EXPERIENCIAS ARTICULADORAS DE ALGUNOS MOVIMIENTOS POPULARES CHAVISTAS EN LUCHA POR EL SOCIALISMO.

Nota  de Observadores de Trabajador@s en lucha

18 de julio 2019.

Presentamos dos expreincias de articulaciones y unidad de objetivos que se están desarrollando en diferentes movimientos populares chavistas de base por considerarlo de importancia para el avance de la construcción del constituyente identidario  chavista que permita construir la sociedad comunal que deseamos para nuestra Patria.

El primero es  Diálogos para una superación Chavista de la Crisis: documento para el debate elaborado por Laboratorio Crítico Comunachos, Surgentes. Colectivo de DDHH, Corriente Marxista – Lucha de Clases, Movimiento de Inquilinxs, Universidad de las Comunalidades, Causa Campesina, FCI (Frente Cultural de Izquierda), 15 y Último, Voces Urgentes, Tatuy TV, Voces Antiimperialistas, Frente Nacional Comunal Simón Bolívar. El segundo TRES EXPERIENCIAS, UNA FUERZA, UN MISMO PROYECTO TRANSFORMADOR que es una entrevista con los movimientos sociales que se unificaron que son la Comuna El Maizal, la Fuerza Patriótica Alexis Vive y la Corriente Revolucionaria Bolívar y Zamora.

Son muy importantes para el debate político necesario.

Observatorio de tabajador@s en lucha


imagenlucha

Diálogos para una superación Chavista de la Crisis: documento para el debate.

14 de julio 2019.

Desde diciembre de 2018 un grupo de organizaciones comenzamos a reunirnos a partir de la necesidad de escucharnos y reflexionar colectivamente sobre la situación de la Revolución Bolivariana. Allí va naciendo un documento abierto para el debate colectivo y la construcción dialógica de alternativas a la crisis. El documento se presentó el 29 de junio en el Teatro Alameda en Caracas. A partir de allí, surgieron nuevos aportes e incorporaciones al proceso de trabajo colectivo.

La vocación del documento, uno de tantos ejercicios del movimiento popular que se organiza para buscar salidas revolucionarias a la crisis, es profundamente Bolivariana: “Queremos más y no menos Chavismo para enfrentar esta crisis, porque en el pasado, con ese programa y nuestro protagonismo logramos derrotar las amenazas de la derecha, mantener a raya a las fuerzas conservadoras internas y avanzar en nuestra inclusión material y espiritual” afirma “Diálogos para una superación Chavista de la crisis”.

En las próximas semanas continuaremos socializando el documento en foros y debates. Entre tanto, compartimos la última versión. Nos pueden hacer llegar sus comentarios (o suscripciones de organizaciones) por múltiples vías, incluyendo por aquí.

Las organizaciones que suscriben este documento son: Laboratorio Crítico Comunachos, Surgentes. Colectivo de DDHH, Corriente Marxista – Lucha de Clases, Movimiento de Inquilinxs, Universidad de las Comunalidades, Causa Campesina, FCI (Frente Cultural de Izquierda), 15 y Último, Voces Urgentes, Tatuy TV, Voces Antiimperialistas, Frente Nacional Comunal Simón Bolívar.

DIÁLOGOS PARA UNA SUPERACIÓN CHAVISTA DE LA CRISIS (VERSIÓN 2, 08/07/2019) Protagonismo popular y horizonte democrático socialista

El vivo, efectivo y pleno ejercicio del poder popular protagónico es insustituible condición de posibilidad para el socialismo bolivariano del siglo XXI. – Hugo Chávez

  1. PRESENTACIÓN

Quienes suscribimos este documento; pertenecemos a diversos colectivos, movimientos, organizaciones de base y partidos políticos de izquierda. Somos parte del proceso de movilización popular conocido como Revolución Bolivariana. Decidimos juntarnos para realizar un diagnóstico de la coyuntura y construir propuestas de acción política para ser dialogadas con otras organizaciones del campo popular, apostando a procesos de unidad en la diversidad, de solidaridad y articulación, que aumenten la fuerza colectiva del chavismo popular, desde la izquierda.

Nos une la convicción de que es posible avanzar en la acumulación de poder popular y en la creación de escenarios que permitan darle viabilidad al programa democrático de transición al socialismo. Apostamos a que la acción política, en el marco de la superación de la crisis, puede generar condiciones más favorables para el campo popular, que aumenten su fuerza relativa y que creen las condiciones de posibilidad para retomar el programa chavista. Creemos que tanto la construcción de una sociedad mejor, como la superación de la coyuntura actual, sólo es posible retomando el sendero de la soberanía popular. Defendemos que el grito de Chávez “¡Comuna o Nada!” permanece más actual que nunca, y que la comuna sigue siendo el espacio de donde se va a parir el socialismo.

Nos une un rechazo a la agresión imperialista que vive el pueblo venezolano; a las consecuencias criminales que tienen sobre los derechos humanos a la vida, a la salud, a la alimentación y a la autodeterminación, las medidas coercitivas unilaterales aplicadas por los EEUU y su alianza internacional. Reivindicamos el derecho humano a la autodeterminación de los pueblos, pilar del derecho internacional, que implica la condena a las injerencias externas, la libre determinación sobre nuestros recursos y la expresión de la soberanía popular para definir nuestro destino colectivo.

Nos une un rechazo a la expropiación del protagonismo del pueblo chavista en la transformación de la crisis múltiple que vivimos como país. Si en algo se sustenta el carácter emancipador de la Revolución Bolivariana, es justamente en que contó con el protagonismo popular en la construcción de dignidad colectiva y justicia social. Nuestros mejores logros ocurrieron cuando fuimos protagonistas y no espectadores. Y es esa la historia nuestra que hoy invocamos, frente a las élites de cualquier tipo que quieren decidir por nosotras/os nuestro destino.

Nos une la certeza de que la guerra es un camino en el que las principales víctimas son los sectores populares; que la destrucción material y cultural en un escenario bélico nos afectaría por décadas.

Nos une una preocupación por el drama económico y social que produce un aumento creciente de la pobreza y la desigualdad; el colapso de la economía y la caotización de la vida, lo que se traduce en la pérdida fáctica de derechos que habíamos conquistado en el marco de la Revolución Bolivariana;

Este documento, que se asume como un borrador y que quiere estimular el diálogo con otras/s, cuenta con 4 secciones: II. ¿Por qué hay conflicto en Venezuela?; III. ¿Cómo llegamos hasta aquí?; IV. ¿Cómo caracterizamos el momento actual? y; V. ¿Qué proponemos?

  1. ¿POR QUÉ HAY CONFLICTO EN VENEZUELA?

En las últimas dos décadas, el conflicto venezolano ha girado sobre los mismos ejes, con algunos corrimientos progresivos que tienen hoy expresiones abruptas.

