EL CICLO PROGRESISTA NUESTROAMERICANO. Debates teórico-políticos del siglo XXI. Paula Klachko.

Nota de Observatorio de trabajador@s en lucha

Presentamos un extracto del artículo “El ciclo progresista nuestroamericano. Debates teóricos-políticos del siglo XXI” de Paula Klachko en donde desarrolla un debate critico de ciertas corrientes en el seno de la izquierda, donde la autora nos expresa como “algunos y algunas intelectuales se montan en esa corriente autodenominada autonomista… izquierda pos moderna o los “anti-extractivistas”… que inoculan dosis de derrotismo al dar por hecho el fin del ciclo progresista, en lugar de asumir que dicho ciclo está en reflujo y disputa frente a una ofensiva brutal de las clases dominantes, pero se mantiene a flote con la resistencia ofensiva de los gobiernos populares en pie…”  Lo entregamos hoy por considerarlo primordial en la discusión crítica y autocrítica de este maravilloso momento revolucionario de nuestraamerica, que aun continua, tal vez bajo un reflujo pero en lucha continua y permanente por su liberación. Presentamos además el artículo completo El ciclo progresista nuestroamericano Paula Klachko-1


 

EL CICLO PROGRESISTA NUESTROAMERICANO. Debates teórico-políticos del siglo XXI.

EXTRACTO DEL ARTÍCULO 

 

Paula Klachko*

09 de noviembre 2018.

Queda por ver en esta etapa histórica que se abre con el ascenso del fascismo en una parte importante de Nuestra América qué capacidad de resistencia ofensiva podrán desplegar los pueblos en la oposición a los gobiernos neoliberales y en apoyo de los gobiernos populares, para poder reimpulsar el ciclo progresista que se iniciara a principios del siglo XXI y que hoy se encuentra en pie, pero en reflujo y disputa.

Tomar partido (por el enemigo). Una nota ilustrativa

A continuación relatamos un episodio que constituye una muestra cabal de cómo estos posicionamientos intelectuales de quienes se pretenden críticxs del capital contribuyen con su arma de la crítica, a la crítica de las armas…pero… de los enemigos de los pueblos! No son debates que se quedan en las frías paredes de las academias sino que saltan llevados por sus voceros y voceras a la arena de la lucha de clases, pero no justamente del lado del pueblo. Contribuyen a la construcción de relatos funcionales no solo a las derechas locales ansiosas de recuperar el botín perdido del estado, sino a las ofensivas imperialistas más descarnadas, en este caso, de los avances en la amenaza de intervención militar en Venezuela. Contextualicemos: en el marco de un proceso de creciente violencia desplegada entre abril y julio de 2017 por las opciones políticas de derecha, cierta juventudes de clases medias universidades privadas y lxs oenegistas financiados por las agencias de “desarrollo” del primer mundo, sobre todo de EEUU, que se montaron en movilizaciones de la clases medias descontentas con el gobierno bolivariano, varixs de lxs autores que aquí citamos y muchxs otrxs que se inscriben en similares líneas de pensamiento (y alineamiento) redactaron y firmaron una solicitada titulada: “Llamado internacional urgente a detener la escalada de violencia en Venezuela”, en la que acusan al estado y al gobierno bolivariano de la responsabilidad de la violencia y de transitar hacia un régimen totalitario. Nos enteramos de esta solicitada por su publicación en la prensa de derecha[49].[50]

Luego de que a fines de marzo el Tribunal Superior de Justicia asume temporalmente las competencias parlamentarias de la Asamblea Nacional -que se encontraba en desacato por juramentar a tres diputados impugnados debido a hechos de fraude[51]– debido a la necesidad de avanzar con acuerdos económicos paralizados en dicha asamblea tan venerada por la religión institucionalista de nuestrxs autores, y aun cuando debido al conflicto suscitado se retrocedió con estas medidas, comienza esta nueva ola violencia explícita como continuidad de las llamadas guarimbas de febrero de 2014 que habían dejado 43 muertos en el plan “la salida” para desalojar a Nicolás Maduro de la presidencia.

Venezuela estaba al borde de la guerra civil inducida por la táctica insurreccional de las oposiciones de derecha conducida por un estado mayor conjunto con sede en la secretaria de estado de los EEUU. Estaban convencidxs que iban a lograr el levantamiento de las masas populares y quebrar a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB). Pero lo que lograron fue erosionar aún más su propia base social mostrando descarnadamente su disposición a la violencia y el odio al pueblo.

