equivalen en promedio a más de 2.680 millones de dólares al mes, cifra que representa más del doble del total asignado para todo el año 2022 al Sistema Patria, por citar un ejemplo.

Ese caudal de divisas fueron entregadas a la oligarquía criolla a razón de Bs. 5,30/dólar, lo que no impidió que los bienes importados con esas divisas fuesen vendidos en su gran mayoría en el mercado nacional por la burguesía comercial al valor del dólar paralelo, más de tres veces el valor de adquisición (Bs. 16/dólar). La burguesía criolla convirtió la intermediación cambiaria en el gran negocio en sí mismo, no necesitaba producir nada, de hecho, en muchos casos se falsearon facturas de importación, con el solo propósito de acceder a las divisas públicas, en otros casos se importaron contenedores vacíos, con falsos contenidos o llenos de basura, y el mercado cambiario terminó siendo una falacia, no existió en verdad tal “mercado”, este mecanismo funcionó como una correa de transmisión de recursos públicos al sector privado.

[1]. Rodríguez Isaías, 16/12/2021, visto en: https://twitter.com/Isarorodriguez/status/1471686327708098563

[2]. Tamames, J. Inflación o recesión: un dilema que los bancos centrales ya no pueden resolver, sitio web “Desde Abajo”, 2022. Visto en: https://www.desdeabajo.info/economia/item/45529-inflacion-o-recesion-un-dilema-que-los-bancos-centrales-ya-no-pueden-resolver.html


PARTE II

¿Superando o reeditando el rentismo?

Ahora, en la actual coyuntura durante el año 2021, el BCV de Venezuela inyectó al mercado cambiario 1.500 millones de dólares para estabilizar el tipo de cambio, lográndolo en cierta medida (no sabemos si producto de dichas acciones) y en lo que va del año 2022, en 29 intervenciones en el mercado cambiario el BCV ha inyectado un poco más de 2.500 millones de dólares (entre dólares y euros), entregados al sector privado a través de la banca comercial, divisas que provienen principalmente de la venta del petróleo. Sin embargo, el tipo de cambio sigue siendo muy inestable y vemos que el mercado tiende a descontrolarse y la divisa va incrementando su valor frente al bolívar, cuestión que puede explicarse por las mismas razones antes descritas inherentes a la caracterización del tipo de mercado cambiario venezolano.

Esta inyección de más de 2.500 millones de dólares al mercado cambiario, nos da una proyección de al menos 5 mil millones de dólares que inyectará el BCV al cierre del año 2022. Según autoridades del Poder Ejecutivo Nacional, el ingreso petrolero esperado para este año ronda los 8.210 millones de dólares, lo que implicaría que la cantidad de dólares que se van a destinar al mercado cambiario equivaldrían a más del 60% de todos los ingresos petroleros del año, es casi 5 veces lo presupuestado para el Sistema Patria (1.190 millones de dólares), representan 36,7% del presupuesto total del Estado para 2022, un 45,6% de las Reservas Internacionales actuales, equivalen a más del 10% del PIB del país esperado para este año (49 mil millones de dólares), es decir, se trata de una magnitud de alta monta y alto impacto, lo que obliga a pensar si este esfuerzo financiero está dando los resultados que amerita la coyuntura económica.

Estas divisas provienen de la venta de nuestros commodities en el mercado internacional, especialmente del petróleo, por tanto, estrictamente hablando ellas son un bien público. El BCV coloca estas divisas en venta en el mercado cambiario y obtiene bolívares como contraparte, que a su vez es el equivalente del petróleo vendido previamente. Pero al parecer el Gobierno no puede disponer íntegramente de ese poder financiero en bolívares, porque observamos que no sale reflejado en la liquidez publicada en la página web del BCV. Esto no debe llevar a confusión, no se trata de dinero en bolívares “respaldado” en divisas, porque ningún banco central necesita tener divisas para emitir dinero[1], se trata de bolívares recogidos de circulación por la venta de divisas y que deberían continuar en circulación como brazo financiero del Poder Ejecutivo, pero al parecer se sustraen de la economía.

¿Qué hace el BCV con los bolívares obtenidos por la venta de divisas?

