CHILE: OTRO CLAVO DE BUEN TAMAÑO EN EL ATAÚD DEL NEOLIBERALISMO. Francisco Dominguez.

Francisco Dominguez.

Foto: Partidarios de Boric celebran la victoria del candidato izquierdista este domingo en Santiago.JAVIER TORRES (AFP)

30 de enero 2022.


Observatorio de Trabajador@s en Lucha consideramos que este articulo realizado y publicado  el 23 de diciembre nos permite  visionar una perspectivas de la situación compleja e interesante en que se encuentra la situación sociopolítica de Chile. El Observatorio ha presentado, desde la misma insurgencia del pueblo chileno en octubre del 2019 mas de cuarenta y dos (42) artículos acerca de este proceso revolucionario que aun no acaba y que esta precisamente reconfigurándose en este momento. Estos artículos han sido unos mas polémicos que otros, ya que nuestra política no es  de «no responsabilidad editorial con lo que publica el autor» sino de implicancia en las luchas de los pueblos y de presentar todas las visiones obreros populares presentes que nos den una mejor perspectiva de lo que ocurre en América Latina. Este articulo realizado por Francisco Dominguez nos avizora lo complejo del proceso chileno y como hay que tener muchos ojos para entenderlo. Que lo disfruten. Si desean revisar esos artículos anteriores desde la insurgencia de octubre de 2019, lo pueden hacer colocando la palabra Chile en el buscador

Observatorio de Trabajador@s en Lucha


Publicado en portugués el 23 diciembre 2021 en Brasil247 – https://www.brasil247.com/blog/chile-mais-um-prego-de-bom-tamanho-no-caixao-do-neoliberalismo


Los hombres [y las mujeres] hacen su propia historia, pero no la hacen a su antojo; no la hacen en circunstancias elegidas por ellos mismos, sino en circunstancias ya existentes, dadas y transmitidas desde el pasado. La tradición de todas las generaciones muertas pesa como una pesadilla sobre el cerebro de los vivos.  – Marx, El 18 Brumario de Luis Bonaparte.

Hace unos días, cuando el candidato neofascista José Antonio Kast ganaba la primera vuelta de las elecciones presidenciales del país, la rebelión chilena de 2019 orientada a enterrar el neoliberalismo parecía haber llegado a su fin. Sin embargo, se revitalizó enormemente con la aplastante victoria del candidato de la coalición Apruebo Dignidad (1), Gabriel Boric Font, que obtuvo el 56% de los votos en la segunda vuelta, es decir, casi 5 millones de votos, la mayor cantidad en la historia del país. Gabriel, de 35 años, es el presidente más joven elegido en Chile.

Este resultado habría sido aún mayor de no ser por la política de la ministra de transportes, Gloria Hutt Hesse, que deliberadamente no activó casi ningún servicio de transporte público, especialmente autobuses a los barrios pobres, a objeto de minimizar el número de votantes pro-Boric, con la esperanza de que desistieran y se fueran a casa. (2) Durante toda la jornada electoral, fueron constantes las noticias en los principales medios de comunicación, especialmente en televisión, de personas en todo el país, pero especialmente en las paradas de autobús de Santiago (3) que se quejaban amargamente de tener que esperar 2 o incluso 3 horas por los autobuses para ir a los centros de votación. Así que había temores justificados de que amañaran las elecciones, pero la determinación de los votantes más pobres fue tal que la estratagema no funcionó.

La campaña de Kast, con la complicidad de la derecha y de los grandes medios de comunicación, llevó a cabo una de las campañas electorales más sucias de la historia del país, que recuerda a la “propaganda del terror” financiada y dirigida por Estados Unidos contra el candidato socialista Salvador Allende en las elecciones presidenciales de 1958, 1964 y 1970. Mediante insinuaciones y el uso de las redes sociales, el bando de Kast lanzó una burda propaganda anticomunista, acusando a Boric de ayudar al terrorismo, sugiriendo que Boric instalaría un régimen totalitario en Chile, y cosas por el estilo. La campaña trató de infundir miedo sobre todo a la pequeña burguesía, llegando a insinuar que Boric sería un adicto a los estupefacientes y que la delincuencia y el tráfico de drogas se descontrolarían si Boric llegaba a la presidencia. Además, los principales medios de comunicación atacaron a Boric con preguntas insidiosas sobre Venezuela, Nicaragua y Cuba, a las que Boric no dio las mejores respuestas.