La derecha retoma la táctica insurreccional con mayor violencia entre abril y el 31 de julio de 2017 esta vez dejando 172 muertos. De estos, en 18 casos se generan imputaciones, privativas de libertad, órdenes de aprehensión y acusaciones sobre 55 funcionarios del orden público. La prensa hegemónica mundial acordó responsabilizar de las muertes y los destrozos a las fuerzas de seguridad del estado, pero la población venezolana vio en vivo y en directo a quienes los protagonizaron. La enorme mayoría fueron provocadas por disparos provenientes de las manifestaciones opositoras, o bien por accidentes en las propias barricadas o manipulación de artefactos explosivos caseros; y es importante mencionar la muerte de 3 personas producto de la quema y linchamiento por ser o parecer chavistas, así como el sicariato contra 6 personas y el asesinato de 10 funcionarios policiales[52]. Esto impactó muy negativamente aún en partes importantes de la base social opositora. También se destruyeron numerosas instalaciones materiales, energéticas e instituciones, desde hospitales y escuelas, pasando por más de 500 unidades de transporte nuevas, y mercados o depósitos estatales de alimentos. Las poblaciones de muchas ciudades resultaron rehenes de lxs opositores que las ocupaban y controlaban por días enteros paralizando toda actividad comercial, de transporte y desplegando impunemente la violencia, ante un gobierno nacional que decidió no implementar la represión estatal en la medida que lo hubieran hecho cualquiera de los países occidentales capitalistas ante una centésima de estos disturbios, desencadenado una masacre social. Como lo hacían los gobiernos de la IV república en Venezuela, por ejemplo en el Caracazo: en solo dos días de genuina protesta popular se ha dejado un tendal de 3.000 muertos del campo popular.

En ese contexto y apenas un día antes de ser tratada en la OEA (ministerio de colonias de los EEUU como la bautizaran el canciller cubano Raúl Roa y Fidel Castro) la sanción e intervención a Venezuela a instancias del converso secretario general de ese organismo, Luis Almagro -repudiado por estos días por su partido político, el FA uruguayo[53]-, por su mismo fanatismo antivenezolano  y promotor de la intervención militar, publican la solicitada.

En ella invitan a “colocarse por encima de esta polarización” como si tal cosa fuera posible, como hemos debatido líneas arriba.

Admiran la democracia petrificada que sucede bajo reglamentos en los grandes edificios parlamentarios que cristalizan viejas relaciones de fuerza, ya perimidas, aunque dentro se cocinen todas las opciones de golpe de estado, intervenciones militares, atentados y guerra económica, más que a las democracias protagónicas y participativas -que además dan vida a nuevas instituciones- como la de esxs campesinxs que recuperan tierras y las gestionan en comunas socialistas, y que son recibidos y estimuladxs a seguir luchando por el alto mando revolucionario o las propias comunas que rápidamente serían arrancadas de la faz de la tierra de acceder al gobierno esas derechas aliadas al imperialismo sedientas de volver al privilegio de pertenecer a una colonia petrolera estadounidense.

A pesar de que la declaración termina con la siguiente frase: “las salidas a tales crisis siempre son largas y complejas, pero requieren más democracia, nunca menos” denostan la convocatoria a una elección para la Asamblea Nacional Constituyente, que fue lo que justamente puso fin de un día para el otro de manera pacífica, democrática e institucional a esa escalada violenta de la oposición imperialista. Esta última por supuesto que no se dio por vencida y recurrió a otras tácticas, como la intensificación de la guerra económica y el boicot electoral visto su impedimento de volver a ganar elecciones, así como una renovada ofensiva diplomática, y un bloqueo financiero y comercial impulsado desde EEUU y Europa, con la complicidad de los gobiernos de derecha de la región.

Terminamos con estas palabras de la contra-declaración redactada por Lautaro Rivara para la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad (REDH) (recomendamos la lectura de este documento político intelectual admirable[54]) y apoyada por importantes firmas de una intelectualidad orgánica a la emancipación popular: “Sólo Venezuela, partera de este nuevo ciclo histórico, puede, con su caída, sellar su clausura irremediable. Así lo ha entendido Estados Unidos, más no así, pareciera, algunos de nuestros más prestigiados académicos”

¿Un nuevo ciclo de luchas?