PLANO INTERNACIONAL

Aleccionar a los intentos post-neoliberales. La Revolución Bolivariana y el proyecto de construcción del socialismo en Venezuela emergieron como una esperanza para los pueblos. Pese a las contradicciones y retrocesos, este proceso planteó una ruptura y la posibilidad de construir un modelo alternativo al capitalismo. La sola posibilidad que alimentó la imaginación de los pueblos del Sur representa un peligro para la hegemonía de EEUU en el hemisferio. EEUU busca aleccionar a los países del sur con la derrota de la Revolución Bolivariana. Un eventual cambio de gobierno en Venezuela, sería para los EEUU una victoria simbólica vendida como prueba de la “imposibilidad” y el “fracaso” de los intentos de construcción de alternativas democráticas al capitalismo y de la unidad de los pueblos del sur.

Disputa inter-potencias por nuestros recursos. De igual modo, el conflicto se enmarca en la disputa inter-potencias (EEUU, Rusia, China) por el control de nuestros recursos naturales en el marco de la crisis actual del capitalismo. Venezuela es una potencia petrolera y cuenta con enormes reservas de oro, hierro, aluminio y níquel; además de reservas no cuantificadas de minerales raros como coltán y torio y, abundante agua dulce y biodiversidad. Durante todo el Siglo XX y hasta el inicio del gobierno de la Revolución Bolivariana, nuestros recursos fueron controlados por los EEUU. El cambio en la orientación del gobierno a partir de la llegada de Chávez, fortaleciendo la alianza con potencias emergentes, es un factor explicativo de la beligerancia y el protagonismo de EEUU en el conflicto venezolano.

PLANO NACIONAL

Control del Estado: conflicto programático y de clases. En el plano nacional, el conflicto se plantea por el carácter antagónico de los objetivos del chavismo y la oposición: ambas fuerzas aspiran el control del Estado y la renta petrolera para impulsar desde ahí sus proyectos de país (originalmente excluyentes) e intereses de clase (también originalmente excluyentes). Mientras que las fuerzas de oposición están programáticamente orientadas hacia el mercado, la democracia liberal representativa, el protagonismo de las capas medias y altas y, la alianza privilegiada con EEUU y los países del Norte Global; las fuerzas chavistas vienen de reivindicar la intervención estatal en la economía en el marco de una transición al socialismo, las formas contrahegemónicas de la democracia, la transformación del Estado burgués, el protagonismo de los sectores populares y las alianzas privilegiadas con los países del Sur Global y potencias emergentes. En este campo han convivido diferentes tendencias, con contradicciones importantes respecto al rol del sector privado, que se vienen agudizando desde la partida del Comandante Chávez.

Asedio y carácter antidemocrático de la oposición. El conflicto político se explica también por la deslealtad democrática de los sectores dominantes de la oposición de derecha. Ya desde 2001 existen datos que demuestran su participación en conspiraciones que involucraban a la embajada de EEUU. El Golpe de Estado (2002); el Paro petrolero insurreccional (2002-2003); el desconocimiento de los resultado electorales del Referéndum (2004) y de las Presidenciales (2006 y 2013), el boicot a las elecciones parlamentarias (2005) como forma de deslegitimarlas; la convocatoria a manifestaciones insurreccionales como La Salida (2014) y las Guarimbas (2017); la conspiración contra la economía y el bloqueo encubierto (desde 2013); las medidas coercitivas unilaterales (“sanciones”) de EEUU (desde 2015); la utilización de la recién-conquistada Asamblea Nacional para “salir del gobierno en 6 meses” (2016); la autoproclamación de Guaidó como una táctica dirigida desde los EEUU (2019) y un nuevo intento de golpe de estado (2019); son expresiones de este carácter antidemocrático y del asedio que ha vivido la Revolución Bolivariana desde su nacimiento.

A partir de la coincidencia, en 2013, de múltiples crisis estructurales y coyunturales, identificamos cambios relevantes en las principales líneas de gobierno impulsadas por la dirigencia política.

Dirigencia política y cambio de intereses. La cohabitación de clases antagónicas en el seno de la dirección revolucionaria supone que las clases poseedoras ejercerán presiones sobre todo el aparato dirigente, manteniéndose limitadas mientras el proceso tenga una dirección ascendente de movilización popular. Sin embargo, ante cualquier signo de desgaste o estancamiento las tendencias burguesas de la dirección se fortalecen a partir del control del Estado y la economía, constituyéndose nuevas élites, que actúan en detrimento de los intereses de los explotados. A través de procesos de acumulación por despojo (algunos de ellos justificados por la necesidad del financiamiento a la política), control de espacios de poder en instituciones clave (vinculadas con la economía, la seguridad o la comunicación) y proximidad a la figura del Comandante Chávez, un sector dirigente fue acumulando poder y riqueza, y creando una red de intereses y lógicas propias, que se encuentran en contradicción abierta con el programa bolivariano de transición democrática socialista. Este proceso de acumulación se vuelve mucho más acelerado tras la muerte de Chávez.

Es fácil advertir que, en la actualidad, la presencia de cuadros que expresen los intereses de los sectores populares a lo interno del Estado es cada vez menor y con mínimo impacto en las grandes orientaciones políticas. Mantener el poder se convierte entonces, para la dirigencia política, por una parte, en la posibilidad de mantener privilegios y defender sus intereses de clase y, por otra, en la posibilidad de la sobrevivencia misma, en la medida en que la oposición de derecha los amenaza con exterminio, persecución y exilio.

Giro programático a la derecha. Como consecuencia de lo anterior, el horizonte estratégico de radicalidad democrática socialista viene desapareciendo del discurso de la dirigencia política, pero sobre todo viene desapareciendo de las prácticas y grandes orientaciones estatales. A veces justificadas como un giro táctico para mantener el gobierno y hacer sobrevivir a la Revolución, en el contexto de un real y gigantesco asedio de la derecha local y el imperio; a veces defendida por convencimiento expreso de algunos actores (ver debate sobre la “burguesía revolucionaria”), lo cierto es que vemos muy clara la mutación programática que se expresa en: privatizaciones, alianza desventajosa con el capital, vulneración sostenida de los derechos laborales, expropiación del protagonismo de los sectores populares a través de mecanismos clientelares, reducción de espacios de participación democrática popular y de la institucionalidad democrática establecida en la Constitución, carácter despótico del ejercicio del poder, trastocamiento de la lealtad a la revolución por la lealtad a la dirigencia política, sistemática represión policial a los sectores populares en el marco de acciones de seguridad, criminalización de la protesta popular, renuncia al control estatal de la economía y abandono de la apuesta de construcción de una economía socialista, comunalizada, desde el poder popular.

