Marisa von Bülow.
20 de diciembre 2020.
Al principio, la llegada de la pandemia del nuevo coronavirus provocó una fuerte disminución de las movilizaciones y protestas sociales. Sin embargo, muy rápidamente se hizo evidente el comienzo de un nuevo ciclo de acción colectiva. De hecho, la pandemia debe entenderse como un acontecimiento movilizador, una crisis a la que una amplia variedad de agentes de la sociedad civil ha respondido de manera creativa. En este texto, presentamos un análisis de los impactos de la pandemia en el activismo digital, a partir de las experiencias de movimientos sociales en Brasil.
No quedan dudas de que el ritmo del proceso de digitalización de la vida se aceleró durante la pandemia. A medida que se implementaron medidas de aislamiento social y trabajo desde el hogar, la gente recurrió a sus computadoras, teléfonos y televisores para todo tipo de actividades cotidianas, desde reuniones de trabajo hasta clases de yoga. Comprender los impactos de esta nueva fase de digitalización de la vida es un gran desafío que requerirá un esfuerzo a largo plazo. Este texto contribuye para esos debates, centrándose en el tema del activismo político digital. Argumento que, al igual que la digitalización en general, la aceleración también es una parte importante de lo que está sucediendo con el activismo digital. El cambio, sin embargo, no se limita a eso. Paralelamente a la aceleración, existe un proceso profundo de transformación del uso de las tecnologías digitales para el activismo político.
Dicha transformación es sin duda incipiente y desigual, pero la percepción de los actores de la sociedad civil sobre las potencialidades del activismo digital ha cambiado en el contexto de la pandemia, especialmente en los casos de aquellos actores que han tenido que enfrentar los obstáculos de la exclusión digital y la alfabetización digital. Por otra parte, los impactos de la pandemia en el activismo no son los mismos para todos los actores del mundo, y es imposible generalizar a partir de la experiencia brasileña. El contexto importa.
En países o regiones menos desarrollados, las desigualdades en el acceso a las tecnologías digitales y en las aptitudes digitales dificultan el proceso de apropiación de las herramientas digitales. Además, la imposibilidad de imponer políticas estrictas de cuarentena hace que la experiencia de la pandemia y las medidas contra ella se sientan por más tiempo y sean más duras. Paradójicamente, es en esos contextos que los impactos de la pandemia en el activismo digital son más profundos. A seguir, ejemplificamos dichos impactos a través de ejemplos de apropiación, diversificación, adaptación e integración de las nuevas tecnologías a repertorios de acción colectiva.
Cambios en el Activismo Digital: ¿Cómo y para quién?
En la década de 2000, el acceso a Internet creció exponencialmente en todo el mundo. Brasil no fue una excepción. No obstante, en 2019, uno de cada cuatro brasileños todavía no tenía acceso a Internet. Es importante señalar que la exclusión de Internet está correlacionada con los ingresos, la edad, el lugar de residencia (ya sea que las personas vivan en zonas rurales o urbanas) y la educación. Así, mientras que para el grupo de mayores ingresos el acceso a Internet es prácticamente universal (95%), sólo el 57% de las personas de los dos niveles de ingresos más bajos tienen acceso a Internet (CGI, 2019). Además, son pertinentes las diferencias en la calidad del acceso a Internet, que también se distribuyen de manera desigual. Para los brasileños más pobres, el acceso se da sobre todo a través de teléfonos (y no computadoras), y a menudo depende de la disponibilidad de servicios Wi-Fi gratuitos.
En marzo, cuando se aplicaron las primeras medidas de lockdown en el Brasil, se generó una ruptura con las interacciones cara a cara que restringió abrupta e instantáneamente las posibilidades de acción colectiva. Esto representó un desafío crucial para los actores de la sociedad civil. A pesar del creciente uso de las herramientas digitales por parte dichos actores, para muchos el ámbito digital era todavía un territorio relativamente inexplorado.
Según los datos de una encuesta en línea realizada a 1.760 organizaciones de la sociedad civil en la última semana de mayo, el 55% mencionó la dificultad de mantener el contacto con sus miembros como el segundo impacto negativo más importante de la pandemia (sólo por detrás de la disminución de los recursos financieros) (Mobiliza Consultoria & Reos Partners, 2020). La cuestión del acceso a Internet también se hizo urgente porque las personas con derecho a recibir la ayuda de emergencia del gobierno tuvieron que descargar un aplicativo en sus teléfonos para registrarse.
En ese contexto, parte de la movilización de ONGs y movimientos sociales se centró en la necesidad de combatir la exclusión digital. La Coalición Derechos en la Red, por ejemplo, propuso utilizar fondos públicos para subvencionar los costos de conectividad y la adquisición de hardware para estudiantes de bajos ingresos. En otros casos, organizaciones de la sociedad civil han distribuido chips de telefonía móvil e instalado puntos de red inalámbrica en lugares con conexiones deficientes.