Por último las y los autores revisados coinciden en dictaminar que los gobiernos progresistas contribuyeron a desactivar aquellas tendencias emancipatorias que se gestaban en los movimientos antineoliberales, o a anestesiar a las masas, o a desmovilizar a los sujetos organizados. Una (relativa) desactivación que no sería el natural reflujo de un ciclo de luchas o el reposo que sigue a la satisfacción de las demandas largamente exigidas, o la canalización institucional de la lucha de clases cuando los que comandan los Estados ofrecen esa apertura, incluso jugando en contra del poder. Sino por una verdadera traición de las fuerzas de izquierda o centroizquierda cuyo desenlace es el “fin del ciclo progresista”, que se produce por derecha y no por izquierda.

De todos modos, los autores no se desaniman pues perciben, diríamos que con indisimulable alivio, que el derrumbe de aquellos gobiernos da lugar al nacimiento de nuevas resistencias saturadas de rasgos y componentes antisistémicos que antes se agitaban en las entrañas del progresismo pugnando por abrirse paso y que ahora, ante su final capitulación, emergen con fuerza.

Así algunos de ellos destacan la emergencia desde 2010 de un nuevo ciclo de luchas que nace bajo los modelos “extractivistas”[55] de derecha y de izquierda.

Este supuesto “nuevo ciclo de luchas” coincide con una creciente inserción de la derecha en las bases, a través de financiamientos varios, reclutamiento de jóvenes, principalmente mediante ONG’s y congregaciones religiosas.

Pero para estos autores los componentes de este venturoso renacimiento serían el cuestionamiento del extractivismo, las novedosas gramáticas de lucha de los nuevos movimientos socioambientales, colectivos culturales y asambleas ciudadanas constructoras de una nueva narrativa emancipatoria[56]. No asoman en este cuadro de situación de las y los trabajadores y humildes de Nuestra América que vieron mejorada su calidad de vida. Como lo muestra un informe de la CEPAL la evolución de la pobreza en América Latina pasó del 43,9% en 2002 a 29,6% en 2011, momento en que nuestros autores sitúan ese supuesto comienzo de un nuevo ciclo de lucha, y a 28% en 2014. Mientras que la indigencia ha pasado de 19,3% a 11,6% y 12% respectivamente en esos años[57].

En todo caso se observan en Nuestra América experiencias disimiles en los diversos territorios. Mientras que en Bolivia y Venezuela nuestros autores se detienen a ponderar los grupos que se levantan contra los gobiernos de izquierda, se consolida una fuerza revolucionaria con una sólida base social, sin la cual sería imposible explicar la tenaz persistencia de esos proyectos revolucionarios al timón del aparato de estado, pese a los ataques que sin pausa reciben. En cambio en países con gobiernos surgidos de golpes de estado hemos visto ensayar crecientes formas de resistencia, como el caso de Honduras, así como vemos en otros casos que las masas se han replegado cediendo la iniciativa a las clases dominantes, como en Brasil. En Argentina el crecimiento de las luchas por fuera de los canales institucionales toma fuerza cuando comienzan a sentirse las consecuencias de las políticas de concentración del capital y de entrega de soberanía del gobierno de derecha que asume en diciembre de 2015. En todo caso podríamos hablar de un nuevo ciclo de luchas en este sentido, dado que, si nos posicionamos desde el campo del pueblo, y entonces nos referimos a las luchas de los pueblos, deberemos poner el foco en aquellas que resisten a las medidas que el capital trasnacional impone a través de sus gobiernos subordinados.

Desde el campo popular y sus organizaciones, que han acumulado una gran experiencia de lucha contra el neoliberalismo en los ’90, es difícil pensar que esperarán impasibles a que pase otra década de barbarie neoliberal arrasando con todas sus conquistas, sino que ya han comenzado a movilizarse y están debatiendo con qué herramientas políticas y con qué proyectos volverán a disputar los gobiernos en las próximas elecciones. Es decir que las operaciones de despolitización tienen sus efectos en parte de la población, pero hay otra e importante que se repolitiza y se moviliza. Álvaro García Linera hace poco expresaba con razón que