Todo en vano, porque la masa de la población sabía que su voto era la única forma de evitar que el pinochetismo se hiciera con la presidencia y estaban hartos del presidente Piñera. Su percepción era correcta, sabían que en las circunstancias, la mejor manera de asegurar los objetivos de la rebelión social de octubre de 2019 era derrotar a Kast y su pinochetismo.

A medida que se desarrollaba la campaña electoral, aunque Kast se retractó de algunas de sus declaraciones pinochetistas más virulentas, la gente sabía que, si ganaba, no dudaría en aplicarlas plenamente. Entre otras muchas joyas, Kast declaró su intención como presidente de suprimir el ministerio de la mujer, el matrimonio entre personas del mismo sexo, la ley (muy restrictiva) sobre el aborto, eliminar la financiación del Museo en Memoria de las Víctimas de la Dictadura y del Centro Gabriela Mistral para la promoción de las artes, la literatura y el teatro, retirar a Chile de la Comisión Internacional de Derechos Humanos, cerrar el Instituto Nacional de Derechos Humanos, cesar las actividades de FLACSO (prestigioso centro latinoamericano de investigación sociológica), construir un foso en el norte de Chile (frontera con Bolivia y Perú) para frenar la inmigración ilegal, y dotar al presidente de autoridad legal para detener a personas en lugares que no fueran cuarteles de policía o cárceles (es decir, restaurar los procedimientos ilegales de la siniestra policía de Pinochet).

Las intenciones de Kast no dejaban lugar a dudas sobre cuál era la opción correcta en la elección. Sin embargo, me sorprendieron varios análisis ultraizquierdistas que abogaban por el voto en blanco, en un caso porque “no hay diferencia esencial entre Kast y Boric”, y, peor aún, hubo otro que sugería que “el dilema entre fascismo y democracia era falso” porque la democracia chilena está viciada. Mi desesperación ante semejantes “postura de principios”, probablemente dictadas por la mejor de las intenciones políticas, se convirtió en shock cuando el mismo día de las elecciones un corresponsal de Telesur en Santiago entrevistó a un activista chileno que sólo atacó a Boric con este mensaje: “gane quien gane, Chile pierde”.(4)

La coalición de centro-izquierda Concertación (5), que en el período 1990-2021 gobernó la nación durante 24 años, carga con la pesada responsabilidad de haber mantenido e incluso perfeccionado el sistema neoliberal, expresó abiertamente su preferencia por Bóric, y lo apoyó asiduamente en la segunda vuelta. Así, quienes creen que no hay diferencia entre Kast y Bóric lo hacen no sólo desde una posición ultraizquierdista, sino también declarando a Bóric culpable por asociación, aunque todavía no haya tenido la oportunidad de perpetrar el crimen.

Esto nos lleva a una pregunta política central: ¿qué le plantea la rebelión de octubre de 2019 y todas sus consecuencias sorprendentemente positivas a la clase obrera chilena? Lo que está en juego en Chile es la lucha, no (todavía) por el poder, sino por las masas que durante décadas fueron engañadas para aceptar (aunque a regañadientes) el neoliberalismo como un hecho inevitable de su existencia, hasta la rebelión de 2019, que fue la primera movilización de masas no sólo para oponerse sino también para deshacerse del neoliberalismo. (6) La Rebelión extrajo concesiones extraordinarias de la clase dirigente: un referéndum para una Convención Constitucional encargada legalmente de redactar una constitución anti neoliberal que sustituyera a la de 1980 promulgada bajo Pinochet en condiciones de dictadura.

El referéndum aprobó la propuesta de una nueva constitución y la elección de una asamblea con un 78 y un 79 por ciento respectivamente en octubre de 2020. Las elecciones de la Convención otorgaron a la derecha chilena 37 de los 155 escaños, es decir, sólo el 23%, mientras que los partidarios del cambio radical obtuvieron un total de 118 escaños, es decir, el 77%. En particular, los socialistas y los democristianos, antiguos partidos de la Concertación, obtuvieron juntos un total de 17 escaños. El mayor problema sigue siendo la fragmentación de las fuerzas emergentes que buscan el cambio, ya que juntas ocupan casi todos los escaños restantes, pero están estructuradas en fácilmente 50 grupos diferentes. Sin embargo, en consonancia con el contexto político, la Convención eligió como presidenta a Elisa Loncón Antileo, lideresa indígena mapuche, y hubo 17 escaños reservados exclusivamente para las naciones indígenas y elegidos sólo por ellas; un hecho inédito de gigantesca importancia.