Tensiones. Aunque el giro a la derecha de la dirigencia política debería tender a reducir el conflicto, pensamos que ello no ocurre, porque, por una parte, persiste la lucha por el control del Estado y, por otra, se mantiene el carácter excluyente de las alianzas internacionales. A ello agregamos que a lo interno del Estado, del PSUV, del GPP y de centenares de colectivos, movimientos y organizaciones de base, está vivo aún el programa chavista en amplios sectores de militantes que apostamos por su continuidad, en conflicto abierto o solapado con la dirigencia política, lo que la obliga a mantener discursivamente ciertas claves del discurso confrontacional y a realizar algunas negociaciones que implican acciones puntuales por la izquierda.

III.  ¿CÓMO LLEGAMOS HASTA AQUÍ?

Tras la muerte del Comandante Chávez, entraron en resonancia crisis pre-existentes, que obedecen a factores estructurales y coyunturales.

Entre los factores de carácter estructural, se encuentran: 1. La ausencia de mecanismos solventes, legítimos y democráticos, de dirección colectiva, que permitieran garantizar consistencia estratégica de la acción de gobierno, en un momento en el que no se contaba con la función aglutinadora y programática que garantizaba el Comandante Chávez; 2. El insuficiente avance en la superación de la economía rentista y en la modificación de la estructura económica para aumentar los espacios productivos en manos del pueblo (socialización de medios de producción), que permitieran reducir la vulnerabilidad ante las injerencias del imperio y el maridaje con el capital y; 3. La normalización de prácticas de corrupción y el surgimiento de grupos de interés económico al amparo del Estado, que fueron minando, lentamente, las lógicas políticas emancipatorias.

Entre los factores de carácter coyuntural, se encuentran: 1. La caída en más del 60% de los ingresos de origen petrolero, desde 2014 hasta 2016; 2. El inmovilismo y la inacción en materia de política económica, entre 2012 y 2015, que es un factor explicativo muy poderoso de la actual crisis, a lo cual se siguió una “normalización” de la economía, con crecientes beneficios e incentivos permanentes al capital, pero sin aumento de la producción y; 3. La radicalización de las tácticas políticas, económicas, diplomáticas, conspirativas, golpistas e insurreccionales de la oposición, nacional e internacional; que incluyen de manera muy relevante: a. un incipiente bloqueo financiero, antes de 2017 (e.g. manipulación del “riesgo país,” aumentando los costos del crédito); b. desabastecimiento programado de bienes; c. contrabando de extracción; d. medidas coercitivas unilaterales (sanciones) en 2015, 2017, 2018 y 2019, abiertamente contrarias al derecho internacional y con un impacto criminal en la vida de la población y; e. la asunción de manera abierta de EEUU del liderazgo de la oposición, combinando la amenaza de invasión militar con la autoproclamación como “Presidente Encargado” de Guaidó (a quien Trump reconoció por twitter a los pocos minutos del hecho) y el llamado a un golpe militar y a una insurrección popular.

Más allá de las responsabilidades, errores o miserias de la dirigencia chavista que se consolidó tras la muerte de Chávez, es evidente que el panorama de radical crisis económica y social que vive actualmente el país es consecuencia directa de la estrategia de los EEUU orientada a sacar al chavismo del poder. Las llamadas “sanciones” (que entendemos como medidas coercitivas unilaterales, ilegales y arbitrarias, en la medida en que no existe una base legal internacional que le dé a los EEUU el poder de sancionar), le impiden al Estado (y a sus empresas estratégicas como PDVSA) solicitar préstamos internacionales y reestructurar la deuda, o emitir bonos; le impiden usar el sistema financiero occidental para pagar, comprar o vender cualquier bien o servicio en el exterior; le impiden conseguir recursos para mantener la producción petrolera; anulan el comercio petrolero con EEUU (lo que implica perder a uno de los principales compradores; así como el acceso a los aditivos para la refinación y la producción de gasolina); implican el cierre de cuentas venezolanas en el exterior y el robo de activos de Venezuela en el exterior (entre los cuales, Citgo). El impacto de estas medidas genera una catástrofe en una economía que ya había entrado en crisis. Solo a partir de las medidas coercitivas de 2017, la producción petrolera, que venía cayendo desde 2016 de manera moderada, pasó de los 2 millones de barriles a 1.235.000 en 2018 y a menos de 800.000 en 2019. Con ello, la capacidad de importación del país (y en consecuencia su capacidad de garantizar los bienes esenciales para la vida, que no se producen en el país) cae dramáticamente. En 2018 las importaciones estuvieron alrededor de los 9.200 millones de dólares (en 2012 fueron de 58.700 millones de dólares) y se prevé que en 2019 sean menores.

Sin embargo, la permanente hostilidad y agresión imperialista no son razones para que no debatamos de forma crítica lo que han sido las opciones y el rumbo trazado por la dirigencia política. Si bien la caída de la producción petrolera se explica, en parte, por las medidas coercitivas unilaterales de EEUU, no es menos cierto que la gestión de PDVSA ha sido desastrosa, con casos de corrupción y una caída de producción que ya era tendencia antes de las sanciones de 2017, y que impidió que los ingresos acompañarán la retoma del precio del barril. Como en otros sectores, la apuesta ha sido en alianzas cada vez más favorables a los inversionistas privados, traicionando la visión de Chávez para la industria petrolera e ignorando el potencial de los trabajadores de la empresa.

De igual modo, los ataques del imperio y de la oposición no justifican, desde nuestra perspectiva, el progresivo cierre de espacios de debate y participación popular. Aunque cerrar filas sea un instinto, creemos que la posibilidad de superación de la crisis debe promoverse a través de mayor democracia y soberanía popular a todos los niveles, con una mayor unidad, articulación y protagonismo de las bases. Por el contrario, la dirigencia política ha recurrido a los movimientos populares en la coyuntura cuando se trata de movilizaciones tuteladas, pero trasladando todos los espacios de decisión para otras esferas, sean las decisiones que se tratan de justificar con la coyuntura, o las que se hacen a escondidas mientras las atenciones están volcadas para las amenazas inminentes.

  1. ¿CÓMO CARACTERIZAMOS EL MOMENTO ACTUAL?

Caracterizamos el momento actual como un conflicto irresuelto con implicaciones catastróficas para el pueblo. La oposición de derecha no logra desalojar al chavismo del Estado, pese al protagonismo de los EEUU y la aplicación de medidas coercitivas criminales contra el pueblo venezolano. El gobierno, por su parte, logra mantener el control de Estado y el apoyo duro de un poco más del 20% de la población, pero no logra gobernar marcando la agenda. Lo que observamos son diferentes tendencias, a veces contradictorias, tratando de imponer un rumbo que no resulta coherente con el programa chavista de transición democrático socialista. Entre tanto, aumenta diariamente la precarización de la vida y la vulneración de los derechos del pueblo que ha perdido, además, protagonismo en el conflicto.