“lo importante es que esta generación que hoy está de pie, vivió los tiempos de la derrota, del neoliberalismo, vivió los tiempos de la victoria temporal de los gobiernos progresistas y revolucionarios y ahora está en este periodo intermedio. Por lo tanto tiene el conocimiento, tiene la experiencia, para poder volver a retomar la iniciativa. A diferencia de los años 60 o 70 cuando se aniquila una generación, la derrota política y militar y la construcción de una nueva generación va a tardar 30 años. Aquí no, aquí es una misma generación que ha vivido derrota, victoria y temporal derrota y por lo tanto puede tener el conocimiento, la habilidad táctica, la capacidad de construcción de ideas fuerza como para volver a retomar la iniciativa. Si no hacemos eso, este periodo de toma parcial de iniciativa de la derecha puede extenderse y puede ampliarse a otros países de América Latina, lo que sin duda significaría una catástrofe porque, como ya estamos viendo, allá donde triunfa la derecha, derecha es: recorte de lo social, recorte del Estado, recorte de derechos y por lo tanto recorte del bienestar de la población, que fue lo que se logró en esos diez años virtuosos de gobiernos progresistas”[58].

Por otra parte algunas fracciones sociales o sus organizaciones, descontentas con determinadas políticas de los gobiernos progresistas de ahora o de antes, como los casos mencionados por nuestros autores, podrán fácilmente confluir en una acción conjunta con los demás grupos que se oponen a los gobiernos de derecha. Saben, por experiencia propia, que estos procurarán avanzar muchos más que los anteriores por sobre sus derechos y los de la Madre Tierra, condonando a los verdugos de las clases populares, como por ejemplo hizo el presidente argentino Mauricio Macri al eliminar las retenciones (impuestos sobre sus exportaciones) a las empresas mineras y a ciertas ramas de la agricultura, entre otros beneficios otorgados a su propia clase; y como lo hizo Temer en Brasil generando un retroceso rápido y profundo en la calidad de vida de la población mediante la aplicación de las políticas neoliberales. Frente al desastre social que generan los gobiernos de derecha a su paso, se van construyendo unidades en la acción, en la lucha, en la calle, y se intenta tejer incluso representaciones políticas unitarias de ello, con mayor a menor éxito.

En Brasil con la brutal y criminal proscripción de Lula por este juez menor formateado en USA, mediante el proyecto Puentes, generó un crecimiento de su propia popularidad que devino en una polarización política que pone en juego la continuidad de un capitalismo con algo de democracia. En Argentina también se observan aglutinamientos en torno a la figura de Cristina Fernández a pesar de la ofensiva diaria que la acusa de corrupción a ella y su entorno. En Colombia y en Chile van creciendo organizaciones -la Colombia Humana y el Frente Amplio- que disputan y acumulan electoralmente con programas moderados, en sociedades donde la contradicción principal es: guerra civil o paz, en el caso de la primera; y, dictadura o democracia, en el caso de la segunda. En ambos casos hoy gobiernan los representantes de la guerra y de la dictadura respectivamente. La contradicción democracia o dictadura parece extenderse en nuestros territorios, como en Brasil. Pero que momentáneamente el fascismo gane una parte de la base social y en la correlación de fuerzas institucionales, no significa que el campo del pueblo y las organizaciones que lo expresan se desarticulen o se vean derrotadas. Puede significar cierto retroceso, repliegue para retomar la acumulación de fuerza política. Por ejemplo el caso de golpes de estado fascistas que le siguieron a los gobiernos nacional populares de mediados de la década del siglo XX, como el golpe cívico militar que sacó al peronismo del gobierno en 1955, a partir del cual en un clima represivo se va generando un escenario de polarización social que redundará en la apertura de un ciclo revolucionario hacia fines de los 60.

Y, volviendo a la actualidad, es en México donde una coalición de centroizquierda destruye electoralmente al anquilosado PRI y gana las elecciones en este 2018 abriendo grandes expectativas en todos los pueblos de América; que si bien será un gobierno en disputa -como lo es el de Uruguay actualmente y como lo fueron también los gobiernos progresistas de Argentina y Brasil-, acaba con 36 años de entreguismo y plantea retomar una senda soberana, de frenar la militarización para acabar con la tragedia social y lograr cierta redistribución de la riqueza.

Es importante hacer notar que incluso en los movimientos más transversales y masivos como la ola verde[59] feminista en Argentina, hay un grado muy considerable de presencia de organizaciones políticas como parte fundadora de la campaña y los mismos reclamos por los derechos de las mujeres aparecen íntimamente ligados a los derechos de la población en general y señalando a lxs culpables políticos de la perdida de conquistas: el gobierno de Macri y sus políticas neoliberales.

