Vijay Prashad ( Boletin Nº 9, 2022).
Ilustración: Vasiliy Tsagolov (Ucrania), Sin título, 2008.
03 de febrero 2022.
Es imposible no conmoverse ante la atrocidad de la guerra, la violencia de los bombardeos aéreos, el miedo atroz de civiles atrapadxs entre opciones que no son las suyas. Si al leer estas líneas supones que estoy hablando de Ucrania, estás en lo cierto, pero por supuesto, no se trata solo de Ucrania. En la misma semana en que las fuerzas rusas entraron en Ucrania, Estados Unidos lanzó ataques aéreos en Somalia, Arabia Saudita bombardeó Yemen e Israel atacó a Siria y al pueblo palestino en Gaza.
La guerra es una herida abierta en el alma de la humanidad. Arroja a la destrucción la preciada riqueza social: «El impacto de la guerra es evidente», escribió Karl Marx en los Grundrisse (1857-58), «ya que, económicamente, es exactamente igual que si la nación arrojara una parte de su capital al océano». Rompe la unidad social y daña la posibilidad de la solidaridad internacional: «los trabajadores del mundo se unen en tiempos de paz», escribió Rosa Luxemburgo en Either Or (1916), «pero en la guerra se degüellan unos a otros».
La guerra nunca es buena para los pobres. La guerra nunca es buena para las y los trabajadores. La guerra en sí misma es un crimen. La guerra produce crímenes. La paz es prioridad.

Plurinacionalismo vs. nacionalismo étnico. Ucrania, formada a partir de los imperios lituano, polaco y zarista, es un Estado plurinacional con grandes minorías de hablantes de ruso, húngaro, moldavo y rumano. Cuando Ucrania formaba parte de la Unión Soviética, la cuestión de la etnicidad no resultaba problemática por el hecho de que todas las personas ucranianas eran ciudadanas soviéticas y la ciudadanía soviética era supraétnica. En 1990, cuando Ucrania se separó de la Unión Soviética, la cuestión del origen étnico surgió como una barrera para la plena participación en la sociedad ucraniana. El problema sociopolítico al que se enfrentaba Ucrania no era único; el nacionalismo étnico afloró en casi todos los países del Este postcomunista, desde la terrible ruptura de Yugoslavia iniciada por la independencia de Croacia en 1991 hasta el enfrentamiento militar entre Georgia y Rusia en 2008. La limpieza étnica se consideraba totalmente normal, como cuando Occidente aplaudió la expulsión forzosa de medio millón de serbios de Krajina (Croacia) en 1995. En cambio, Checoslovaquia, uno de los países del Este comunista, se dividió pacíficamente en 1993 en la República Checa y Eslovaquia.
Paz regional vs. imperialismo de la OTAN, parte I. Tras el colapso de la Unión Soviética y la disolución del Pacto de Varsovia (1991), Estados Unidos trató de absorber toda Europa del Este en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Esto ocurrió a pesar del acuerdo alcanzado en 1990 con el último gobierno de la Unión Soviética de que, en palabras del entonces secretario de Estado estadounidense James Baker, la OTAN no se movería «ni una pulgada hacia el este». En el nuevo periodo, los países de Europa del Este y Rusia buscaron la integración en el proyecto europeo mediante la entrada en la Unión Europea (con fines políticos y económicos) y en la OTAN (por razones militares). Durante la presidencia de Boris Yeltsin (1991-1999), Rusia se convirtió en socio de la OTAN y entró en el G-7 (que, durante un tiempo, se convirtió en el G-8). Incluso en los primeros años del presidente Vladimir Putin, Rusia siguió pensando que sería acogida en el proyecto europeo. En 2004, la OTAN absorbió a siete países de Europa del Este (Bulgaria, Estonia, Letonia, Lituania, Rumanía, Eslovaquia y Eslovenia). En ese momento, el secretario general de la OTAN, Jaap de Hoop Scheffer, dijo que Rusia entendía que la OTAN no tenía «segundas intenciones». Sin embargo, Moscú acabó cuestionando el persistente avance de la OTAN hacia el este y, en 2007, Putin acusó a la OTAN de hacer una “demostración de fuerza” en el este de Europa. A partir de entonces, la expansión de la OTAN se convirtió en un asunto cada vez más conflictivo. Aunque la entrada de Ucrania en la OTAN fue bloqueada por Francia y Alemania en 2008, la cuestión de la incorporación de Ucrania al proyecto de la OTAN empezó a definir la política ruso-ucraniana. Este último punto evidencia que el debate sobre las «garantías de seguridad» para Rusia es incompleto: no se trata solo de los temores de seguridad de Rusia —ya que esta es una gran potencia nuclear— sino también de la relación de Europa con Rusia. Es decir, ¿podría Europa establecer una relación con Rusia que no se base en los mandatos de Estados Unidos para subordinar a Rusia?