Para saber qué hace el BCV con esos recursos, es preciso estudiar el movimiento de la liquidez mes a mes. Al 31 de diciembre de 2021, la liquidez estaba en 3.966 millones de bolívares, que a la tasa de cambio del día de Bs. 4,59/dólar, equivalía a 864 millones de dólares; para el 10 de junio de 2022 (última cifra revisada por nosotros) la liquidez estaba en 7.739 millones de bolívares, a la tasa de cambio del día de Bs. 5,22/dólar, equivalía a 1.483 millones de dólares. En esos seis meses la liquidez creció en 3.773 millones de bolívares, casi se duplicó, alcanzando ese monto de junio ya citado de 7.739 millones de bolívares. Sin embargo, la cantidad de bolívares circulando en la economía debió ser mayor, si consideramos la cantidad de bolívares obtenida por el BCV por la venta de divisas durante ese tiempo, que alcanzan un aproximado de 11.575 millones de bolívares para junio. Veamos el asunto desde otra perspectiva: para comprar esa cantidad de dólares ofertados por el BCV no alcanzaba la líquidez en bolívares heredada de 2021, porque toda ella apenas equivalía a 864 millones de dólares y el BCV en los primeros seis meses de 2022 vendió al sector privado a través de la banca comercial más de 2.500 millones, por tanto, la banca comercial debió otorgar créditos al sector privado que les permitieran comprar estos dólares, es decir, creó dinero bancario fresco, expandiendo la liquidez, sin embargo esa expansión no sale reflejada en la liquidez del mes de junio: “desapareció”.[2] Ya explicaremos por qué.

El poder disminuido del Estado

Si se hubiesen puesto en circulación todos los bolívares provenientes de la venta de las divisas, que provienen a su vez de la venta del petróleo, en el supuesto que no hay crecimiento de la economía en ninguna otra área, deberían estar circulando un poco más de 17 mil millones de bolívares, equivalentes a 3.259 millones de dólares (cifra ésta que resulta de sumar la liquidez heredada de 2021, más los bolívares obtenidos por la venta de las divisas petroleras), los cuales deberían estar, en su mayor parte, a disposición del Poder Ejecutivo para afrontar la situación económica del país. Sin contar, la reposición de medios de pago pulverizados por la inflación.

En ese mismo tiempo (seis meses), el BCV ha realizado 56 intervenciones de “absorción de liquidez”, sin publicar montos, en la idea que la inflación debe controlarse secando la liquidez. Estas acciones, si bien son absolutamente apegadas a la norma, resultan política y económicamente inconvenientes, porque sustraen de la economía una cantidad importante de recursos que bien podrían servirle al Estado para afrontar, aunque sea parcialmente, la cuestión salarial, que al mismo tiempo implica una merma sustancial de la demanda agregada, y como sabe cualquier estudiante de economía del primer año, sin demanda agregada no puede haber recuperación de la producción. Es importante evaluar si el costo de controlar la inflación por este método tiene sentido, y si, además, deberíamos comenzar a considerar otros métodos practicados en el transcurso de la historia en otros países, sin que esto signifique un deterioro tan profundo de los salarios, del presupuesto público y una ralentización de la economía por la constricción brutal de la demanda.

Bajar la fiebre matando al paciente

Este método para controlar la inflación y el tipo de cambio genera dos grandes inconvenientes. Por una parte, transfiere al sector privado el poder financiero derivado de la renta petrolera, con lo cual al mismo tiempo el sector privado adquiere el poder de “planificar” y orientar la economía según sus intereses, porque detenta el poder financiero en divisas para hacerlo; y como el reverso de la misma moneda, el Estado pierde el control en este asunto tan estratégico. Una vez que esto sucede nadie sabe a ciencia cierta a donde van esas divisas, podrían estar destinándose a cuestiones de interés nacional o simplemente a la acumulación, al disfrute particular o a la fuga de capitales, nadie lo sabe. Por otro lado, una vez convertidas en bolívares dichas divisas, el Poder Ejecutivo no puede disponer íntegramente de esos recursos, los cuales son reducidos a la nada por las políticas de absorción de liquidez, de hecho, analizando las cifras, el proceso de colocación de divisas en el mercado cambiario constituye en sí mismo una operación de “absorción de liquidez”. También debemos agregar que estas intervenciones representan un costo al Estado de hasta el 10% en rendimiento a los poseedores de los Títulos de Cobertura[3], que se pagan indexando los montos a un valor de conversión o unidad indexada.