La posible coincidencia entre los nuevos y los clásicos sujetos y sus respectivas formas y estrategias de lucha abre así insospechadas posibilidades de resistencia tanto contra las tentativas restauradoras de la derecha como ante las insuficiencias y vacilaciones del progresismo. Pero, por sobre todo, defendiendo las conquistas realizadas en el pasado, y entendiendo que los gobiernos de izquierda dentro del amplio espectro del progresismo son la garantía del sostén institucional de esas conquistas.

Horizontes emancipatorios y batallas estratégicas: una reflexión final

Este es un momento de reflujo del cambio de época progresista en nuestra América, pero de ninguna manera es un fin de ciclo. Creemos, por consiguiente, que la decisión de someter a discusión la totalidad de la experiencia de los gobiernos subsumidos bajo el confuso rótulo de “progresismo” debe ser bienvenida, porque sin duda hubo, y habrá, errores, turbulencias y contradicciones, como en cualquier otra experiencia política. La ofensiva imperialista y de las clases dominantes vernáculas que despliegan una revancha clasista descomunal pueden generar un escenario en el que haya un retorno de gobiernos progresistas. Por lo tanto la crítica y, en especial, la autocrítica de las experiencias gubernamentales son muy importantes para ir más a fondo con las reformas sociales indispensables.

Una de las principales enseñanzas que nos dejan los gobiernos populares del cono sur desalojados por golpes de estado o por estafas preelectorales es que las concesiones a la derecha, al contrario de lo que se pretende, sólo sirven para debilitarlos y precipitar su ruina. Otra muy importante tiene que ver con reconocer que la lucha de clases no puede pasar solo por la vía institucional, lo cual es importante cuando la correlación de fuerzas lo permite, pero no se debe abandonar “la calle” y la lucha. Sólo esta puede detener los afanes golpistas de la derecha, que como se comprobó en Honduras, Paraguay y Brasil, pueden procesarse sin mayores contratiempos en los marcos institucionales del estado burgués. Maduro tiene la calle (y las fuerzas armadas), Dilma no la tenía. Y esta diferencia explica la distinta suerte de uno y otra. Tercero, las fuerzas progresistas y de izquierda –decepcionadas por la derrota de la “vía armada”- no pueden caer ahora en el error de apostar todas sus cartas exclusivamente en el juego democrático-electoral. No olvidar que para la derecha la democracia es sólo una opción táctica, fácilmente descartable. Las elecciones son sólo una de sus armas: la huelga de inversiones, las corridas bancarias, el ataque a la moneda, los sabotajes a los planes del gobierno, los golpes de estado e inclusive los asesinatos políticos[60] han sido frecuentemente utilizadas a lo largo de la historia latinoamericana y últimamente la persecución y operaciones de proscripción mediática y judicial denominada law fare. Por eso las fuerzas del cambio y la transformación social, ni hablar los sectores radicalmente reformistas o revolucionarios, tienen siempre que tener a mano “un plan B”, para enfrentar a las maniobras de la burguesía y el imperialismo que manejan a su antojo la institucionalidad y las normas del estado capitalista[61]. Y esto supone la continuada organización, movilización y educación política del vasto y heterogéneo conglomerado popular, cosa que pocos gobiernos progresistas se preocuparon por hacer.

En estos autores analizadxs se observa una animosidad contra esos gobiernos que impiden ver que desde el punto de vista de la vida concreta de millones de hombres y mujeres que conforman nuestros pueblos, sin duda el bien primó sobre el mal durante más de diez años, en los que si bien no se ha “dado vuelta la tortilla”, se han logrado importantes conquistas materiales, culturales, políticas, en derechos humanos y civiles, y avances en el sueño de la integración latinoamericana, que dignificaron y significaron una fenomenal ampliación de la ciudadanía, -es decir: ampliación de derechos aun dentro del sistema capitalista- al igual que los llamados procesos nacional-populares o populismos de mediados del siglo veinte. Y de ninguna manera se ha congelado la dinámica de construcción política y social del campo popular, aunque siempre se necesita que fuera más y más profunda, el hecho de que ahora se produzcan renovadas luchas contra las restauradas políticas neoliberales, muestran que esa fuerzas están presentes y activas. La dialéctica de la historia que, obviamente se aleja de cualquier revolución de manual, nos enseña que, aun con todas sus contradicciones, lo que viene después de los gobiernos progresistas -y mucho más lo será de los revolucionarios- son salvajes intentos por maximizar las tasas de ganancias removiendo a cualquier costo las limitaciones impuestas por movimientos y gobiernos populares. En varios de nuestros países el ataque de la derecha puso a los movimientos sociales en guardia y ya se están erigiendo fuertes resistencias a aquellas tentativas. Por ello, la defensa de los procesos progresistas y revolucionarios que están de pie -aún bajo el intenso e incesante fuego económico, político y mediático del imperialismo y la reacción- es la batalla estratégica de nuestro tiempo. Defensa que no excluye una necesaria autocrítica para rectificar rumbos, pero sin dejar de señalar que, vistos en perspectiva histórica, los aciertos históricos de estos procesos superan ampliamente sus desaciertos y limitaciones.

