Vijay Prashad.
Pintura-mural: Oswaldo Terreros (Ecuador), Mural para la Universidad Nacional de las Artes, 2012.
04 de febrero 2021.
En 2019, 613 millones de ciudadanxs de India votaron para elegir a sus representantes para el parlamento (Lok Sabha). Durante la campaña electoral, los partidos políticos gastaron alrededor de 60.000 crores de rupias (8.000 millones de dólares), de los cuales el 45% fue gastado por el partido gobernante, el Partido Bharatiya Janata (BJP por su sigla en inglés). El BJP ganó el 37% de los votos, lo que se tradujo en 303 de los 545 escaños en el Lok Sabha. Un año después, se gastó la impactante cifra de 14.000 millones de dólares en la campaña presidencial y parlamentaria de Estados Unidos, en la que el Partido Demócrata ganó y también lideró los gastos. Estas son cantidades gigantescas de dinero, cuyo peso en el proceso democrático ya es bastante claro. ¿Es posible hablar de “democracia” sin ser demasiado ingenux sobre el debilitamiento del espíritu democrático producto de esta avalancha de dinero?
El dinero inunda el sistema, carcome las lealtades de lxs políticxs, corrompe las instituciones de la sociedad civil y moldea las narrativas de los medios de comunicación. Importa que las clases dominantes del mundo sean dueñas de los principales medios de comunicación y que esos medios den forma al modo en que la gente comprende el mundo a su alrededor. Aunque la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la ONU afirma que “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión” (Artículo 19), el hecho es que la concentración de los medios en manos de unas pocas empresas circunscribe la libertad “de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”. Por esta razón, Reporteros Sin Fronteras tiene un Monitor de Propiedad de los Medios que rastrea la consolidación de los medios en manos del poder empresarial, lo que a su vez impulsa la agenda política dentro de los sistemas de gobierno existentes.

En América Latina, la extrema derecha ha utilizado todas las armas a su alcance para deslegitimar a sus adversarios, incluyendo el uso de buenas leyes anticorrupción de un modo malicioso para atacar a líderes de izquierda. Esta estrategia se denomina “guerra jurídica” o lawfare, en la que el derecho es utilizado —a menudo sin evidencias— para expulsar a líderes de izquierda electos democráticamente o bien para evitar que se postulen a cargos. La guerra jurídica fue usada para expulsar al presidente de Honduras José Manuel Zelaya en 2009, al presidente de Paraguay Fernando Lugo en 2012, y a las presidenta de Brasil Dilma Rousseff en 2016. Todxs estxs líderes fueron víctimas de golpes de Estado judiciales. Al expresidente de Brasil Luiz Inácio Lula da Silva se le negó la posibilidad de participar como candidato presidencial en 2018 debido a una demanda sin fundamento, en un momento en que las encuestas decían que resultaría ganador. La expresidenta de Argentina Cristina Fernández de Kirchner enfrentó una serie de casos a principios de 2016, los que le impidieron postularse de nuevo en 2019 (actualmente es vicepresidenta, lo que demuestra su popularidad en el país).

¿Por qué Correa fue un anatema tanto para la clase dominante de Ecuador como para la de Estados Unidos? La Revolución Ciudadana que el expresidente lideró aprobó una Constitución progresista en 2008, que puso el principio de “buen vivir” (sumak kawsay en quechua) en su centro. La inversión del gobierno para fortalecer los derechos sociales y económicos estuvo acompañada de una lucha contra la corrupción empresarial (incluyendo la multinacional). Las ganancias del petróleo ya no iban a parar a bancos extranjeros, sino que se usaban para invertir en educación, salud, obras viales y otra infraestructura básica. De los 17 millones de personas de Ecuador, casi 2 millones lograron salir de la pobreza en los años de Correa.
El gobierno de Correa fue una aberración para las empresas multinacionales —como Chevron, petrolera con sede en EE. UU.— y para la oligarquía ecuatoriana. La peligrosa demanda de Chevron contra Ecuador, presentada antes de que Correa asumiera, fue sin embargo resistida con gran fuerza por el gobierno entrante. La campaña de la “mano negra” puso una enorme presión internacional contra Chevron, que trabajaba en colaboración con la embajada estadounidense en Quito y con el gobierno de EE. UU. para debilitar a Correa y su campaña contra el gigante del petróleo.
El legendario músico Roger Waters me habla de las fechorías de Chevron en Ecuador
Pero no querían sacar solo a Correa, querían sacar a toda la izquierda (lxs llamadxs “correístas”). Lenín Moreno, que alguna vez fue cercano a Correa, asumió la presidencia en 2017, se cambió de bando, se volvió el principal instrumento para fragmentar a la izquierda ecuatoriana, y entregó al país de vuelta a las elites y a Estados Unidos. El gobierno de Moreno ha destruido al sector público desfinanciando la educación y el sistema sanitario, retirando derechos laborales y de vivienda, intentando vender la refinería de Ecuador, y desregulando partes del sistema financiero. El colapso de los precios del petróleo —que llevó a recortar los subsidios petroleros—, un enorme préstamo del Fondo Monetario Internacional a cambio de medidas de austeridad, y la negligencia en el manejo de la pandemia han mermado la legitimidad de Moreno. Una consecuencia de esas políticas ha sido la catastrófica respuesta del gobierno frente a la pandemia, a quienes se acusa de esconder deliberadamente de los registros a alrededor de 20.000 personas fallecidas por COVID-19.

