Tricontinental
Pinturas: Exposición en La Casa Museo José Carlos Mariátegui “El Rostro de Mariátegui” de artistas peruanos que participaron: Oshka Tarazona, Andrés García, Juan Milla, Sonia Estrada, Ever Arrascue, Bruno Portuguez, Carlos Osotoloza, José Pareja, Orlando Izquierdo, Willy Niquén, Fanny Palacios, Diana Mendoza, Juan Zárate, Carlos Zenozaín, Orlando Ocampo, Víctor Doria, Antonia Tintaya y Julio Campos. Exposicion realizada el 16 de agosto 2016.
14 de junio 2020
No queremos, ciertamente, que el socialismo sea en América calco y copia. Debe ser creación heroica. Tenemos que dar vida, con nuestra propia realidad, en nuestro propio lenguaje, al socialismo indoamericano. He aquí una misión digna de una generación nueva.
José Carlos Mariategui
Desde Observatorio de Trabajador@s en Lucha conmemoramos los 126 años del nacimiento ( 14 de junio 1894 en Moquegua, Perú) de José Carlos Mariátegui uno de los más importantes intelectuales marxistas y militantes comunistas de América Latina. Para Mariategui el marxismo fue un diálogo intenso y duradero con las condiciones concretas de la vida social latinoamericana.
Presentamos la «Introducción» de Lucia Reartes y Yael Ardiles, que nos dan unas pinceladas del pensamiento mariateguiano. Esta introducción forma parte del volumen que aquí entregamos con el titulo de Mariátegui. Producido por seis editoriales en seis idiomas, reúne tres de los textos de Mariátegui con una introducción del intelectual brasileño Florestan Fernandes (1920-1995) y un prólogo desde la Escuela José Carlos Mariátegui, en Argentina.
Introducción
Lucía Reartes y Yael Ardiles*
Entonces volverás en el rocío de la vida en la risa marina de los negros
en el campo repartido entre los indios en la dicha nacional de las mujeres.
Volverás de nuevo en la tierra para el campesino en la fábrica al trabajador
en la salud y el agua para todos y en el alfabeto viviente de los libros.
A José Carlos Mariátegui, Gustavo Valcárcel (1955)
El presente libro es un homenaje a José Carlos Mariátegui en el aniversario de su nacimiento. El Amauta1, quien perdió su vida a la corta edad de 35 años, ha dejado un legado teórico y político insoslayable para los proyectos emancipa- torios nuestroamericanos y mundiales. Este pequeño gesto a un gran revolucionario no busca ser un melancólico re- cuerdo sino más bien una recuperación de la vitalidad del ser y el hacer de Mariátegui, porque a la hora de trazar una praxis con capacidad de incidencia en la realidad, es necesario valernos de todas las herramientas prácticas y teóricas brindadas por nuestro pueblo y por nuestros intelectuales orgánicos.
La producción intelectual de Mariátegui es fiel hija de su tiempo, pero su pensamiento trasciende los escasos años de su vida, corriendo las fronteras del tiempo para susurrar, a quienes quieran oír, claves de interpretación-transformación de la realidad. A modo de presentación, queremos destacar cinco grandes legados —entre tantos otros— que Mariátegui ha dejado, los cuales mantiene plena vigencia a pesar de haber sido escritos hace 100 años.
Contra el positivismo:por una nueva racionalidad socialista
Mariátegui nace en Moquegua (Perú) un 14 de junio de 1894 y transcurre la mayor parte de su vida en un contexto de fuertes convulsiones sistémicas: el fin de la hegemonía del liberalismo, la debacle de la Ilustración y el positivismo como sistema de ideas, la Primer Guerra Mundial y el período de entreguerras, la crisis económica, la caída de los viejos imperios europeos y la emergencia de titanes como el comunismo y el monstruo fascista.
A temprana edad sufre de artritis tuberculosa, raquitismo y un accidente en la escuela a los 8 años le impide seguir sus estudios formales, condenándolo a una niñez postrado en la cama de un hospital. Estas circunstancias serán más tarde la causa de la amputación de una de sus piernas. Sin embargo, la voluntad de Mariátegui no se ve doblegada: se convierte en un ávido lector autodidacta para luego iniciar un camino en el periodismo que lo acompaña durante toda su vida laboral, intelectual y política. Su sensibilidad por la causa de los oprimidos y oprimidas, su acercamiento a los círculos intelectuales de vanguardia literaria del Perú y a una militancia proindígena y antigamonal2 le cuesta el exilio en 1919, bajo el gobierno de Augusto Leguía. Instalado en Italia, Mariátegui abraza las ideas del marxismo desde un ángulo particular, seducido por el espíritu de épica europeo, el zeitgeist de entreguerras: un marxismo despojado de elementos positivistas, deterministas y economicistas. Contemporáneo de Gramsci, Lukács, Bloch, Brecht y Luxemburgo, estudioso de Sorel, Gobetti y Croce, el Amauta destaca el potencial del marxismo como método creativo y crítico que, situado en los procesos concretos y a través de sus minuciosos análisis, habilita la praxis revolucionaria. Esta forma de comprender la realidad convierte a Mariátegui en el padre del marxismo latinoamericano y en una piedra angular del pensamiento emancipatorio.