Queda por ver en esta etapa histórica que se abre con el ascenso del fascismo en una parte importante de Nuestra América qué capacidad de resistencia ofensiva podrán desplegar los pueblos en la oposición a los gobiernos neoliberales y en apoyo de los gobiernos populares, para poder reimpulsar el ciclo progresista que se iniciara a principios del siglo XXI y que hoy se encuentra en pie, pero en reflujo y disputa.

Nota11-2*Paula Klachko es socióloga por la Universidad de Buenos Aires, doctora en Historia por la Universidad Nacional de la Plata, académica de la Universidad Nacional de José C. Paz y de la Universidad Nacional de Avellaneda. Junto a Katu Arkonada es autora de Desde abajo, Desde arriba. De la resistencia a los gobiernos populares: escenarios y horizontes del cambio de época en América Latina”, publicado en noviembre del 2017 en Chile por Ventana Abierta Editores, también publicado por la Editorial El perro y la rana en la República Bolivariana de Venezuela.

Notas del extracto

[49]https://www.infobae.com/america/venezuela/2017/05/29/intelectuales-de-izquierda-de-todo-el-mundo-firmaron-una-solicitada-contra-violencia-en-venezuela/

[50] Desde otras usinas que se declaran progresistas y que, incluso, defendieron abiertamente a otros gobiernos progresistas también se criticaron, aunque con un perfil mucho más bajo, las medidas del gobierno venezolano y del superior tribunal de justicia, por ejemplo el Centro de Estudios Legales y Sociales. Es insoslayable tener en cuenta que algunos de sus soportes financieros son la Fundación Ford y la Open Society Foundations fundada por el magnate George Soros.

[51]“La decisión tomada por el TSJ se produjo en virtud de un recurso de interpretación interpuesto por la Corporación Venezolana del Petróleo, S.A. (CVP) al artículo 33 de la Ley Orgánica de Hidrocarburos, referente a la constitución de empresas mixtas, que exige la aprobación de la AN y la misma se encuentra en situación de omisión legislativa”. http://web.elsubmarinojujuy.com.ar/claves-para-entender-la-sentencia-del-tsj-en-venezuela/ es importante destacar que desde sus inicios, a principios de 2016, esta asamblea en la voz de su principal representante, Julio Borge, manifestó que su objetivo era generar los mecanismos institucionales para desalojar al presidente de su cargo, lo que incluyó giras implorando la intervención militar extranjera y súplicas a las fuerzas armadas para dar un golpe de estado contra Nicolás Maduro en varias ocasiones. Esta información se puede encontrar fácilmente en internet.

[52]Véase descripción exhaustiva de todas las víctimas con nombres y apellidos y sus causas y causantes, en file:///C:/Users/Paula/Downloads/investigacic3b3n-periodc3adstica-vc3adctimas-fatales-de-la-violencia-polc3adtica-abril-septiembre-2017-actualizado-15-09-17-con-mapas%20(1).pdf

[53]Véase la declaración del secretariado ejecutivo del FA del 18 de septiembre de 2018, en https://www.enperspectiva.net/documentos/comunicado-del-frente-amplio-rechazo-declaraciones-luis-almagro/

[54]http://www.cubadebate.cu/especiales/2017/06/02/quien-acusara-a-los-acusadores/#.W6zVp3tKiM8