El tiempo juega en contra de ambas fuerzas. En el caso de la oposición, se produce un creciente desánimo y desespero de sus bases por la escasez de logros políticos, lo que incluye la dificultad para captar y apropiarse políticamente del malestar de los sectores populares, que la miran con desconfianza. En consecuencia, tiende a perder piso el liderazgo de Guaidó, que logró coyunturalmente aglutinar sus fuerzas pero anunciando una victoria en el corto plazo. En el caso del gobierno, aumenta el rechazo popular, dada su imposibilidad de mejorar la materialidad de la vida (un 52% de caída del PIB en 6 años y con una proyección de caída al cierre de 2019 de mínimo 20%, lo que nos coloca en la situación de la economía antes de 1999, pero con entre 5 y 7 millones de habitantes más); la corrupción, el alejamiento del sentir popular y la renuncia encubierta al programa chavista.

Es claro que en algún momento se producirá un desenlace y, también, que este no acabará con los conflictos de fondo que tenemos como país, por lo que resulta fundamental que pensemos, desde el chavismo popular/chavismo de izquierda, la política en el mediano y largo plazo, en los diferentes escenarios posibles. Los escenarios posibles se pueden dibujar a partir de la fuerza relativa de los principales actores relevantes.

En el lado de la oposición los actores más relevantes son: a. EEUU y la alianza internacional de derecha, con una fuerza alta; b.Voluntad Popular (VP) y sus principales líderes (Guaidó y López), con una fuerza media, totalmente dependiente del apoyo internacional y; c. los partidos de oposición en la Asamblea Nacional con una fuerza media-baja y a la espera de retomar el protagonismo que coyunturalmente tiene VP.

En el lado del chavismo los actores más relevantes son: a. la cabeza de la dirigencia política, que concentra el control del Estado, del PSUV y de sectores económicos, con una fuerza medio-alta, dado que tienen el control institucional, del partido y de una parte de la economía, aunque con baja capacidad de ampliar consensos sociales; b. el generalato y los cuadros medios de la FANB con mando sobre las tropas y control de recursos militares y sectores de la economía, con una fuerza alta, dado que son el sostén fundamental del Gobierno y; c. Rusia y China, que son la principal contención de los EEUU, con una fuerza, también, alta.

Con una menor fuerza para incidir en el conflicto inmediato, en el gobierno o en la dirigencia política, se encuentra el chavismo popular o chavismo de izquierda, que es el sector del que, junto a miles (aun desarticulados y sin una configuración clara), formamos parte y en el seno del cual nos proponemos animar un diálogo. Se trata de una fuerza potencial que aún no emerge como sujeto visible. Ese “Nosotros” está, por ahora, desarticulado, pero su extensión es evidente: habitamos en los partidos del GPP, las UBCh, los consejos comunales y comunas; así como en miles de colectivos, movimientos y organizaciones de base de todo el país. Nos amalgama algo que primero fue intuición y luego una constatación cotidiana de hechos: el programa chavista, radicalmente democrático y con una apuesta alternativa al capitalismo, que hemos protagonizado en nuestra luchas y construcciones, viene siendo traicionado desde sectores de la dirigencia.

Queremos más y no menos chavismo para enfrentar esta crisis, porque en el pasado, con ese programa y nuestro protagonismo logramos derrotar las amenazas de la derecha, mantener a raya a las fuerzas conservadoras internas y avanzar en nuestra inclusión material y espiritual.

Pese a nuestra menor fuerza orgánica actual para marcar el rumbo del conflicto, ese “Nosotros” que no ha terminado de expresarse como sujeto colectivo, cuenta con gran capilaridad y extensión en la sociedad, tiene una mayor consistencia práctica con el programa chavista, lo que le otorga una fuerza material y moral que le permitiría crear condiciones para la tan necesaria refundación del chavismo. A eso le apostamos!

De lo anterior, se desprende que el movimiento popular ya no está en una fase de avance contra el capitalismo como ocurriera en tiempos de Chávez, en el que se dio un proceso progresista de expropiaciones de empresas y su entrega a los trabajadores, distribución de tierras a los campesinos, expansión de la comunalización territorial y una democratización de toda la vida pública. Por el contrario, el momento actual se caracteriza por un reflujo del movimiento popular ante el estancamiento de la revolución. Así, para garantizar la alianza “estratégica” con el capital, se han detenido las expropiaciones, se han devuelto tierras a latifundistas y terratenientes, se desestimuló la construcción de concejos comunales y comunas, y se han cerrado los espacios de expresión democrática popular.

En este escenario, corresponde en primer lugar dar una lucha defensiva contra las fuerzas del capitalismo en avance, defendiendo las conquistas de la revolución, las empresas nacionalizadas, las tierras recuperadas y cada uno de nuestros espacios como si de “fortalezas” se tratasen. Al mismo tiempo, toda defensa debe servir para preparar el contraataque. En este sentido, la lucha por aumentar la producción comunera, debe servir para expandir y articular formas populares de autogobierno, La lucha contra las privatizaciones debe servir para acumular fuerzas e impulsar una lucha por el control obrero de las empresas en manos del Estado. La lucha por la defensa de las tierras recuperadas debe servir para disputar el control de los recursos para ponerlas a producir y por expandir el control territorial, aplicando esta visión dialéctica defensiva-ofensiva a nuestro accionar político.

Los escenarios inmediatos, más probables, sin embargo parecen definirse a partir de la acción de las potencias internacionales, la FANB y las élites dentro de las dirigencias políticas chavistas y opositoras. Implican desde salidas negociadas hasta escenarios bélicos puntuales o prolongados.

Entendemos que nuestro tiempo es el mediano plazo, aunque debemos hacer un esfuerzo por maximizar nuestra influencia en la coyuntura actual, de una manera que nos permita tanto acumular como generar acontecimientos que visibilicen los conflictos estratégicos y nos permitan avanzar.

  1. ¿QUÉ PROPONEMOS?

Como hemos dicho arriba, el objetivo de este documento es contribuir al diálogo, en el campo popular, del chavismo de izquierda. Justamente para parir desde ahí propuestas de líneas de acción que asuman la contradicción; que reivindiquen el protagonismo popular en contra del elitismo y la jerarquización, que han acompañado el giro a la derecha de la dirigencia. Se trata de reinventarnos juntas/os y aumentar nuestra fuerza orgánica, para resistir la ofensiva imperial y el giro conservador y avanzar en el programa chavista de transición democrática hacia el socialismo. En ese sentido, no ofrecemos aquí ninguna receta, sino propuestas-insumos para construir con otros/as, en diálogo.