El estallido social también obtuvo otras concesiones del gobierno y el parlamento, como la devolución de una parte cada vez mayor de sus cotizaciones a las “administradoras de pensiones” privadas, que los chilenos consideran, con razón, un fraude masivo que lleva más de 3 décadas. Esto ha supuesto un golpe para el capital financiero de Chile. La propuesta de una cuarta devolución en el parlamento (a finales de septiembre de 2021) no fue aprobada por un margen muy pequeño de votos. Podemos estar seguros de que este debate aún no ha terminado.

El escenario anterior se ha vuelto repentinamente confuso con los resultados de la primera vuelta de las elecciones presidenciales, en las que no sólo Kast quedó en primer lugar (con un 27% frente al 25% de Boric), sino que también se eligieron diputados y senadores para las dos cámaras del Parlamento de Chile. Aunque a la coalición Apruebo Dignidad le fue muy bien con 37 diputados (de 155) y 5 senadores (de 50), la derecha chilena de Podemos Más (partidarios de Piñera) obtuvo 53 diputados y 22 senadores, mientras que la antigua Concertación consiguió 37 diputados y 17 senadores.

Hay varias dinámicas en juego. En cuanto a las elecciones parlamentarias, allí aplican los mecanismos tradicionales y las relaciones clientelares existentes con políticos experimentados que ejercen influencia local y salen elegidos. Por el contrario, la mayoría de los miembros electos de la Convención son una coalición emergente de grupos de presión organizados en torno a campañas especificas (fondos de pensiones, des-privatización del agua, precios del gas, abuso del precio los servicios públicos, defensa de las tierras ancestrales mapuches, corrupción del Estado, etc.), que no presentaron candidatos al Parlamento.

Uno de los hechos más importantes fue el compromiso público de Boric en su discurso de victoria (19 de diciembre) de apoyar y colaborar con la Convención Constitucional para una nueva constitución. Esto ha dado y dará un enorme impulso a los esfuerzos por sustituir constitucionalmente el actual modelo económico neoliberal.

Lo que la clase obrera chilena debe resolver es la carencia de liderazgo político. Ni siquiera tienen un Frente de Resistencia Popular (FNRP) como el que construyó el pueblo de Honduras para luchar contra el golpe de Estado que derrocó a Mel Zelaya en 2009. El FNPR, compuesto por muchos y variados movimientos sociales y políticos, ha evolucionado hasta convertirse en el partido Libre que acaba de elegir a Xiomara Castro, como la primera mujer presidenta del país.(7) La forma posible de abordar esta brecha potencialmente peligrosa sería reunir en una conferencia nacional a todos los numerosos grupos de activistas organizados sobre temas específicos junto con todos los movimientos sociales y corrientes políticas para crear un Frente Popular por una Constitución Anti-Neoliberal.

Al fin y al cabo, han salido a la calle durante dos años para enterrar el modelo neoliberal opresivo, abusivo y explotador, y cada vez está más claro con qué sustituirlo: un sistema basado en una nueva constitución que permita la nacionalización de todos los servicios y recursos naturales, que castigue a los corruptos, que respete las tierras ancestrales de los mapuches y que garantice una sanidad, educación y pensiones dignas. El camino para llegar allí seguirá siendo accidentado y confuso, pero hemos ganado a las masas; ahora, con la elección de un gobierno que simpatiza con esta causa, podemos lanzar la transformación del Estado y construir un Chile mejor.

Notas

1 Una coalición electoral formada esencialmente por el Frente Amplio y el Partido Comunista, con grupos más pequeños.

2 En Chile, el voto es voluntario y los niveles de abstención en la primera vuelta fueron del 53%; el periódico El País, el 17 de diciembre, informó que el 60% de los votantes de La Pintana, un bastión de Boric, se quedó en casa en la primera vuelta.

3 Santiago tiene más de 6 millones de habitantes del total de la población chilena de 19 millones.

4 Los dirigentes y presidentes de los países latinoamericanos que hacen posible Telesur estarían en desacuerdo fundamentalmente con ese mensaje, en mi opinión, irresponsable.

5 La Concertación está formada esencialmente por los partidos socialista y demócrata-cristiano, además de otros partidos menores, y los socialistas y democratacristianos han ocupado la presidencia de Chile durante 3 y 2 periodos respectivamente, de un total de 6.

6 La batalla por Chile, https://prruk.org/the-battle-for-chile/

7.Ver mi artículo sobre Honduras aquí https://prruk.org/honduras-left-wing-breakthrough/

Deja un comentario