[55]Véase Entrevista a Zibechi Op. Cit. El autor pone como ejemplos de ese nuevo ciclo de lucha a la marcha en defensa del Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro-Secure (TIPNIS) en 2011, al que ya hicimos referencia, y a una toma de tierras en un parque de la ciudad de Buenos Aires en el marco del proyecto de ciudad excluyente durante la jefatura de gobierno de Macri, en el que el gobierno nacional se distanció y condenó los ataques de la policía contra lxs ocupantes. En una investigación se muestra que “lo que hubo fue la suma de estrategias familiares, que obligaron luego a algún tipo de organización, que por lo corto del tiempo de los hechos, solo alcanzó niveles mínimos de diálogo y debate para tomar decisiones”, Cravino, María Cristina, Capítulo 1 Causas y azares: la ocupación del Parque Indoamericano, en https://www.ungs.edu.ar/cm/uploaded_files/publicaciones/645_Derecho%20a%20la%20ciudad%20Web.pdf. Ademas fueron hechos donde estuvieron presentes las disputas entre gobierno nacional y de la ciudad, de pobres contra pobres, con notable presencia de militantes de derecha y de izquierda, y no dio lugar a la constitución de ninguna nueva organización ni movimiento.

[56] La crítica al extractivismo de las experiencias progresistas expone con claridad la irresponsabilidad de los “anti-extractivistas”, para decirlo con la mayor benevolencia. Por ejemplo, aún estamos esperando que digan cómo hará Bolivia, que en 25 años doblará su población, para construir las escuelas, viviendas, hospitales, caminos y puentes que requerirá la duplicación del número de sus habitantes. ¿O es que todo eso se construirá sin hierro, cemento, cobre, sin aprovechar sus recursos gasíferos, por la sola magia del discurso? No parece ser una crítica seria. Para un examen detallado de este asunto ver Atilio A. Boron, (2014) América Latina en la geopolítica del imperialismo (Buenos Aires: Ediciones Luxemburg).

[57]Panorama económico y social de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños 2014 https://cpalsocial.org/documentos/167.pdf. Las estadísticas corresponden a 19 países, entre los que no se incluye Cuba, sus indicadores sociales elevados están gratamente diferenciados del resto de América Latina. Se señala que a principios de la década de 2000 en la mayoría de los países de la región se inició un proceso de reducción de la desigualdad que a 2014 se mantenía. Entre 2002 y 2013 el índice de Gini promedio cayó aproximadamente un 10%.

[58] Entrevista de Martín Granovsky a Alvaro García Linera en la Facultad de Periodismo de la Universidad Nacional de La Plata. Agosto 2016. CLACSO-TV en https://www.youtube.com/watch?v=RuvvgMT826E

[59]El masivo protagonismo de jóvenes mujeres y de otros géneros en las calles se denomina así por los pañuelos verdes que simbolizan la lucha por la despenalización del aborto.

[60]El último y más grave ejemplo fue el intento de magnicidio al presidente Nicolás Maduro el 4 de agosto de 2018 organizado y financiado por la oposición venezolana desde Colombia y EEUU.

[61]Por ejemplo en Honduras frente al cierre total por parte de las clases dominantes de las vías institucionales luego del grotesco golpe de estado que continúa, Manuel Zelaya convoca a conformar comandos insurreccionales, aunque con el método de la no violencia, sin abandonar la participación electoral, hasta que caiga el dictador surgido del fraude. El día de las elecciones, el 26 de noviembre de 2017, el Tribunal Supremo Electoral hizo un anuncio parcial de los resultados electorales a la madrugada que, con el 57,19 de las actas escrutadas, daba como claro ganador al opositor Salvador Nasralla. Sin embargo, se cortó la energía y se cayó el sistema (640 veces, según denunció la oposición) hasta que la tendencia increíblemente se revirtió: el presidente en ejercicio y candidato a la reelección, Juan Orlando Hernández (JOH), terminó consagrado ganador. Por si fuera poco ese resultado se anunció 21 días más tarde, y en medio de un sinfín de denuncias de fraude, incluso la OEA se vio obligada a dictaminar el fraude, y en un principio, el proceso electoral fue desconocido por Naciones Unidas y por la Unión Europea, aunque después no se escuchó más nada, pues, claro, el gobierno de EEUU reconoció oficialmente al nuevo presidente. Frente a ello hubo movilizaciones masivas en todo el país y sostenidas en el tiempo. Pero el gobierno decretó un toque de queda y desplegó a las Fuerzas Armadas, la Policía Militar y la Policía Nacional por todo el país. Al menos 34 manifestantes fueron asesinados.

Fuente: Red de Defensa de la Humanidad, REDH; https://redh-cuba.org/

 

 

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