Estas propuestas se organizan en tres niveles: 1. Orientaciones generales para la acción; 2. Acciones colectivas desde abajo y; 3. Exigencias al Estado.

  1. Orientaciones generales para la acción

Radicalización Chavista. Planteamos que la radicalización significa un regreso a Chávez, por medio de la disputa de su legado radical (plebeyo, anticapitalista, movilizador) frente al manejo que la dirigencia hace de su nombre. Volver a Chávez es también el rescate de la forma de hacer política desde las bases y el territorio, en lo concreto, creando espacios de agregación y articulación. Este proceso debe asociarse a la solución de problemas concretos de la población y a la construcción de horizontes comunes.

Acumular fuerza. Dado que diagnosticamos la debilidad orgánica del chavismo popular/chavismo de izquierda, entendemos que solo aumentando nuestra fuerza orgánica podremos recuperar el horizonte democrático de transición socialista. Ello implica, por una parte, acompañar las múltiples luchas populares existentes y fortalecer los espacios de autogobierno y poder popular y, por otra, tejer alianzas, levantar puentes, generar canales de comunicación, limar asperezas, promover la confianza y articulación entre los sectores orgánicos del chavismo de izquierda. Hacer que esa mayoría desarticulada que somos, comience a emerger y a incidir con mayor fuerza.

  1. Acciones colectivas desde abajo

Reivindicación y acompañamiento de las movilizaciones populares. Están ocurriendo por todo el país, a distintas escalas, luchas populares por la defensa y reivindicación de derechos, tanto frente al capital urbano o rural, como frente al Estado en sus distintos niveles (por servicios, por alimentos, contra la violencia policial, por los derechos laborales, a la salud, a la tierra, al ambiente sano y a la producción comunera agrícola, en contra de la corrupción civil o militar, en contra de la minería o de las privatizaciones). Se trata de luchas legítimas, por la dignidad de la gente, que deben ser reivindicadas y acompañadas desde el chavismo y desde Chávez, disputándole tanto a la derecha como al conservadurismo burocrático, el campo popular. Acompañar, politizar y articular luchas, es una vía fundamental del proceso de acumulación. Rechazamos todo intento de criminalización de las luchas populares en defensa de derechos y territorios.

Soluciones desde el músculo económico y desde el autogobierno de la gente. La experiencia colectiva autogestionaria, comunalizada o de control obrero, ha demostrado producir soluciones a los problemas de la vida colectiva, ahí en donde es fuerte. Existen ejemplos por todo el país. La combinación de procesos económicos en manos del pueblo con formas de autogobierno, constituye tanto un ejercicio de anticipación utópica (que mejora la vida colectiva estableciendo un nuevo tipo de relaciones) como un proceso de acumulación de poder popular. Generan experiencia de gestión politizada, articulaciones desde abajo, construcción de economía socialista desde los territorios, encadenamientos productivos, de distribución y consumo organizado de alimentos, etc. En este contexto de crisis y repliegue del movimiento popular, la repolitización del pueblo se logra a partir de la solución concreta de sus problemas. En ese sentido, debemos fortalecer las experiencias que ya están en marcha y contribuir a extenderlas.

Articulación y agenda común. El contexto actual nos exige unir esfuerzos para la construcción de una agenda común de lucha a mediano y largo plazo, del chavismo popular. Resulta vital promover todos los espacios de encuentro y articulación orgánica posibles, en torno al programa estratégico chavista y el accionar político orientado a la búsqueda de soluciones concretas a los problemas del pueblo.

Difusión y comunicación. La disputa por la hegemonía pasa por hacer un levantamiento, visibilizar y difundir las experiencias exitosas en el campo del poder popular y el control obrero, que están dando respuesta a problemas concretos. Hay que comunicar de manera eficiente los logros en defensa de la vía popular y democrática al socialismo, demostrando a partir de la praxis que la alternativa existe, que el horizonte de Chávez sigue vigente y que el giro a la derecha es todo menos inevitable.

  1. Exigencias al Estado

Debate y análisis permanente. Debemos hacer esfuerzos para la creación de espacios para el debate, monitoreo y análisis crítico de las políticas del gobierno. La crítica debe conducir a la acción política (a la denuncia, a la exigencia, a la propuesta, a la presión para incidir o para evidenciar las contradicciones entre el rumbo actual y el proyecto de Chávez) y no a la frustración. En esa dirección, una agenda mínima de exigencias incluiría:

  • Detener los procesos de privatización que se vienen dando, con mayor o menor transparencia, en los más diversos sectores, y publicar los acuerdos de alianza que se están estableciendo con empresas privadas nacionales y transnacionales.
  • Publicar la información referente a la gestión del Estado, garantizando transparencia en los procesos de asignación de recursos a las diversas instituciones públicas, a las experiencias del poder popular y a las empresas privadas, como respuesta estructural a la corrupción capitalista.
  • Detener los procesos masivos de vulneración de los derechos laborales, entre los cuales se encuentra la vulneración de la contratación colectiva y del derecho a un salario digno.
  • Realizar transferencia de bienes y servicios a las experiencias de poder popular (control obrero, comunidades rurales o urbanas) que cuentan con la capacidad para gestionarlos.
  • Iniciar procesos de auditorías públicas y sociales de las empresas que se encuentran improductivas o con baja productividad (incluyendo a PDVSA) para determinar las causas de la situación.
  • Poner fin a la impunidad de los delitos de los poderosos, juicio y castigo a los corruptos y persecución de las prácticas mafiosas dentro del Estado y el sector privado.
  • Detener la violencia policial contra los sectores populares, que ocurre a través de los operativos de seguridad ciudadana que presentan como “enfrentamientos” lo que suelen ser ejecuciones extrajudiciales que vienen acompañadas, además de malos  tratos, amenazas a familiares y allanamientos ilegales.
  • Detener y revisar las concesiones mineras con la participación determinante de las comunidades afectadas y la garantía de estudios de impacto ambiental.
  • Priorizar el apoyo a la agricultura familiar, comunera y de pequeños productores, por sobre la agroindustria; entregando insumos, tierras y tecnología y promoviendo mecanismos solidarios de distribución y consumo organizado.

Suscriben:

Laboratorio Crítico Comunachos

Surgentes. Colectivo de DDHH

Corriente Marxista – Lucha de Clases

Movimiento de Inquilinxs

Universidad de las Comunalidades

Causa Campesina

FCI (Frente Cultural de Izquierda)

15 y Último

Voces Urgentes

Tatuy TV

Voces Antiimperialistas

Frente Nacional Comunal Simón Bolívar

Fuente: Tatuy TV;  https://www.tatuytv.org/


imagen287

TRES EXPERIENCIAS, UNA FUERZA, UN MISMO PROYECTO TRANSFORMADOR.

