Vijay Prashad.
Pintura: Alisa Singer (EE. UU.), Changing [Cambiando], 2021. Source: IPCC.
26 de agosto 2021.
A fines de marzo de 2021, 120 propietarixs tradicionales de 40 pueblos originarios pasaron cinco días en el National First People’s Gathering on Climate Change [Encuentro Nacional de los Primeros Pueblos sobre el Cambio Climático] en Cairns (Australia). Hablando sobre el impacto de la crisis climática sobre los pueblos originarios, Gavin Singleton de las y los propietarios tradicionales Yirrganydji explicó que “Desde los cambios en los patrones climáticos a las transformaciones en los ecosistemas naturales, el cambio climático es una amenaza evidente y actual para nuestro pueblo y nuestra cultura”.
Bianca McNeair de lxs propietarixs tradicionales de Malgana en Gatharagudu (Australia) dijo que quienes asistieron al encuentro “hablaron sobre cómo han cambiado los movimientos de las aves en todo el país, lo que está produciendo cambios en las songlines que han estado cantando por miles y miles de años, y cómo eso está afectando a la comunidad y la cultura”. “Somos un pueblo muy resiliente, así que es un desafío que estábamos dispuestos a asumir. Pero ahora estamos enfrentando una situación que no es predecible, no es parte del patrón medioambiental natural”, dijo McNeair.

“La mayor parte de nuestras tradiciones, nuestras costumbres y nuestra lengua provienen del mar”, afirma Singleton, “por lo que perder el arrecife afectaría a nuestra identidad. Estábamos aquí antes de que se formara el arrecife, y aún conservamos historias que se han transmitido de generación en generación: de cómo el mar se elevó e inundó la zona, la ‘gran inundación’”. Los guardias Yirrganydji, señala Singleton, “tienen su corazón y su alma” en el arrecife. Pero están luchando contra todo pronóstico.

Poco después de la clausura del Encuentro Nacional de los Pueblos Originarios, el Grupo Intergubernamental de Expertxs sobre el Cambio Climático (IPCC por su sigla en inglés) publicó su sexto informe. Basado en el consenso de 234 científicxs de más de 60 países, el informe señala que “múltiples líneas de evidencia indican que los recientes cambios climáticos a gran escala no tienen precedentes en un contexto multimilenario, y que representan un esfuerzo de escala milenaria para los elementos de respuesta lenta del sistema climático, lo que resulta en la pérdida de hielo en todo el mundo, el aumento del contenido de calor de los océanos, el aumento del nivel del mar y la acidificación profunda del océano”. Si el calentamiento sigue alcanzando los 3 °C (para 2060) y los 5,7 °C (para 2100), la extinción humana es segura. El informe llega tras una serie de fenómenos meteorológicos extremos: inundaciones en China y Alemania, incendios en el Mediterráneo y temperaturas extremas en todo el mundo. Un estudio publicado en el número de julio de la revista Nature Climate Change concluye que “los extremos que baten récords” serían “casi imposibles en ausencia de calentamiento”.
Es importante destacar que el 6º informe del IPCC muestra que “las emisiones históricas acumuladas de CO2 determinan en gran medida el calentamiento hasta la fecha”, lo que significa que los países del Norte Global ya han llevado al planeta al umbral de la aniquilación antes de que los países del Sur Global hayan podido alcanzar necesidades básicas, como la electrificación universal. Por ejemplo, 54 países del continente africano solo representan el 2-3% de las emisiones mundiales de carbono; la mitad de los 1.200 millones de africanxs no tienen acceso a electricidad, mientras que muchos fenómenos climáticos extremos (sequías y ciclones en el sur de África, inundaciones en el Cuerno de África, desertización en el Sahel) se producen ya en todo el continente. Publicada en el Día Mundial del Medio Ambiente (5 de junio) y producida con la Jornada Internacional de Lucha Antiimperialista, nuestra Alerta Roja nº 11 explica con más detalle la dinámica científica y política de la crisis climática, las “responsabilidades comunes pero diferenciadas”, y lo que se puede hacer para cambiar las tendencias.

(COP26) en Glasgow (Reino Unido) para debatir sobre el cambio climático. La atención se centra en la COP26, en la que el poderoso Norte Global volverá a presionar para que las emisiones de dióxido de carbono sean “cero neto” y, por tanto, rechazará recortes profundos de sus propias emisiones, a la vez que insistirá en que el Sur Global renuncie al desarrollo social.
Mientras tanto, se prestará menos atención a la COP15, cuyo programa incluirá la reducción del uso de plaguicidas en dos tercios, la reducción a la mitad del desperdicio de alimentos y la eliminación del vertido de residuos plásticos. En 2019, un informe de la Plataforma Intergubernamental Científico-Normativa sobre Servicios de Diversidad Biológica y de los Ecosistemas mostró que la contaminación y la extracción de recursos habían amenazado con la extinción a un millón de especies animales y vegetales.
La relación entre el asalto a la diversidad biológica y el cambio climático es clara: la sola destrucción de humedales ha liberado a la atmósfera reservas históricas de carbono. Es necesario reducir drásticamente las emisiones y mejorar la gestión de los recursos.

Un artículo publicado recientemente en Nature demuestra que la aprobación del Protocolo de Montreal de 1987 sobre las sustancias que agotan la capa de ozono prohibió el uso de los clorofluorocarbonos (CFC), cuya eliminación gradual de los aerosoles, los refrigerantes y los envases de espuma de poliestireno evitó el agotamiento de la capa de ozono. El Protocolo de Montreal es importante porque —a pesar del lobby de la industria— fue ratificado universalmente. Ese tratado ofrece la esperanza de que una presión suficiente por parte de los países clave, impulsada por los movimientos sociales y políticos, podría dar lugar a regulaciones estrictas contra la contaminación y el abuso del carbono, así como a un cambio cultural significativo.

- Que los Estados del Norte Global reduzcan sus emisiones al menos en un 50%.
- Que los países en desarrollo reciban una ayuda sustancial para adaptarse a los efectos del cambio climático y abandonar los combustibles fósiles.
- Que se protejan los derechos de los indígenas.
- Abrir las fronteras internacionales a los refugiados climáticos
- Que se cree un tribunal internacional para perseguir los delitos climáticos.
- Que se reconozca el derecho de las personas al agua, y que las personas tengan derecho a no estar expuestas a una contaminación excesiva.
“Nos enfrentamos a dos caminos”, dijo el expresidente Morales, “el camino de la Pachamama (Madre Tierra) o el camino de las multinacionales. Si no tomamos el primero, los amos de la muerte ganarán. Si no luchamos, seremos culpables de la destrucción del planeta”. Gavin Singleton y Bianca McNeair sin duda estarían de acuerdo.

También lo haría el poeta y educador de la etnia Yorta Yorta, Hyllus Noel Maris (1933-1986), cuya “Canción espiritual del aborigen” (1978) despierta la esperanza y pone la banda sonora a quienes marchan para salvar el planeta:
Soy un hijo de la gente del tiempo del sueño
Parte de esta tierra, como el nudoso árbol de la goma
Soy el río, que canta suavemente
Cantando nuestras canciones en mi camino hacia el mar
Mi espíritu es los demonios del polvo
Espejismos, que bailan en la llanura
Soy la nieve, el viento y la lluvia que cae
Soy parte de las rocas y de la tierra roja del desierto
Roja como la sangre que corre por mis venas
Soy águila, cuervo y serpiente que se desliza
A través de la selva tropical que se aferra a la ladera de la montaña
Desperté aquí cuando la tierra era nueva