La burguesía comercial está muy monetizada en bolívares, producto de la especulación y de la inflación, y como el Índice Nacional de Precios al Consumidor (el INPC) ha cabalgado mucho más rápido que la tasa de cambio, convertir estos bolívares en divisas, bolívares resultantes de procesos especulativos en muchos casos, termina siendo un buen negocio. Del mes de marzo de 2021 al mes de febrero de 2022, el tipo de cambio (TC) tuvo una variación de 134,9%, mientras que la inflación (INPC) creció en un 340,4%, este desfase genera una distorsión en los valores, con lo cual las divisas tienen más poder de compra fuera del país, o dicho de otra forma, es más negocio convertir los bolívares en divisas (dólares, por ejemplo) para traer muchos más bienes del exterior, que la cantidad de bienes que pudiesen adquirirse en nuestro país disponiendo de la misma cantidad de bolívares para ello, y esto es así por efectos de esta distorsión ya descrita o desfase en la variación porcentual entre el tipo de cambio y el índice de precios al consumidor (inflación).

Producir riqueza primero, para poder repartirla después

La segunda idea matricial que analizaremos, es la referente a que “no se puede repartir lo que no se ha producido”. Esta idea tan mecanicista, de falsa apariencia obvia para describir los ciclos económicos, no da cuenta de la realidad. Lo cierto es que, en cada momento, en cada minuto se abren y cierran ciclos productivos en diversas áreas, sectores y unidades productivas; por tanto se pueden y se deben intervenir dichos ciclos productivos en cualquier momento, no al final de inciertos resultados, y también lo verdadero es que los resultados que se logren dependen en buena medida de la asignación previa de recursos a los factores de producción en cada ciclo productivo (capital y trabajo) para lograr una mayor productividad y consecuentemente una mayor creación de riqueza. Esto lo planteamos sin trascender los opresivos límites del capitalismo, por tanto, habría que considerar otra dimensión, en códigos de profundizar la revolución, como los problemas inherentes a la propiedad de los medios de producción, que determinan cómo se organiza la producción, para quiénes se produce, cómo se distribuye el producto para alcanzar el ocio liberador, planteado así por los clásicos y recogidos magistralmente por Ludovico Silva en su obra, y, por otro lado, la intervención del Estado, que es determinante en la redistribución del producto. Una acción política en materia económica que no enlace estos temas en el largo plazo, tenderá a restaurar el poder del capitalismo. Esta idea petrificada de “esperar” un incremento del producto para luego repartir la riqueza producida es, además de simplista y estática, poco realista. Muchos estudios económicos, desde Marx, pasando por Joan Robinson, Piero Sraffa y hasta Joseph Stiglitz, reman en sentido contrario. Se trata de la ya muy desacreditada teoría “del goteo”.

En cuanto a lo inherente a la productividad, en un estudio presentado por Leonardo Vera y Juan Andrés Vera en el Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad Nacional Autónoma de México, después de analizar diversos presupuestos teóricos y comparando una importante cantidad de estudios con base empírica, se llega a la siguiente conclusión para el caso venezolano: “Los resultados de este estudio para datos anuales y trimestrales de la economía venezolana indican, al igual que otros estudios para países desarrollados y en desarrollo, que la causalidad va desde los salarios reales hasta la productividad del trabajo. En consecuencia, prescripciones que suelen imponer restricciones al incremento de los salarios reales atándolos a incrementos en la productividad deben ser vistos con cautela, por decir lo menos.” [4] (énfasis nuestro).

Para llegar a esta conclusión, que establece que son los salarios reales los que causan mejores resultados de productividad y de producción, y no a la inversa, conclusión que contradice justamente la segunda idea matricial con la cual se diseña la política económica del Poder Ejecutivo, sobre que “hay que producir primero y luego repartir la riqueza producida”, los autores consideraron una treintena de estudios con base empírica, de diversos países donde reafirman la conclusión antes descrita: “en consecuencia, no son pocos los estudios empíricos que corroboran que es el salario real la variable que empuja los cambios en la productividad y no viceversa” (énfasis nuestro).

¿Cuál es la cantidad necesaria de medios de pago?

El modo escogido por el BCV para atacar la inflación, por un lado, coloca al Estado en situación de debilidad financiera para abordar la cuestión salarial, que no dudamos en definir de muy compleja. No se trata simplemente de falta de recursos, que los hubiese en cierta medida si el BCV no los “secara” en las operaciones de absorción de liquidez, sino que el mismo método implementado por la autoridad monetaria anula la capacidad financiera del Estado, sin mencionar que el BCV debería reponer la cantidad de medios de pago que la hiperinflación pulverizó, lo cual tampoco hace por el mismo dogma de la supuesta “liquidez excesiva” como causa de la inflación, cuestión que los datos empíricos desmienten. Por otro lado, como contracara de la misma moneda, la falta de la liquidez adecuada en la economía impide elevar la demanda de bienes y por ende, impide la recuperación económica.