Un mes antes de las elecciones presidenciales del 7 de febrero de 2021 se veía claramente que, en una elección justa, ganaría el candidato de izquierda, Andrés Arauz Galarza. Una serie de encuestan señalaron que Arauz ganaría en la primera vuelta con más del 40% de los votos. Arauz (35 años) es un candidato atractivo sin ningún atisbo de corrupción o incompetencia en toda una década de servicio en el Banco Central y como ministro en turbulentos últimos dos años del gobierno de Correa. Cuando Correa dejó la presidencia, Arauz se fue a México para hacer un doctorado en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). La oligarquía ha utilizado todos los medios a su alcance para impedir su victoria.

Correa obtuvo 5 millones de dólares de bancos chinos para mejorar la infraestructura de Ecuador (particularmente para la construcción de hidroeléctricas), mientras el total de la deuda externa de Ecuador es de 52 millones. Moreno y Estados Unidos han pintado los fondos chinos como una “trampa de la deuda”, aunque no hay evidencia de que los bancos chinos sean otra cosa que flexibles. Durante los últimos seis meses de 2020, los bancos chinos han estado dispuestos a pausar los pagos de los préstamos hasta 2022 (esto incluye un retraso en el reembolso del préstamo de 474 millones de dólares del Banco de Exportación e Importación de China y del préstamo de 417 millones del Banco de Desarrollo de China). El ministro de Hacienda de Ecuador dice que, por ahora, el plan es comenzar a reembolsar en marzo de 2022 y terminar en 2029. Moreno acudió a Twitter para anunciar estos dos retrasos. Los bancos ni ninguna otra entidad financiera de China no tomaron ninguna medida agresiva.
Esencialmente, los préstamos de la DFC buscan sabotear la presidencia de Arauz. Este conflicto con China impuesto por Estados Unidos en Latinoamérica es parte de un ataque más amplio. El 30 de enero, el Instituto Tricontinental de Investigación Social realizó un seminario junto al Instituto Simón Bolívar, ALBA Movimientos Sociales, y la plataforma No a la Guerra Fría para reflexionar sobre el campo de batalla latinoamericano de esta guerra híbrida.
Las exposiciones estuvieron a cargo de Alicia Castro (Argentina), Eduardo Regaldo Florido (Cuba), João Pedro Stedile (Brasil), Ricardo Menéndez (Venezuela), Mónica Bruckmann (Perú/Brasil), Ambassador Li Baorong (China), y Fernando Haddad (Brasil).

A pesar del vaciamiento de la democracia, las elecciones siguen siendo uno de los frentes de la contienda política, y en esa contienda la izquierda lucha para convocar el espíritu democrático. Quizás la poesía es el mejor modo de articular la textura de este conflicto. De la rica tradición de pensamiento emancipador de Ecuador surgió el escritor y comunista Jorge Enrique Adoum. Aquí compartimos una parte de su potente poema “Fugaz retorno”:
Y corrimos, como dos fugitivos, hasta
la dura orilla donde se deshacían
las estrellas. Los pescadores nos hablaron
de victorias sucesivas en provincias cercanas.
Y nos mojó los pies una espuma del alba,
llena de raíces nuestras y de mundo.
“¿Cuándo es la felicidad?” pregunta el poeta. Mañana. ¿No estamos todxs en busca del mañana?