De sus primeros recorridos, Mariátegui extrae una valiosa lección: la necesidad de conjugar el análisis minucioso de la realidad con la exaltación del potencial creativo de la praxis humana, destacando la particular configuración de las formaciones sociales y de clase de cada realidad. En esta clave, el artículo «Aniversario y balance», compilado en este libro, señala su ya inmortalizada afirmación: «No queremos, ciertamente, que el socialismo sea en América calco y copia. Debe ser creación heroica». Una invitación a no repetir recetas y pensar donde los pies pisan, adoptando una sensibilidad particular por nuestra cultura, por nuestras tradiciones, por nuestra historia y por la correlación de fuerzas propia del contexto nuestroamericano.
Invitación a la vida heroica: el mito
De esta primera gran lección derivan los siguientes aportes del Amauta. Su rechazo al positivismo no aleja a Mariátegui del optimismo de la voluntad, al contrario, refuerza sus esperanzas en las promesas emancipatorias del proyecto de la Ilustración. No pone el lente sobre determinantes estructurales del desarrollo histórico, sino que analiza el accionar de los pueblos: ¿Qué moviliza a las clases oprimidas? ¿De dónde sacan el convencimiento, la fuerza para enfrentarse a un enemigo desigualmente más poderoso? ¿Qué les invita a organizarse colectivamente? Aquí Mariátegui encuentra un concepto movilizador, el mito3: el mito es quien provee las imágenes, la fuerza que moviliza el yo profundo y trasciende lo existente, invitando a la vida heroica. Mariátegui no des- carta la idea de racionalidad del proyecto moderno, sino que señala la potencia del mito a la hora de crear racionalidad alternativa, digna de una vida auténtica.
El mito religa la comunidad y brinda códigos comunes de interpretación y de intervención en la realidad, por eso en algún punto es quien produce la comunidad. Sin embargo, no debe entenderse al mito como una construcción ficcional, un «engaño» que permite la utilización instrumental de las masas: emana de la historia de cada pueblo y es la articulación tensa pero indisociable de tendencias milenarias y procesos emergentes. Para las organizaciones populares, se trata de comprender la fuerza movilizadora del mito de nuestro pueblo y no de crear un nuevo mito ajeno a las sensibilidades populares.
Las clases subalternas en América Latina: el problema del indio
Mariátegui asiste a un período de constantes sublevaciones indígenas en Perú. Despojados de sus tierras, semiesclavizados bajo el sistema gamonal y violentados permanentemente, muchas comunidades protagonizaron rebeliones y aunaron causas con el movimiento obrero, estudiantil y con la intelectualidad. Contemporáneo de González Prada, Valcárcel y Ugarte, Mariátegui sigue con detenimiento «el problema del indio»4 y en este clima intelectual revitaliza la tesis del comunismo incaico, no como restauración de un pasado idílico perdido, sino como parte de la matriz cultural nacional y andina: el estudio de la realidad peruana es indisociable de la cuestión del indio.

El Amauta reconoce el potencial de un sujeto indígena sin abandonar la perspectiva de clase. Rechazando el determinismo y el evolucionismo, comprende la heterogeneidad de sujetos oprimidos y propone articular al movimiento obrero, las luchas campesinas indígenas, estudiantiles e incluso la lucha de las mujeres. Muestra de esto último se encuentra en el artículo aquí compilado: «Las reivindicaciones feministas» (1928), que tiene mucho de innovador en el contexto en que fue escrito. Mariátegui no esencializa un sujeto revolucionario, sino que descubre el potencial transformador en la subalternidad, en la multiplicidad de experiencias de los oprimidos y sobre todo, en su capacidad de agencia, en la voluntad de emancipación, en la medida en que esa potencia se encuentre anclada en la propia historia de los sujetos.