Aquí es fundamental incorporar el concepto de “demanda agregada”[5], porque a partir del mismo podremos definir la ruta para la reinserción de los recursos (liquidez) que amerita la economía para que se transen todos los bienes y servicios que existen, dentro de una visión racionalmente consistente. Ya lo dijimos, el asunto del salario, además de tener un alto contenido de “justicia social”, significa capacidad adquisitiva, significa incremento orgánico de la demanda agregada, sin lo cual no será posible hablar de recuperación económica real y sostenida. Esto es así, porque en Venezuela existe una capacidad ociosa elevada en el aparato productivo, y no harían falta grandes inversiones de capital fijo para elevar la oferta de bienes y servicios, sino incorporar los insumos, las materias primas requeridas; con lo cual, a partir del incremento de la demanda, inyectando recursos vía los salarios, se debe reactivar la economía de forma equilibrada, porque son los salarios[6], justamente, el factor que tiende a incrementar mayormente los bienes y servicios producidos por el aparato productivo, es decir, no habría un incremento sustancial de la demanda incrementando las ganancias, que más bien presionan el mercado cambiario para fugar dividendos. En palabras coloquiales, los ricos no gastan todo lo que ganan, en cambio los asalariados se ven empujados a gastar todos sus ingresos para poder sobrevivir.

Sobre los niveles adecuados de liquidez para nuestra economía, Pasqualina Curcio nos recuerda que “en 2014, por cada 100 bolívares que se producían circulaban 66, en 2021, por cada 100 bolívares que se producían circulaban 17. Sin embargo y contradictoriamente a la teoría cuantitativa del dinero, durante el mismo período, los precios aumentaron, según el BCV, 517.766.910.873%”[7]. Aquí se ven claramente dos cosas, en primer lugar, que la inflación no está determinada por el exceso de la cantidad de bolívares, que los datos niegan el dogma monetarista, y, por otro lado, que faltan bolívares, que deberían estar circulando en la economía, que esa relación de circulante es relativa al tamaño del PIB, como ya hemos dicho. Si consideramos el tamaño de la economía, es decir del PIB, a razón de 66 bolívares de dinero circulante por cada 100 bolívares del producto, deberían haber circulado en la economía para el mes de junio de 2022 unos 59.000 millones de bolívares, cuando sólo estaban circulando 7.739 millones de bolívares, faltaron 51.261 millones de bolívares, que equivalen a la cantidad de medios de pagos necesarios para el buen funcionamiento de la economía y que nominalmente distorsionó la inflación, pero que los valores reales del producto estaban, bienes que existían en la economía real, sin embargo dichos medios de pago no fueron repuestos por el BCV, porque aún prevalece la falsa visión sobre el dinero como riqueza en sí, cosa que hasta el mismísimo Adam Smith desmintió.

Inflación y desigualdad ¿qué resulta peor?

La hiperinflación produce una alteración brutal en el sistema de precios, porque unos sectores de la economía avanzan al ritmo de la inflación, mientras que otros no. Esto crea al mismo tiempo una profunda desigualdad en la distribución del producto, porque algunos factores (salarios, presupuesto público, entre otros) se quedan rezagados por los vertiginosos cambios nominales de los precios en cada ciclo productivo y participan en menor proporción que los capitalistas en la distribución del producto, ya que éstos sí logran seguir el ritmo del incremento en los precios (de hecho lo crean), por tanto, se alteran las proporciones de participación en el reparto del producto. La única manera de corregir la desigualdad producida por la hiperinflación es inyectar liquidez a través del presupuesto, del gasto público y a través de los salarios, especialmente del sector público.

Esta desigualdad debería estar jerarquizada como uno de los objetivos a superar, por encima incluso de la derrota de la inflación, porque de acuerdo a cálculos hechos por la misma profesora Pasqualina Curcio, la brecha entre el “excedente de explotación” (la tajada de la burguesía) y la remuneración a los salarios es cada vez más grande; en la última medición del 2014 al 2017 la retribución al capital (excedente de explotación) pasó del 31% al 50%, mientras que la remuneración a los asalariados se redujo a la mitad, pasó del 36% al 18%, porque los niveles de retribución a los salarios se quedaron rezagados, mientras que los precios de los bienes y servicios de los capitalistas se adecuaron al nivel de la inflación. Seguramente esta situación es mucho peor a la fecha, año 2022.