Democracia vs Golpe de Estado. En 2014, el presidente ucraniano Víktor Yanukóvich solicitó un préstamo a Rusia, que Putin dijo que le proporcionaría si Yanukóvich dejaba de lado las redes financieras controladas por la oligarquía del país. En su lugar, Yanukóvich recurrió a la Unión Europea (UE), que le ofreció un asesoramiento similar, pero cuyas preocupaciones fueron dejadas de lado por Estados Unidos, una dinámica que se puso de manifiesto cuando la subsecretaria de Estado estadounidense, Victoria Nuland, le dijo al embajador de Estados Unidos en Ucrania, Geoffrey Pyatt, «que se joda la UE». Anteriormente, Nuland se había jactado de los miles de millones de dólares que Estados Unidos gastó en la «promoción de la democracia» en Ucrania, lo que en la práctica significó el fortalecimiento de las fuerzas prooccidentales y antirrusas. Yanukóvich fue destituido y sustituido en un golpe parlamentario por una serie de líderes respaldados por Estados Unidos (Arseniy Yatsenyuk y Petro Poroshenko). El presidente Poroshenko (2014-2019) impulsó una agenda nacionalista ucraniana en torno al lema armiia, mova, vira (‘ejército, lengua, fe’), que se hizo realidad con el fin de la cooperación militar con Rusia (2014), la promulgación de una legislación que convertía el ucraniano en «la única lengua oficial del Estado» y restringía el uso del ruso y otras lenguas minoritarias (2019), y la ruptura de los lazos de la Iglesia ucraniana con el patriarca Kirill de Moscú (2018). Estas medidas, junto con el empoderamiento de los sectores neonazis, rompieron el pacto plurinacional del país y produjeron un grave conflicto armado en la región de Donbass, en el este de Ucrania, que alberga una importante minoría étnica de habla rusa. Amenazada por la política estatal y las milicias neonazis, esta población minoritaria buscó la protección de Rusia. Para mitigar la peligrosa limpieza étnica y poner fin a la guerra en la región de Donbass, todas las partes acordaron un conjunto de medidas de desescalada, incluido el alto el fuego, conocido como los Acuerdos de Minsk (2014-15).


- Adhesión a los Acuerdos de Minsk.
- Garantías de seguridad para Rusia y Ucrania, lo que requeriría que Europa desarrolle una relación independiente con Rusia, que no esté condicionada por los intereses de Estados Unidos.
- Revocación de las leyes ultranacionalistas de Ucrania y vuelta al pacto plurinacional.
Si en las próximas semanas no se materializan las negociaciones y los acuerdos de fondo sobre estas cuestiones esenciales, es probable que las peligrosas armas se enfrenten a través de divisiones tenues y que más países se vean arrastrados a un conflicto con el potencial de salirse de control.
El escritor ucraniano soviético Mykola Bazhan escribió el poderoso poema «Elegía para las atracciones de circo» (1927) sobre las tensiones de un circo. ¿Podría haber alguna metáfora mejor para nuestros tiempos?
Una señora lanzará un grito punzante…
Entonces el pánico apunta y vuela
hacia sus aullidos desgarradores,
arrugando sus bocas desnudas.
Revuelve la saliva y las lágrimas
¡batiendo los labios en muecas!
Se balancean como cadáveres sobre hilos,
las voces.