Prensa CRBZ.

14 de julio 2019.

Desde hace algunas semanas, ante al complejo cuadro que vive Venezuela, viene dándose una interesante iniciativa, como respuesta política y organizada, por parte de tres experiencias de organización social. Se trata de la Comuna El Maizal, la Fuerza Patriótica Alexis Vive y la Corriente Revolucionaria Bolívar y Zamora. La iniciativa viene planteándose como una Plataforma Política Social Comunera, pero antes que siglas, logos, slogasn y retórica, la decisión fue comenzar a avanzar en lo concreto, con jornadas de intercambio, recorridos, visitas, giras por territorios específicos en distintos lugares del país, reuniones, encuentros, asambleas. Desde un diagnóstico de fondo compartido y desde la diversidad de perspectivas, historias y acumulados concretos, lo central es el convencimiento profundo de la necesidad de juntarse y articularse para encarar desde la unidad los desafíos del pueblo venezolano y la revolución bolivariana en el presente y los años por venir.

A propósito de este esfuerzo colectivo, prensa de la Corriente Revolucionaria Bolívar y Zamora sostuvo una mesa redonda con Robert Longa, Ángel Prado y Pedro Alvarado, voceros en esta avanzada por cada una de las organizaciones, en la que hablamos sobre el porqué de la iniciativa, los desafíos que se vienen y las claves para avanzar.

¿Por qué se juntan La Corriente, Alexis Vive y El Maizal?

Pedro Alvarado, de La Corriente:

Vemos, por un lado, que la amenaza de agresión del imperialismo hoy es otra, se ha modificado en lo táctico y en lo operacional. Su objetivo estratégico es el mismo: derrocar a la revolución bolivariana, neutralizar al chavismo. Pero dejó de ser una amenaza y pasó a ser una agresión múltiple que avanza. A lo interno, vemos que la derecha, en lo que va de año, ha tenido avances importantes: en enero, febrero, marzo, puso la agenda, estuvo a la ofensiva, se fue a la calle, logró cohesionarse en torno a un liderazgo, cosa que no tenían. Hoy toda esa ofensiva de EEUU y la derecha local está terminando en una mesa de negociación. Entonces nos preguntamos: ¿qué se está negociando? Porque vemos que el imperialismo por otro lado no se detiene: continúa el bloqueo, comienza una importante avanzada paramilitar desde la frontera con Colombia. Eso es parte también de una estrategia. Por un lado se va a una negociación y por otro se sigue la intervención sobre el país.

Por otro lado, vemos un chavismo de base que se encuentra desorientado, al tiempo que se profundiza la crisis y continúa haciendo estragos el colapso de los servicios, sin que ante ello se estén construyendo soluciones estructurales, eficaces. Lo que habíamos conquistado con Chávez lo estamos perdiendo de forma acelerada. Eso hace que el pueblo vaya perdiendo la esperanza en la revolución bolivariana y ésta venga dejando de ser una opción para la gente. Esto es en extremo delicado porque ése justamente es el objetivo del imperialismo.

Además, el enemigo en su análisis viene apuntando el tema de los colectivos como forma de criminalizar a todo el movimiento popular chavista y colocarlo en la mira de todo ese proceso de agresión. Por eso consideramos clave avanzar en esta Plataforma Popular Socialista Comunal para ser más fuertes ante un escenario interno de dificultades, ante una amenaza externa y ante una negociación entre el gobierno y la derecha sobre la cual no tenemos la menor incidencia y no sabemos qué es lo que se está negociando. Porque además vemos que el diálogo entre el gobierno y el movimiento popular está sin interacción, con acuerdos o anuncios que no se cumplen. En ese aspecto vemos algo muy complejo, que es un movimiento popular desestructurado, sin cohesión, disperso. En cada territorio se observa una fragmentación total: Somos, Ubch, Clap, Unamujer, Consejos Comunales, todo disperso, porque cada uno rinde a sectores e intereses distintos.

Entonces, ante toda esta enorme dificultad, nosotros vemos la necesidad de juntarnos, los que estamos dispuestos a luchar y a defender la revolución bolivariana y tenemos experiencias concretas de construcción comunal, es decir, de ejercicio real de la democracia participativa y protagónica que planteó Chávez, la democracia revolucionaria, el poder de la gente. Y nos proponemos avanzar en la construcción de esta Plataforma Popular Socialista Comunal con cuatro líneas de acción, para empezar a trazar una ruta: 1) lo económico productivo, 2) lo formativo, 3) lo comunicacional, 4) la seguridad y defensa

Ángel Prado, Comuna El Maizal 

Ante todo, vemos que el imperialismo existe, y nosotros vivimos en un país con enormes riquezas que siempre van a ser codiciadas por uno u otro imperio, por una u otra potencia. En la correlación de fuerzas entre las potencias Venezuela juega un papel, lamentablemente no para competir, sino para acordar formas en que puedan venir recursos al país a cambio de nuestras riquezas. Además, ha habido un debilitamiento de la izquierda en Latinoamérica, un retroceso en los proceso progresistas. Y vemos cómo las burguesías locales del continente han sido implacables en su alianza con el imperialismo y han puesto a la defensiva a nuestras izquierdas, y no hemos sido capaces de levantarnos y seguimos perdiendo terreno. Eso pone a Venezuela en el punto central de la disputa porque aún en Venezuela se sostiene el gobierno bolivariano y sigue estando en nosotros la esperanza de la izquierda.

A lo interno nosotros vivimos una crisis ética y moral muy profunda. A partir de la desaparición física de Chávez se evidencia una fragmentación de las distintas corrientes políticas de la revolución bolivariana, se ve incluso una pugna interna por parcelas de poder para concentrar más poder, y en medio de esa situación las clases populares, el pueblo pobre, cada día se ve más afectado. Entonces vemos un deterioro en la economía, prácticas de corrupción hasta en los más bajos niveles, con políticas sociales se manipula, se somete a nuestra gente simplemente a tributar a intereses grupales.

El gobierno se aleja cada vez más de la gente, se neutraliza a las organizaciones populares, en aras de preservar el poder y los privilegios nuestra dirigencia política cada vez acuerda más con el sector privado. Si el gobierno está pactando con la burguesía el poder popular no tiene entrada en ese pacto.  Por eso se debilita al movimiento popular y se aplican políticas que fragmentan más a las bases populares.