La inflación no significa un “problema mayor” para quienes pueden reponer el precio de sus mercancías al ritmo que ella impone, como efectivamente lo hace la burguesía comercial, la burguesía industrial y la burguesía financiera desde que el BCV creó la resolución que les permite indexar la cartera crediticia. En todo caso, la inflación les genera problemas “de orden contable”, pero no de deterioro patrimonial de los valores de sus bienes. En cambio, para el asalariado y para el presupuesto y el gasto público, es un problema de vida o muerte, porque no se pueden adecuar al ritmo de la inflación, es lo que hemos denominado una “indexación desequilibrada” y “desincronizada” que abarca a algunos actores de la economía y deja a otros por fuera.

Otro elemento importante a considerar es que el nivel salarial del sector público históricamente ha servido como “marcador” de los salarios del resto de la economía. Desde el año 2003 hasta el año 2012, los salarios de la administración pública eran superiores a los del sector privado. Hoy el sector privado se jacta de tener mejores salarios, aunque en verdad son malos salarios, solo que superan a los del sector público. Esto sin nombrar que se han relajado las relaciones laborales y los compromisos contractuales por parte de muchas empresas públicas y privadas en contra de los intereses de la clase trabajadora, generando un nivel de conflictividad importante, aprovechado en muchos casos por actores de la derecha opositora que han sido al mismo tiempo los alentadores del bloqueo y la guerra económica.

Notas

[1]. Es importante tener clara esta idea, por ejemplo, un país con un PIB grande que no tenga ingresos de divisas, debe emitir las cantidades de dinero suficientes y necesarias para que se puedan transar los bienes y servicios de esa economía de gran tamaño; o por el contrario, un país con un alto nivel de ingresos en divisas, pero con una economía pequeña, no necesita emitir más dinero del que necesita su PIB para realizarse, para transarse, si emite de acuerdo a su cantidad de divisas, probablemente emita más dinero de lo necesario. La idea central es que la emisión de dinero por parte de los bancos centrales no está sujeta a la cantidad de divisas que posean dichos bancos, sino al tamaño de su PIB, y así funciona la economía en la realidad.

[2]. Esto es un decir, realmente el BCV aplicó mecanismos de absorción de liquidez que vamos a explicar de inmediato.

[3]. Títulos de Cobertura: Son instrumentos que el BCV vende al público para captar bolívares y tienen una duración corta, de hasta tres meses, tiempo después del cual deben devolver los bolívares más los intereses devengados. “Los títulos están dirigidos a las instituciones bancarias, personas naturales y a las personas jurídicas privadas, estas dos últimas, a través de los bancos en los que mantienen cuentas abiertas” Son llamados de “cobertura” porque justamente protejen la inversión de cualquier devaluación, aplicando una unidad indexada.Según el BCV “Los Títulos de Cobertura representan una gran oportunidad de inversión en activos denominados en bolívares, ya que ofrecen una mayor rentabilidad respecto a mantener coberturas en divisas o invertir en otros activos financieros en moneda extranjera en el resto del mundo.” Fuente: http://www.bcv.org.ve/

[4]. Vera, L. y Vera, J. A. Productividad laboral y salario real: relaciones de causalidad en Venezuela. Instituto de Investigaciones Económicas, Universidad Nacional Autónoma de México, nov. 2020, Problemas del desarrollo, vol. 52, núm. 205, pp. 27-53, 2021

[5]. “La demanda agregada es el total de bienes y servicios demandados por un país, a un determinado nivel de precios, en un determinado periodo de tiempo.” Economipedia. julio 2022, Visto en: https://economipedia.com/definiciones/demanda-agregada.html

[6]. Esto vale igualmente para los pensionados, que también elevarían los niveles de demanda agregada, en la misma medida que se incrementan los montos de las pensiones, si la política económica tomase la ruta de recuperar la economía recuperando la demanda agregada.

[7]. Curcio, Pasqualina. Fin de la hiperinflación en Venezuela. Visto en: https://www.nodal.am/2022/02/fin-de-la-hiperinflacion-en-venezuela/

Fuente: Tatuy TV

Un comentario sobre “VENEZUELA. EL SALARIO ES LA CLAVE: TODAVÍA ESTAMOS A TIEMPO (Parte I y II). Antonio Boza León.

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