Hablar de la apropiación de lo digital para el activismo es también hablar de alfabetización digital, un obstáculo clave para las organizaciones que trabajan con personas pobres y de edad avanzada con bajo nivel educativo, y con personas con discapacidades. Un activista, que dirige una organización que trabaja con personas pobres en todo el país, describió su preocupación inicial y luego su sorpresa ante los resultados de los esfuerzos de apropiación digital:
Las dos primeras semanas fueron de total angustia (…) nos quedamos sin saber qué hacer (…)”… «Es increíble lo que he descubierto. (…) hombres y mujeres que apenas pueden escribir sus nombres, son casi analfabetos (…) hoy en día logran entrar en una aplicación como ésta (Zoom) y pueden participar en las reuniones. (Entrevista 7, 2 de octubre de 2020).
Para estos activistas, apropiarse de la tecnología significaba no sólo aprender a hacer las cosas de una forma nueva, sino también cambiar la forma en que se evaluaban las potencialidades del activismo digital.
Otras tendencias transformadoras del activismo digital están relacionadas con los cambios en la forma en que los actores utilizan las herramientas digitales para la acción colectiva. La adaptación más sencilla y tal vez más visible fue la transición de las reuniones presenciales a las reuniones online. También hubo un proceso de diversificación de las actividades en línea. El mejor ejemplo quizás sea el boom en la organización de “lives” y seminarios por Internet.
Finalmente, también identificamos la tendencia a una mayor integración entre actividades online y offline. Por ejemplo, para las acciones de ayuda mutua, se reclutaron voluntarios a través de Facebook, se coordinaron acciones a través de grupos de WhatsApp, se realizaron reuniones presenciales en canchas de fútbol (donde podían respetar las reglas de distanciamiento social) y se entregaron donaciones en persona, a menudo con transmisión simultánea en Facebook o Instagram (Abers & von Bülow 2020).
Dicha tendencia también ha sido una característica de formas de acción más confrontativas, como la huelga nacional convocada por los trabajadores de aplicativos de entrega de comida. El día de la huelga (25 de julio), los motoboys usaron grupos de WhatsApp para coordinar el cierre de calles y otras formas de protesta. Durante ese día, también organizaron un «vómito» virtual en las páginas de Facebook de las empresas que los contratan.
Conclusión
Las percepciones de los actores de la sociedad civil sobre el potencial del activismo digital están cambiando, y sus prácticas digitales se están transformando. Algunos de estos cambios no son fácilmente mensurables. No se pueden medir por el número de tweets enviados, ni por el número de seguidores en medios sociales. Sin embargo, la transformación se hace evidente cuando los activistas hablan de la creciente relevancia de los temas de inclusión y alfabetización digital, de los usos que han hecho de los nuevos recursos tecnológicos y de su integración con las acciones en las calles.
Este texto apuntó tendencias y abrió una agenda para futuras investigaciones. En particular, es necesario seguir investigando las diferentes vías de digitalización de los actores y la forma en que éstas se relacionan con las percepciones sobre las potencialidades (y limitaciones) del activismo digital. También necesitamos más datos sobre los tipos de herramientas digitales que los actores están priorizando, y si hay debates sobre la necesidad de ir más allá de las plataformas propietarias. La mayoría de los ejemplos que hemos mapeado muestran una tendencia de los activistas a utilizar un conjunto limitado de plataformas, en particular, Facebook, WhatsApp y Zoom.
El cambio digital no es la panacea. La sociedad civil ha discutido los desafíos psicológicos que implica el tiempo excesivo en la pantalla, y los movimientos sociales son conscientes del hecho de que la protesta digital no es un sustituto de la protesta callejera. Además, y al igual que antes de la pandemia, el proceso de apropiación digital sigue siendo muy desigual, dadas las diferencias de recursos y poder político entre los actores. Queda por ver, por lo tanto, si todas las tendencias trazadas serán sostenibles en un futuro pospandémico.
Referencias
Abers, Rebecca y Marisa von Bülow. 2020. “A sociedad civil das periferias urbanas frente à pandemia (marzo-julio 2020)”, Relatório de Pesquisa 1 do Repositório de Iniciativas da Sociedade Civil contra a Pandemia do Grupo de Pesquisa Resocie, Universidade de Brasília, Brasília, 30 de junho, disponível em: https://resocie.org/relatorios-de-pesquisa-do-repositorio/
Comitê Gestor da Internet no Brasil (CGI). 2019. “TIC Domicílios – pesquisa sobre o uso das tecnologias da informação e comunicação nos domicílios brasileiros”, CETIC/ NIC/CGI.
Mobiliza Consultoria & Reos Partners. 2020. “Impacto da Covid-19 nas OSCs brasileiras: da resposta imediata à resiliência”, available at https://mailchi.mp/mobilizaconsultoria/estudocovid19, acessado pela última vez em 12 de novembro de 2020.
Fuente: Internet Ciudadana; https://al.internetsocialforum.net/ Revista Internet Ciudadana N° 5 Diciembre 2020.