Entonces, quienes  logramos construir en los años de abundancia estamos llamados a apelar a nuestra conciencia y encontrarnos, articularnos. Creemos que es el momento de que prevalezca la unidad por encima de las siglas. Es hora de que como organizaciones populares, como comunas, hagamos un llamado nacional al pueblo chavista, a las clases populares, a que tomemos conciencia de que somos nosotros los que podemos salvar el proyecto originario del comandante Chávez. El proyecto de Chávez sirvió a los pobres y es la alternativa para nosotros, para volver a los años de Chávez, a los niveles de vida digna que alcanzamos con Chávez

Estamos ante una situación de agresión internacional pero también ante un giro hacia el neoliberalismo y allí el movimiento popular juega un papel muy importante: cerrar filas en aras de potenciar lo que tenemos y construir una sola fuerza nacional y un plan de lucha con una agenda concreta que nos permita entrar en la correlación de fuerzas para disputar poder, con legitimidad desde las bases, que se nos mida como alternativa en la determinación de cuál es el camino que debe seguir nuestro país.

Robert Longa, Fuerza Patriótica Alexis Vive:

En el escenario internacional estamos viviendo una entrada en algo parecido a la postguerra fría. En ese reordenamiento mundial EEUU tiene que ordenar todo lo que ellos tienen definido para América Latina desde la doctrina Monroe, es decir, su patio trasero, y en ese proceso no les es conveniente ningún país que no esté alineado con la lógica del capitalismo mundial. Era necesario para ellos la ausencia de Chávez por su liderazgo. Era necesario salir de Chávez porque era un liderazgo que encarnaba no solo la esperanza de Venezuela y América Latina, sino toda una nueva lógica mundial. El mundo entero vio a Venezuela como una esperanza. Por eso entonces esa ofensiva asesina de querer matar cualquier vestigio de la revolución bolivariana como paradigma, se desata toda una feroz obra de ataque, y en ese reordenamiento mundial países como Colombia pasan a ser lo que es Israel en el Medio Oriente. El objetivo es borrar de las faz de la tierra al chavismo. Ahí está planteado el escenario de la guerra, pasa por borrar todo lo que significó Chávez.

Hoy tenemos medios de producción en nuestras manos, construcción popular en nuestras manos. Nos toca a nosotros, los herederos de toda esa construcción de la revolución bolivariana, conducir, de forma colectiva, la resistencia y pasar a la ofensiva. Nos toca liderizar de forma colectiva, y para eso debemos interconectarnos y manejar una política productiva, de eficacia, comunicacional que nos permita contrastar contra la ofensiva de la guerra económica y esperanzar al pueblo desde el ejercicio mismo de la autogestión, de los autogobiernos comunales.

Ante el reacomodo de una burguesía emergente y una burguesía tradicional, estamos llamados a también presentarnos como bloque histórico. Si no lo vemos desde esa perspectiva y priva en nosotros lo individual, estamos condenados  a la desaparición. El llamado a la unidad no se trata hoy de un capricho o un panfleto sino de una necesidad estratégica para defender el legado del comandante Chávez en la calle y lograr cualificar el avance de la revolución bolivariana.

Tenemos que ir posicionando la política del modelo comunal como exitosa. Porque cada una de las experiencias ha sido exitosa. Donde no hemos sido exitosos es en la capacidad de unificar los esfuerzos estratégicos. Y hay algo clave: cada experiencia, en sus avances y reveses ha sabido, desde el análisis de la práctica, construir conocimiento y conceptualizar los propios ejercicios de construcción para cada día ser más sabios en los procesos populares. Si logramos juntar toda esa experiencia y todo ese conocimiento, va a ser algo extraordinario.

Y no es que vamos a exigir que nos inviten a la mesa, sino que nos van a invitar a la mesa porque vamos a ir construyendo sobre el lienzo de la patria un rostro propio que va a incidir en la toma de decisiones de este país.  Es clave que surjan liderazgos colectivos comprometidos con el proyecto revolucionario que nos permita convertirnos en un referente práctico y remolarizar, redescubrir los corazones chavistas hacia el combate popular por la vida, por la paz.

Aquí cabe todo el mundo, pero el núcleo ideológico está en la comuna. Nos toca una nueva insurrección política productiva y revolucionaria desde el legado de Chávez. Se equivocan los que traicionan a Chávez, se equivocan los corruptos, se equivocan lo burócratas. Las comunas no se equivocan porque copian al pie de la letra, en la práctica, el legado de Chávez.

¿Cuál es la disputa?

Ángel Prado:

Nosotros no estamos convocando al pueblo organizado para una disputa partidista. Peleamos contra el imperialismo, contra los terratenientes, contra la burguesía. Es importante que esto quede claro a los compañeros que dirigen el Psuv y los partidos del GPP. A pesar de las contradicciones vividas en lo local y en lo nacional con algunos dirigentes, nosotros mantenemos la esperanza de que el PSUV siga estando a la vanguardia del proceso revolucionario como instrumento para la construcción. Hay orientaciones muy claras del presidente Chávez, tenemos el Libro Azul, el Libro Rojo, tenemos los estatutos, tenemos los debates en los diferentes congresos que ha habido. En algún momento debe haber una revisión profunda para que se cumplan los objetivos para los cuales fue creado este instrumento político. Tenemos claro el papel del partido, el poder del partido y su incidencia. Y tenemos claro que el partido es quien diseña la política. Y si hablamos desde la ética, que el partido responda por lo que se está haciendo en el país.

Hoy el movimiento popular es débil, fragmentado, hasta ahora no ha tenido la capacidad de cohesionarse, de hegemonizar, ni siquiera de superar el apego a unas siglas, a la identidad local donde está territorializada una organización. En la medida en que nos dispongamos a construir fuerza y que logremos que el pueblo llano vea en el proceso comunal la vía, se generen procesos interesantes de participación y movilización, y el pueblo empiece a darle legitimidad a esta iniciativa comunal, en la medida en que impactemos empezaremos a situarnos en esa correlación y empezaremos a ser reconocidos.

El asunto es cómo construir una fuerza, pero una fuerza a partir del hecho concreto, a partir de que nos metamos en el tema de la economía, desde la conquista de los medios de producción, desde la producción primaria, la industrialización, la creación de una política de distribución de alimentos que llegue a la gente. En esa medida el partido mismo reconocerá la importancia de nuestra existencia y nuestro accionar. En las condiciones actuales, debilitados, dispersos, no tenemos cómo entrar en la disputa.

No vamos a mendigar poder sino a construir nuestro poder. Y quien tenga poder en este país tendrá que contar con nuestra existencia y estaremos en esa mesa, así como la burguesía, los sectores reformistas y los partidos del gran polo patriótico, así el movimiento comunal, que es una realidad concreta y permanente, estará en esa disputa, a partir de la fuerza que seamos capaces de construir.