El yo profundo: una nueva ética socialista
El legado de Mariátegui también se encuentra vinculado a su desdén por la cáscara vacía que ofrece la vida bajo la lógica de la razón instrumental. ¿Qué tiene el socialismo para ofrecer a nuestros pueblos? ¿Qué tiene el socialismo para ofrecer a un obrero, a una campesina, a una joven, a un indio? Mariátegui cree profundamente en la necesidad de un horizonte de esperanza como fuerza motora de un nuevo proyecto civilizatorio y de una nueva racionalidad, que permita recomponer el tejido societal, guiado por una nueva ética socialista. Por eso, el intelectual peruano no propone una separación quirúrgica entre la sociedad del ahora y una sociedad del mañana, sino que valoriza las experiencias prefigurativas, exalta el peso de las subjetividades colectivas como portadoras de una verdadera ética socialista. Recuperando el carácter histórico de la praxis en las comunidades incaicas, ofrece alternativas económicas, sociales y políticas propias del pueblo indoamericano, en vistas a disputar las formas y los contenidos cotidianos de las clases dominantes, en una suerte de dialéctica entre el pasado y el futuro.

El presente libro contiene también el artículo «Ética y socialismo» (1928), el cual —en medio de una polémica abierta con revisionistas de su época— destaca el componente ético del proyecto socialista. En esta clave nos invita a pensar: ¿Cuál es el contenido ético de nuestro proyecto político? ¿Cuáles son los elementos de socialismo práctico en nuestro quehacer cotidiano, en nuestra militancia de base, en nuestros territorios, en nuestra organización?
Nacionalismo Internacionalista: forjando una izquierda situada
En un célebre escrito sobre Mariátegui, Flores Galindo5 indica que la experiencia del exilio generó en el Amauta dos ideas: defensa de lo nacional y necesidad del internacionalismo. Mariátegui no solo es un ávido conocedor y analista internacional sino que apuesta, desde su regreso a Perú en 1923, al fortalecimiento de la organización de las clases subalternas a escala internacional: aportando a la Sindical Roja y a la III Internacional Comunista. A pesar de sostener serias diferencias con planteos etapistas y estandarizados de la III Internacional, no deja de intervenir en la misma como organización realmente existente de la izquierda internacional, motivo por el cual recibe fuertes críticas desde el aprismo6. Esta es muestra de su antisectarismo y de su visión omnicomprensiva del momento histórico, ya que una fuerza política que carezca de perspectiva geopolítica y estrategia supranacional es miope y está destinada a toparse una y otra vez con la misma piedra, hasta caer.
El internacionalismo de Mariátegui se conjuga con la necesidad imperante de entender los procesos nacionales. Su colaboración periodística en la revista «Mundial» es parte de este legado, escribiendo de manera asidua la sección «Peruanicemos al Perú». La generalización de la forma Estado como modo de organización y dominación social lo obliga a comprender los procesos nacionales para una acertada intervención política y, en esta clave, rechaza numerosos planteos de la III Internacional que proponen una misma forma de intervención política en las diversas realidades nacionales que integran la Internacional.
Los legados que enumeramos, así como los artículos aquí compilados, son solo un recorte arbitrario de la prolífica obra del Amauta. Su pensamiento y su práctica mantienen una enorme vigencia y nos enseñan a desesencializar los procesos políticos, situando el foco en la realidad en que vivimos, y a poner nuestro mayor empeño organizativo y humano en vivir una vida heroica en pos de una nueva racionalidad socialista.
Notas
* Lucía Reartes y Yael Ardiles son integrantes de la Escuela José Carlos Mariátegui, orientada a la formación de movimientos populares y cuya sede se encuentra en Argen- tina (N. de. E).
1 Mariátegui fue apodado «Amauta» por el nombre de la revista que él mismo fundó en 1926. Amauta (amawt’a) proviene del quechua —la lengua del pueblo Inca— y significa «maestro» o «sabio».
2 Gamonalismo fue el nombre que adoptó el régimen oligárquico en el Perú. Se nominó «gamonal» a los terratenientes criollos, sin casta de cuño colonial, que expandieron sus haciendas y su poder sociopolítico expropiando tierras de los ayllus indígenas con métodos violentos.
3 Este concepto proviene de las lecturas del filósofo francés Georges Sorel, pero es reinterpretado y cualificado por Mariátegui.
4 Así es como titula el famoso segundo apartado del libro Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana, publicado por vez primera en 1928, en Lima.
5 Hacemos referencia al libro La agonía de Mariátegui de Alberto Flores Galindo.
6 La Alianza Popular Revolucionaria Latinoamericana (APRA) fue creada en 1924 por Víctor Raúl Haya de la Torre. Mariátegui y un grupo de militantes e intelectuales cercanos formaron parte de la misma, pero las diferencias se fueron acrecentando hasta producirse una ruptura, en el año 1928.
Fuente: Tricontinental; https://www.thetricontinental.org/es/libro-mariategui/