Pedro Alvarado:

Nosotros entendemos el momento histórico y el papel del Psuv en la revolución bolivariana. Y entendemos que el Psuv es el partido de Chávez y al cual hemos decidido sumarnos. Está definido en sus estatutos que el Psuv es un partido de movimientos, el partido político y el partido de gobierno. De allí las siglas Partido Socialista Unido de Venezuela, donde se juntarán todas las expresiones de la revolución bolivariana. Hoy en día eso no es del todo así. Y hoy vemos cómo ganan terreno prácticas como la cooptación, la dedocracia, el clientelismo, la imposición de dirigentes sin arraigo ni liderazgo en las bases. Y a nosotros nos preocupa porque se trata de la democracia, que es una de las grandes conquistas de esta revolución.

Entonces un objetivo con la militancia, con la Ubch, en los territorios, es conquistar espacios de participación allí en el Psuv. Porque hay estructuras como la vice presidencia de comunas y movimientos sociales que no existen en lo concreto en los territorios, sino que son una cosa teórica, sin expresión de los movimientos y comunas y organizaciones que hacen vida en las regiones y territorios. En el partido sólo en algunos casos, de forma muy mínima, el poder popular tiene pequeñas expresiones casi invisibilizadas. Entonces se trata de dar la batalla de las ideas. En donde haya una comuna bien organizada, con construcción concreta, allí se va a pelear por más democracia, más participación, más protagonismo, desde abajo y como expresión colectiva.

Y nosotros no somos un discurso prefabricado sino una realidad concreta de construcción de experiencias de democracia revolucionaria. Por eso se trata de cómo juntar eso que somos, más allá de las siglas. Y creo que hemos venido dando pasos importantes en esa dirección. Todo este intercambio que venimos dando. Pasaron años y estuvimos aislados y no nos dimos cuenta. Se trata es de sumar, aquí hay mucha gente que quiere sumar, mucha gente que está invisibilizada, aislada, porque han sido desplazados por algún sector. El reto está en tener la capacidad de cohesionar expresiones concretas de construcción en lo territorial y no ser panfleto y discurso solamente.

Robert Longa:

Lo que tenemos que hacer es fortalecernos y buscar y pelear por nuestros espacios de participación porque también somos chavistas y nadie tiene un revolucionómetro para definir quién es chavista y quién no. Además, desde los nuevos paradigmas que se vienen dando de la lucha política, son múltiples y diversas las formas en que se da la organización para el ejercicio del poder y la disputa por el poder, y en esa diversidad y multiplicidad entran las comunas y cualquier otra forma de expresión colectiva organizada.

Por eso es que nos toca a nosotros construir nuestros referentes desde nosotros mismos y ganar peleas en todos los espacios sin abandonar ningún espacio de lucha. Esa pelea solo podemos librarla desde la unidad. A nosotros no nos pueden decir escuálidos por hablar de democracia participativa y protagónica, por querer disputar poder. Por eso tenemos que dar el debate, y darlo con hechos, demostrando cómo producimos, cómo ejercemos en nuestros territorios esa democracia de la que hablamos. Y no dar ese debate en las cúpulas y con las élites, sino con la gente, en las bases, en las asambleas populares, en el peregrinar político revolucionario.

¿Qué hacer ante el desencanto y la pérdida de hegemonía chavista?

Pedro Alvarado:

Nosotros vemos cómo la dirección política cada vez se separa más. El mensaje no llega. El plan no aterriza. El anuncio no se cumple. El liderazgo se desconecta. Entonces, para realzar las banderas del poder popular se debe actuar desde lo concreto. ¿Cuáles son los asuntos más sentidos de la gente hoy día? El principal es el tema de los alimentos, que pasa a su vez por el tema de la producción. Entonces se trata de generar respuestas concretas a ese tema, lo cual implica dar peleas específicas con sectores dentro del gobierno. En este caso concreto se trata de un sector importador, con mucho poder, que monopoliza la economía del Estado, de un sector de la FANB que está anclado en esos espacios, y un sector emergente que viene de tener poder político y que ahora tienen poder económico. En la batalla por producir nos tocará confrontar estos sectores. Entonces tenemos que generar alternativas que puedan dar respuestas concretas. Aunque sepamos que esa no es la solución, que los problemas estructurales están en la agroindustria, en el tema de las divisas, en el tema de la banca, en la corrupción, en las decisiones sobre el modelo productivo del país.

Y en esto de las luchas concretas hay un asunto clave, que es tener la medida real de nuestras capacidades, de nuestra penetración en los territorios, de la capacidad de organizar, formar y movilizar, y tenemos que tener claro quiénes somos y cuál es la fuerza que tenemos. Porque no podemos correr el riesgo de abanderarnos de luchas de manera solo retórica o simbólica, como ocurre a algunos pequeños grupos que hablan en nombre de sectores enteros.

Ángel Prado:

Nosotros tenemos que ir, desde la unidad, la articulación, el esfuerzo común, hacia la construcción de políticas concretas que permitan demostrar a la gente que el hecho comunero, la realidad comunera, genera soluciones concretas a necesidades fundamentales como, por ejemplo, la alimentación. De allí que sea clave hoy la batalla por la producción. Y en ese tema de los alimentos el movimiento comunero tiene mucho potencial (tierras, medios de producción, experiencia, conocimiento, industria, sistemas de transporte). El problema es que hemos estado desvinculados.

Tenemos que avanzar más, por ejemplo, en experiencias ya aplicadas de nuevos métodos para la distribución de los productos, buscando hacerlo más atractivo, más interesante para la gente, ampliando hacia productos que obtenemos de todo este proceso de articulación y complementariedad. Se trata de buscar formas nuevas, de renovar la forma de hacer las cosas. Hay formas que ya se vienen probando, formas de participación para la siembra con pequeños financiamientos a pequeños propietarios, formas de afrontar de manera mixta la siembra de terrenos de la comuna o de otros propietarios. Y también está el tema del uso de los excedentes para incidir en otras áreas como la educación o la salud. Todo esos son posibilidades que se van abriendo como resultado del intercambio que venimos realizando.

Y todo esto con una clave: la participación de la gente, que la gente se involucre. Diseñar políticas no abstractas, no dogmáticas, sino tocar a la gente, sensibilizarla, garantizando la participación. Allí está la clave. Nosotros tenemos que enamorar desde el ejemplo, desde la práctica.

Robert Longa:

La gestión, la ética, la moral. A este pueblo Chávez le dio respuestas y conectó un cable a tierra. Aquí se trata de ir a trabajar con la gente con amor, sin maltrato, sin chantajes. Y eso pasa por mostrar modelos de gestión, en la producción, la alimentación, la salud y la recreación. Aquí hay cuatro aspectos claves para reenamorar a la gente. Eso, construido desde el gobierno en el territorio, pero de una forma interconectada, ya no nosotros solos aquí, sino vinculados. Se trata de juntar.

Prensa CRBZ

Fuente: Corriente Revolucionaria Bolívar y Zamora; http://www.crbz.org/

 

Deja un comentario